Córdoba: crece el déficit por la recolección de los residuos y Mestre privatizar... Murió Steve Jobs, el genio de Apple Revolucionario:
Del por que en tiempos electorales, los candidatos se sacan fotos con la gente pobre PDF Imprimir E-mail
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09/10/11 - 07:07
altDebería ser una inquietud que golpee las fuentes mismas de nuestra dignidad, o de la dignidad Cristina o moralmente aceptable, el porque de las imágenes de gente pobre (sí esos crotos con nenes con mocos y piojos en la cabeza) con hombres y mujeres con camisas, chombas o carteras que no hablan castellano, en barrios de tierra y con ranchos de fondo, inundan los portales y agencia de noticias.
Ni siquiera para el hombre o la mujer, que supuestamente busca el voto, en el barrio marginal, en la crotera, lo obtendrá de tal manera, sí lo piensa así es porque verdaderamente no entiende nada de política. A lo sumo lo hará para quedar bien con la entidad benéfica donde departe un té los sábados, o el grupo donde asisten sus hijos o sobrinos, o quizá para estar más tranquilo con su conciencia.
Tampoco es cuestión de sentir lástima por el pobre fotografiado, el pobre sabe que cobrará algo por eso, sea una bolsa de mercadería, una plata en efectivo o a lo sumo una promesa, una esperanza hacia el futuro, el político o el rico en este caso, también se esperanza de que obtendrá el voto de este y de otros tantos pobres, que serán una gran mayoría que lo depositaran en el lugar que el político pretende.
Que lindo sería que el político o el rico, además muestre sus paseos por el Shopping, por la costanera, por los lugares donde frecuenta siempre, por los restoranes, las confiterías, que se muestre tal cuál es, así obtendrá el apoyo por ser sincero y creíble, además de que estéticamente queda más dentro de contexto.
O acaso ¿un rico o político, disfrazado de en verdad, sosteniendo un nene pobre en un barrio, no queda fuera de contexto?
Esto es una cuestión de pensar las cosas desde otro lugar, como el siguiente planteo acerca del arte y su relación con la pobreza.
Los pocos que tienen la posibilidad de disfrutar de producciones artísticas, tienen que trasladarse a galerías, museos o lugares determinados para tan altruista fin. Simplifiquemos tan engorroso traslado, llevemos a los pobres y sus miserables quehaceres allí donde la ampulosidad se devora el ideal de la justa distribución de la riqueza.
El arte como manifestación humana, alcanzo mediante estrambóticos hacedores, profundizar la línea libertaria del hombre, llegando a veces, al insondable límite de lo anárquico.
Fenecían los cánones preestablecidos, acerca de que materiales y bajo que formas, por ejemplo, crear un cuadro. Regresando, tal como Sísifo (aquel mito que representa a alguien subiendo una colina con una piedra, para depositarla en la cima para que esta caiga y vuelva a ser elevada infinitamente) por obligada necesidad de catalogar, clasificar y anatematizar sus propias creaciones, el hombre, bautiza a sus formas de manifestarse bajo epítetos de corrientes artísticas.
Todas las incluidas en las enciclopedias de arte (expresionismo, realismo, impresionismo, dadaísmo, cubismo, minimalismo y demás) hasta arribar incluso a Marcel Duchamp con su mingitorio en exposición, o a un Andy Warhol con la filmación de un hombre durmiendo expuesto como película.
En un mundo en el cuál, más de la mitad de los habitantes tienen problemas serios para cubrir sus necesidades básicas (sin por ello introducir estadísticas, no sólo por lo innecesario sino también por lo ajustada visión de U.
Eco sobre la misma “Es la práctica por la cuál si una persona come dos pollos y otra ninguna, la conclusión es que cada uno de ellos ha comido un pollo) lo justo y adecuado, es precisar que la producción, el goce y el intercambio de manifestaciones artísticas se encuentran meramente reservadas a los sectores, no necesariamente más pudientes, pero sí al menos a los que no padecen la criminalidad de no tener que comer.
Existe una conexión indisimulable entre los estómagos vacíos y los espíritus llenos. Nadie alcanzaría esto último si padeciera de lo primero. Tampoco se trata aquí de apuntalar lo que inculcan, cultural y ritualmente, las grandes religiones con la noción de culpa.
Mucho menos se pretende instalar la concepción de mártir que no puede conciliar el sueño, tras una cena regada con una bebida espirituosa, elaborada por una cosecha de antaño, por el hambre de los niños pobres.
Ingresamos al mundo del arte, donde nada esta prohibido todo simplemente es.
Una muestra artística, donde una familia de menesterosos se traslade con su hedor, sus miserias y dolores a lo más granado y glamoroso del sector más pudiente de la ciudad, para permanecer unos días y desarrollar sus vidas, constituiría un hito indispensable, cultural y socialmente.
Sí los diferentes gobiernos y por ello la solidaridad del mundo, no puede, no ya acabar, sino al menos sosegar, la disparidad entre los que no tienen nada y los que poseen demasiado, la pobreza tiene que ser objeto de la mirada artística.
Sin tomar banderas del compromiso social ni embeberse en ambiciones grandilocuentes de cambiar al mundo, sino simplemente por el impacto que generaría el contraste de realidades opuestas proporcionalmente, la muestra de acceso libre y gratuito, tendría que llevarse a cabo en la mayor cantidad de ciudades posibles, en las intersecciones o esquinas, más paquetas, onerosas, ricas o acomodadas.
No se pretende aunar un grito simbólico contra la pobreza del mundo, sencillamente se busca que los adinerados no se tengan que trasladar demasiado para apreciar una manifestación artística.

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