"No soy el mejor, pero soy una persona normal", aseguró el docente al que se imputa haber ultrajado a tres jóvenes discapacitadas en un instituto de Punta Alta.
Edgardo Rubén Prieto (49) declaró durante la cuarta jornada del juicio oral y público que tramita ante el Tribunal en lo Criminal Nº 2, que integran los jueces María Eloísa Errea de Watkins, Claudia Cecilia Fortunatti y Alejandro Salvador Cantaro.
Durante 40 minutos, el ex docente del Centro de Integración del Discapacitado (CINDI), proclamó su inocencia, dijo que los alumnos del instituto eran como su familia y que confía en Dios para que se sepa la verdad.
Prieto comenzó su descargo mencionando que el 26 de febrero de 2008, tomó conocimiento de la situación, cuando una persona allegada a la institución lo contactó en un gimnasio y le dijo que había pasado algo grave con una chica y lo estaban responsabilizando.
Sostuvo que al día siguiente fue a trabajar y sobre mediodía lo convocaron a la dirección, donde le notificaron la existencia de una denuncia en su contra y su suspensión laboral.
"No me mostraron nada ni quisieron traer a la chica para hablar frente a ella. Trabajé 18 años y todos me conocen. Me fui a casa con una gran depresión, no me daba la cara para salir. Esto me afectó mucho", expresó.
Afirmó que debieron medicarlo para poder dormir y que se levantó de la cama gracias a su hijo, quien le brindó apoyo y permitió que juntara fuerzas para volver a trabajar en un hospital, donde realizaba guardias.
"Cuando me ordenaron el arresto domiciliario, me aconsejaron no volver a mi casa, pero yo quise ir, porque Dios me va a sacar de esto, él sabe que no tengo nada que esconder", dijo.
El procesado negó luego haber tenido libre acceso al depósito del CINDI donde, según las víctimas, se habrían cometido los ultrajes sexuales.
Explicó que las llaves de ese salón las tenía una empleada, quien se las entregaba cuando debía ir a buscar materiales junto a algunos de los chicos del taller.
"Nunca iba solo al depósito, siempre lo hacía con alguien que me ayudaba. Los que tenían más fuerzas me acompañaban para bajar rollos o elementos que usaban para la fabricación", manifestó.
También declaró que dada la condición de los integrantes del taller, no podía ausentarse del lugar por más de cinco minutos, ante el peligro de que pudieran accidentarse.
"Manejan herramientas y se pueden lastimar entre ellos, por eso no se los puede dejar solos. Es más, una vez me apercibieron porque los había dejado diez minutos con un profesor de educación física, mientras completaba unas planillas", recordó.
Observaciones
Prieto destacó más adelante una contradicción que notó al observar la declaración de una de las víctimas en la cámara gesell.
"Una de ellas dijo que la había llevado por la fuerza y obligado a subir (al depósito). Eso es imposible, la gente anda por todos lados en el instituto. Entre maestros y concurrentes, hay unas 70 personas", señaló.
"En un momento dijo que podía subir sola y después que la subí de la mano. Hay cosas que no entiendo", agregó.
Se preguntó entonces cómo podía ser que una de las víctimas, que no tiene familia y había forjado una relación estrecha con una mujer allegada a la institución, no le haya dicho a esa persona nada de lo que supuestamente había ocurrido.
"Si esto pasó en diciembre, como dicen, cualquiera de los chicos podría haber dicho algo. Tuvieron ese mes, enero y parte de febrero. Si los agredieron sexualmente, ¿por qué no lo manifestaron en ese momento?", volvió a cuestionar.
También indicó que una de las presuntas víctimas se había enojado con él cuando la sacaron de un comercio perteneciente a la entidad.
"Ella se había enojado conmigo, pero no había sido decisión mía, ya que me habían dado la orden porque no sabía desenvolverse con la gente", aseguró.
Luego declaró que esa misma joven, en el año 2006, le había mencionado a una mujer amiga que estaba embarazada, aunque luego la propia chica le admitió que lo había inventado.
Incomodidad
Prieto destacó que en 2006 se produjo una situación muy difícil, cuando los directivos de CINDI no vieron con buenos ojos que bregara para que se le reconocieran los nueve años que había trabajado sin estar declarado ante la AFIP.
"Cuando vinieron al CINDI nos dijeron que teníamos que poner en la planilla la fecha de ingreso que figuraba en el recibo. Yo puse la verdadera fecha y me llamaron a la dirección para pedirme que recapacitara, pero les dije que no", afirmó.
Añadió que, a partir de ese momento, su trabajo comenzó a ser menospreciado y a padecer una especie de hostigamiento.
"Ratifiqué lo de la planilla y al mes multaron a la institución, entonces había muchas presiones", enfatizó.
Declaró después que ante el temor de quedarse sin trabajo, realizó algunas consultas y le aconsejaron que concurriera a UTEDYC y logró ser designado como delegado.
"Se realizó una reunión y me nombraron. Lo hice por mí y para no perder mi trabajo, porque necesitaba mantener a mi familia", reconoció.
Luego se volvió a referir a su situación procesal y manifestó que no puede creer lo que está viviendo.
"Esto me sobrepasó, no entiendo nada. Los chicos eran como familia mía, muchos iban a casa a comer. Estuve 18 años ahí y nunca a nadie se le puede pasar por la cabeza algo así", sostuvo.
Explicó que hace 22 años que está junto a su mujer y que si ella hubiera sospechado algo, lo habría echado de su casa.
"No soy el mejor, pero soy una persona normal. Nunca tomé conciencia de esto, porque tengo el corazón limpio", manifestó Prieto.
"Esto me sirvió para acercarme y compartir con mis hijos cosas que antes no podía, ya que trabajaba todos los días", continuó.
Por último, declaró que nunca se negó a tomar parte de pericias ordenadas en el marco del caso.
"No conocía el ambiente de la cárcel y comprobé que es muy doloroso. Lo único que hice en este tiempo fue predicar la palabra del Señor", finalizó.
Alegatos. El debate tendrá continuidad hoy, a partir de las 9.30, cuando el fiscal Eduardo Quirós y los defensores Eduardo Zalba (oficial) y Gustavo Giorgiani, pronuncien sus alegatos. Posteriormente, el tribunal dispondrá un cuarto intermedio hasta la semana próxima, en que pronunciará el veredicto y eventual sentencia.
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