Los problemas estructurales que afectan a Luján como distrito son muchos, y más las promesas que las distintas gestiones a cargo de la Municipalidad han realizado asegurando soluciones.
También la contaminación, con epicentro en Jáuregui donde toda una población más que centenaria convive con una mega curtiembre desde hace unos 40 años; el deplorable estado de la zona turística; los inconvenientes recurrentes en el Hospital Municipal; son otras deficiencias que se arrastran desde hace décadas.
Para todas las problemáticas mencionadas han existido muchos anuncios, tanto de la actual gestión como de las administraciones que en otros momentos ocuparon la Intendencia. Soluciones, pocas. Por su alcance, son temas recurrentes en los medios de comunicación locales, incluido éste.
Pero a la par de esa agenda global que incluye problemáticas estructurales, existe algo que podría denominarse una agenda doméstica cargada de microproblemas que, aunque aparentemente menos complejos de solucionar, afectan el día a día de muchos vecinos.
Los inconvenientes para dar respuestas concretas y sostenidas a esas pequeñas cuestiones quedan reflejados en el funcionamiento de las Delegaciones Municipales. Aunque sus responsables jamás lo admitan ante un grabador periodístico, en esas dependencias el trabajo diario es un fiel reflejo de aquella canción que proponía atar todo con alambre.
Sin recursos, hasta lo más básico se convierte en una tarea complicada. Por eso es imposible planificar el arreglo de calles, sean éstas de asfalto o tierra; establecer un cronograma de recolección de ramas o atender con cierta periodicidad el mantenimiento de los espacios públicos.
Y si los propios vecinos deciden realizar un aporte extra al de los impuestos para la compra de tosca, deben esperar meses hasta que una máquina municipal se digne a desparramar el aporte vecinal. También pueden esperar días hasta que se solucionen los problemas reiterados que en algunas zonas de la ciudad, y en localidades como Jáuregui, ocurren con la provisión de agua corriente.
Las pequeñas cosas también hacen a una gestión de gobierno, aunque a veces no aparezcan como prioridades. En pequeña escala, esos problemas son un reflejo de la misma falta de planificación que alimenta las grandes y estructurales problemáticas del partido.
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