Opositores y la prensa no quieren "pagar" por los errores financieros griegos.
La dirigente alemana intenta así resolver la cuadratura del círculo, porque sin Alemania no habrá plan de rescate griego que valga pero también sabe que la caída de Grecia sería solo la primera ficha de un dominó que podría arrastrar a Portugal, España, Irlanda o Italia.
A principios de la pasada década, los gobiernos alemanes aceptaron abandonar el vigoroso marco alemán para dar nacimiento al euro, con la condición de que los tratados europeos prohibieran una rescate europeo a cualquier economía en problemas. Ahora se podría dar esa situación y Alemania se encuentra entre la espada y la pared.
Sabe que sin su participación cualquier plan de rescate nacería rengo y la caída de un miembro de la Eurozona le perjudicaría. Pero no quiere rescatar a un país que, además de vivir por encima de sus posibilidades durante años, falsificó sus cuentas públicas para hacer creer que cumplía los estrictos criterios que le daban acceso al euro.
La prensa alemana se preguntaba ayer porque Alemania tenía que pagar los errores de otros. Merkel intentó echar el freno e insinuó que no habrá rescate "precipitado", ante la urgencia que exigía el presidente francés Nicolas Sarkozy, dispuesto incluso a que Francia prestara plata unilateralmente a Grecia. París es el primer prestamista griego.
El propio partido de Merkel, la democristiana CDU, explicó ayer que "las repercusiones para el sistema bancario -de un default griego- podrían ser incluso más graves que la caída de Lehman Brothers o del -alemán- Hypo Real State en septiembre de 2008". Alemania necesita que el resto de la Eurozona crezca porque a ella envía más de la mitad de sus exportaciones.
Las más duras críticas a Merkel le llegan de sus socios de gobierno, los liberales del canciller Guido Westerwelle, que rechazan cualquier rescate de un país europeo en dificultades y preferirían que Grecia acudiera al FMI, algo que, sobre todo en París, se vería como una humillación.
El diario alemán Die Welt relataba que un diputado liberal había dicho que "no se ayuda a un alcohólico dándole otra botella", en referencia a que Grecia no tendría más opción que apretarse el cinturón y llevar a cabo un duro ajuste presupuestario.
Según el influyente y conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung, ayudar a Grecia sería "suprimir la última barrera por un euro estable. ¿Los alemanes tendrán que jubilarse en el futuro no a los 67 sino a los 69 años para que los griegos puedan disfrutar de su prejubilación?", se preguntaba el diario, que felicitaba a Merkel por haber conseguido que de la Cumbre de Bruselas no saliera un detallado plan para salvar a Grecia.

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