Economía: luces y sombras de una década que invita a repensar el futuro

Economía: luces y sombras de una década que invita a repensar el futuro
Pese al formidable crecimiento de los precios internacionales de la soja y los minerales, Mendoza se quedó fuera de esa oportunidad. Luego, la inflación y el incremento de los costos en dólares complicaron la escena.
En Argentina se pueden identificar sólo dos actividades de las economías regionales que lograron un excepcional e ininterrumpido crecimiento, a la luz del también excepcional incremento en los precios internacionales: la producción de oleaginosas (soja) y la minería metalífera.

Mendoza no participó de la increíble extensión que tuvo la frontera sojera y, si bien comenzamos a desarrollar un proyecto minero de escala internacional, nos quedamos a mitad de camino. Por lo tanto, quedamos atrapados en las trayectorias erráticas que mostraron el resto de las cadenas agroalimentarias y en el profundo estancamiento del sector petrolero debido a regulaciones que deprimieron la inversión y la producción.

Dos modelos diferentes

Para nuestro sector agroalimentario más pujante, la década cobijó, al menos, dos modelos diferentes. Luego de la devaluación, las actividades con proyección exportadora mostraron su enorme potencial para dinamizar, liderar y anclar localmente a proveedores de bienes de capital (industria metalmecánica); proveedores de insumos (industria maderera, cristalería, gráfica); empresas de servicios (contables, jurídicos, márketing); empresas de logística, entre otras actividades conexas. Durante varios años, la economía de la producción fue capaz de articular empresas grandes (con proyección exportadora) con empresas chicas; empresas extranjeras con nacionales; empresas primarias, industriales y de servicios. Estos sectores de la economía mostraron nuestra capacidad para generar valor y crear empleos de elevada productividad.

Sin embargo, este círculo virtuoso comenzó a deteriorarse, sin prisa pero sin pausa, al acelerarse la inflación, lo cual provocó efectos nocivos sobre la competitividad. A partir de 2007, los costos en dólares comenzaron a crecer anualmente a tasas cercanas al 15%. Prácticamente todos los ítems relevantes de costos se duplicaron en dólares entre 2007 y 2012: mano de obra, agroquímicos, servicios de frío, servicios de empaque, transporte.

En este lapso, a pesar de que la demanda internacional por alimentos se mantuvo dinámica, y siguió brindando un contexto favorable, la presión de costos resultó imposible de ser trasladada a los precios internacionales (sólo la soja duplicó su precio en este período); por ello la relación causal fue la esperada: caída en la competitividad, caída en las inversiones, caída en la generación de valor y caída en el ritmo de creación de empleo.

Frente al debilitamiento que experimentó el sector de bienes, el comercio y los servicios personales comenzaron a tomar mayor relevancia, sosteniendo la actividad económica y el empleo. En este contexto, resultó un dinamizador importante para la economía las transferencias nacionales (Asignación Universal por Hijo y ampliación de la cobertura previsional) que fortalecieron de manera importante la demanda doméstica.

Actualmente, estas transferencias se han convertido no sólo en una política trascendental desde la perspectiva social sino también desde la perspectiva económica. Sin embargo, el sector de servicios que lidera el crecimiento queda limitado a la demanda local y es incapaz de gestar cambios profundos en la incorporación de capital, la innovación, la productividad y la proyección externa de nuestra economía.

Por ello, tras una década de crecimiento, no fuimos capaces de afianzar cambios en nuestro patrón productivo hacia actividades de mayor valor agregado, que consolidaran una mayor inclusión productiva y social. Hoy nos encontramos ante un gran desafío. Argentina y Mendoza deberán replantear su estrategia de desarrollo. Nuestro perfil productivo brinda un potencial enorme, subutilizado, para mejorar la calidad de vida de nuestra población. Las oportunidades aún esperan por ser capitalizadas. Para ello deberemos tener convencimiento y consenso para remover las barreras del crecimiento.

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