Mientras la canciller Angela Merkel discute en la cumbre del G-20 cómo regular los mercados financieros mundiales, en Alemania la campaña para las elecciones del domingo llega a su fin sin sobresaltos y con un nivel de apatía pocas veces visto en uno de los países más politizados del mundo desarrollado. Las encuestas prevén una victoria de la Unión Cristiano- Demócrata (CDU) de Merkel, quien podría llegar a gobernar en una coalición de centroderecha con los liberales del FDP. No obstante, se espera una participación relativamente baja (sólo el 65% declara que va a votar seguro, lo que favorece a los conservadores) y los sondeos aún miden entre 25% y 35%.
La economía post-crisis debería ser el principal motivo de debate de esta monótona campaña. Pero temas como "la participación militar alemana en Afganistán, la estabilidad financiera del Estado de bienestar y cómo enfrentar la montaña de deudas" (100 mil millones de euros más en los primeros seis meses de 2009 que el año anterior) fueron tratados por encima por los candidatos.
Ayer, el instituto IFO medía que la confianza empresarial (uno de los principales índices económicos) subió en septiembre por sexto mes consecutivo en Alemania. Y según el último informe mensual del banco central Bundesbank, la economía alemana se está recuperando lentamente gracias a las exportaciones, que compensan la caída del mercado interno. En declaraciones al Frankfurter Rundschau, el presidente del Bundesbank, Axel Weber, advirtió no obstante que "no se alcanzará el nivel de prosperidad (anterior a la crisis) hasta el 2013". El Instituto de la Economía Alemana de Colonia (IW) prevé que, después de retroceder casi un 4,5% en 2009, la economía vuelva a crecer en 2010 a un ritmo del 1,5%. Sin embargo, señalan los expertos, el mercado laboral seguirá sintiendo los coletazos de la crisis, hasta alcanzar el 9,5% (4,2 millones de desocupados) en 2010. Actualmente, la tasa de desempleo es del 8,3%.

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