Diez millones de ecuatorianos eligen presidente mañana. El actual mandatario, Correa, es el favorito.
Aquí hay veda electoral y ley seca, igual en el resto del país. Pero queda la resaca de una campaña a pura propaganda callejera y mediática, de infinitas listas y promesas, que como en todo el mundo de la publicidad engaña, todo es posible y fantasioso, y se promete todo sin que se caiga una idea seria sobre cómo hacerlo. Para los analistas faltaron propuestas y debates.
Correa y su gente no dudan: ganan. A sus 7 rivales, la mayoría corriéndolo por izquierda, el analista Alberto Acosta, un ex hombre fuerte del gobierno, hoy de vuelta a la academia, los llama ante Clarín "los 7 enanitos", menos por Blancanieves que por el bajo vuelo de sus razonamientos. Allí están, entre otros, el ex presidente y ex coronel Lucio Gutiérrez y la hija del ex presidente Jaime Roldós, Martha R. Por derecha corre el eterno candidato y magnate bananero Alvaro Noboa, que quiere un gobierno de negocios y sin impuestos a la renta empresaria.
Ecuador es uno de los países más chicos de Sudamérica. Vivió a los tumbos políticos hasta 2006, con más presidentes huidos y derrocados que en la Argentina de 2001/02. De uno de esos cataclismos heredó la dolarización, que sigue pese a que Correa no la quiere, pero sabe lo difícil que será salir de ese corsé que lleva a que la gente pague con dólares hasta en la verdulería. El país siempre estuvo partido entre la costa (con Guayaquil como mayor polo económico y poblacional), la sierra (donde está Quito) y oriente, con la imponente Amazonía que muchas veces Ecuador quiso extender, valiéndose -recuerda el embajador argentino aquí, Carlos Piñeiro Iñíguez, en uno de sus libros- de que "el Amazonas y su salida al océano fueron descubiertos por protoecuatorianos", pero enfrentándose a "la coherencia geopolítica" de Portugal y Brasil.
Un Ecuador con su larga lucha por la identidad andina, indígena y mestiza, un cuarto de su población pobre y un desempleo bajo (8%) pero con casi 50% de subempleo y precariedad y con la gente afectada pidiendo mejores condiciones sociales, que Correa ha empezado a dar, de allí su popularidad en sectores de clase media (que mengua), y media baja y populares (que sube). Y un Ecuador con casi 7% de crecimiento y 20% de utilidades en grandes empresas y bancos en 2008, y con el triple de inversiones que en 2006, pero en el cual y, pese a esa mejora, las clases media alta y rica se quejan de inseguridad en las calles y autoritarismo en el poder.
La crisis mundial cambió el panorama. Se nota más la inflación y se frenó la actividad. Con ese trasfondo podrán votar 10 de los 14 millones de ecuatorianos, incluidos, a voluntad y por primera vez, los mayores de 16 años.

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