Se trata de Gustavo Kein, titular de la empresa de seguridad privada y limpieza Goya Corrientes S.R.L. Según las denunciantes, el modus operandi es encerrarlas en su oficina para luego pedirles que tengan sexo con él a cambio del puesto de recepcionista. "En todo momento me remarcaba que conocía gente" importante, dijo Johana Feliciotti, una de las víctimas, en diálogo con REALPOLITIK.
Su historia es una de tantas. Recién después del episodio pudo contactarse con otras jóvenes que habían sufrido la misma violencia por parte de Kein. Hacía más de un mes que Johana buscaba trabajo cuando vio en el diario El Día una convocatoria para la empresa Goya Corrientes S.R.L.
Después de dejar el currículum la llamaron desde un número privado para concertar una entrevista en el centro de capacitación de la empresa, ubicado en 20 y 531. "Me puse re contenta, hasta lo publiqué en Facebook. Esperé a que se hicieran las 15:00 y mi cuñado me llevó en la moto. Había cuatro hombres de seguridad en la puerta", recordó Johana sobre ese día, el miércoles 29 de marzo.
Una vez dentro notó que muchas de las puertas se abrían con claves de seguridad. Estuvo a oscuras unos 10 minutos hasta que llegó una secretaria, que le explicó de qué se trataba el trabajo: "Dijo que ahí nadie te controlaba y que pagaban re bien, en tiempo y forma. También me dijo que era la encargada de entrevistar y evaluar el perfil de las personas, para ver si estaba apta o no".
Conversaron un rato y la mujer le explicó que había una segunda entrevista, esta vez con el jefe de la empresa. Johana creyó que el encuentro iba a darse otro día, pero de un momento a otro la mujer fue a fijarse si Kein estaba en su despacho. Ella se quedó esperando y pocos minutos más tarde la secretaria la acompañó al despacho. "Él nunca me dijo su nombre, pero en ese momento no le di importancia. Me dijo que eran dos los dueños, 'uno bueno y uno malo', y que él era el malo", contó la joven.
"Me llamó la atención porque se definió como una persona peligrosa de entrada. Me dijo que era un tipo mujeriego, que le gustaba mucho el póker; tenía fotos jugando. También me dijo que tenía familia, mujer e hijos, que era 'felizmente casado pero muy mujeriego'. Y me aclaró que para entrar ahí tenía que acostarme con él. Yo le dije que no, que no era necesario, y me contestó que si no lo hacía iba a ser una relación muy aburrida", relató Johana a este medio.
Kein le preguntó qué tipo de relación quería tener con él; ella le contestó: "de empleador y empleada". "Eso sería muy aburrido, no me gusta", dijo el hombre y más tarde le preguntó cuáles eran sus objetivos de vida; Johana le contestó que quería crecer económica y profesionalmente. "Le gustó mi respuesta, pero dijo que para crecer 'uno tiene que soportar ciertas cosas en la vida'. Dijo que era 'normal' y 'natural', y que si yo llegaba a trabajar con él, en algún momento íbamos a terminar en el sillón".
Ella le explicó que quería trabajar pero no de esa manera. “No sabía si me estaba hablando en serio o me estaba poniendo a prueba", contó la joven. Kein la miró serio -"ahí me empezó a agarrar miedo”- y le dijo que él no hacía chistes. En todo momento le remarcaba que "conocía gente" y que tenía mucho dinero.
Después le pidió que se pare y dé "una vueltita" para verla mejor. Ella se negó. "¿Por qué no? -se preguntó el hombre- Si a las mujeres les gusta que las miren, les mejora el autoestima...". Johana volvió a negarse y Kein le dijo "no importa, porque cuando te vayas te voy a mirar igual". Según el testimonio de la víctima, desde un principio el empresario le pidió que apague el celular.
El momento de más miedo se dio cuando el dueño de la empresa le dijo: "Yo te pongo en una habitación donde hay dos japoneses, te digo que te pongas en bolas y saques la lengua y bailes, y cuando abra la puerta quiero ver que vos estés haciendo lo que yo te dije".
"Cuando me dijo eso se apoyó en el escritorio y me miró fijo, como en tono amenazante. Ahí me di vuelta para mirar la puerta, me quería ir. Por afuera tenía botones pero adentro el picaporte tenía una luz, no sé si se abría con la huella digital. Me di cuenta que no podía hacer nada, si gritaba nadie me iba a prestar atención", indicó Johana. La secretaria no era una opción, ya que la había entregado. Prefirió esperar a que termine de hablar e irse. "Cuando salí había solamente un guardia, el resto no estaba. "Llegué a mi casa, conté lo que había pasado y todos me decían que le haga un escrache. Mi familia lo querían ir a buscar, pero yo no sé de qué es capaz: me amenazó todo el tiempo".
Al enterarse de lo que había sucedido, su cuñado le hizo saber que minutos después de que ella entrara habían ingresado otras dos chicas más. "Tiempo después me contacté por Facebook con una de ellas y contó que no la habían hecho subir, que sólo habló con la secretaria. Como que ella las juzgaba y les decía si tenían que subir o no. El tipo tenía muchas cámaras, y en su oficina tenía un televisor grande con todas las imágenes”, comentó Johana. "Capaz que él le daba la orden de hacerlas subir o no".
MÁS DE CINCO VÍCTIMAS IDENTIFICADAS
El domingo 2 de abril se decidió a escrachar al hombre en una publicación de Facebook. La gente empezó a compartirlo, aun cuando el texto estaba configurado de forma privada. "Empezaron a etiquetar chicas. Y comentaban que a tal chica le había pasado lo mismo, entonces yo empecé a pedir números para que me hablen por privado y poder hacer algo". De quince chicas que habrían sufrido el mismo acoso, unas cinco o seis entablaron contacto directo con Johana. Ella supone que las demás todavía no se animan. Hay casos que se remiten a más de un año atrás.
Una de las víctimas aseguró que Kein, en noviembre de 2016, se le tiró encima y quiso darle un beso. Y que tuvo que decir que aceptaba el trabajo sólo para que la dejaran irse del lugar, aunque no volvió. Tampoco la llamaron.
A todo esto se suma un intento de denuncia que Johana quiso hacer una semana más tarde. En la comisaría le dijeron que no podían tomársela porque "sólo había sido verbal" y no físico. La mandaron a buscar un asesor, un abogado... y un psicólogo.
KEIN, CON FUERTES SOSPECHAS POR CORRUPCIÓN
El empresario tiene otras cuatro empresas dedicadas al rubro de la limpieza y la seguridad privada: Cooperativa de Trabajo San Martín, Cooperativa Alumine, Riki S.A. y Martín y Cia, entre otras. El ministerio de Salud, IOMA, Loterías y Casinos y varios hospitales en toda la provincia son clientes de las empresas de Kein, quien factura sumas millonarias por brindar servicios.
Sólo en la web de Goya Corrientes S.R.L. figuran el hospital interzonal de Ezeiza, el de agudos Blas L. Dubarry, el Alejandro Korn, el Ramos Mejía, el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el municipio de Quilmes, el Museo de Arte y Memoria (MAM), ABSA, el ANMAT y la AFIP, entre muchos otros.
Ya en 2013, informes de la prensa local daban cuenta de las millonarias contrataciones que el Estado proveía a las empresas de Kein. Ministerios e instituciones que, a pesar del cambio de gobierno y las nuevas presunciones de “transparencia”, han aumentado y continúan renovándose a pesar de los años.
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