Más de un centenar de familiares y amigos despidieron a la joven en una ceremonia íntima
No había nubes y el sol del mediodía caía a plomo sobre los turistas, muchos extranjeros, que recorrían el cementerio de Recoleta y tomaban fotografías de las lápidas y tumbas de próceres y de distintas personalidades argentinas. En uno de los pasillos, alrededor de un centenar de familiares y amigos de Lola Luna Chomnalez despedían en silencio los restos de la joven de 15 años.
Poco antes el cortejo fúnebre había llegado a la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, donde se celebró una breve misa de cuerpo presente. El féretro de Lola, cubierto con un gran ramo de rosas blancas, fue ingresado cerca de las 13, con la sola presencia de familiares y miembros de su círculo más íntimo. Media hora más tarde, el grupo acompañó en su último descanso a la adolescente al cementerio, situado a pocos metros.
El cuerpo de la joven había llegado anteanoche en un barco de pasajeros desde Uruguay, luego de que el traslado fuera autorizado por la jueza Marcela López, quien investiga su muerte en la ciudad uruguaya de Rocha.
Las amigas de Lola, muchas vestidas de riguroso color negro, se abrazaban sin consuelo y no podían contener el llanto. "No lo puedo creer, no lo puedo creer", se les oía repetir, desconsoladas. Entre ellas comentaban que debido a las vacaciones muchas de sus compañeras no habían podido estar en la misa. Asimismo, gran cantidad de personas, en su mayoría familiares, amigos y allegados de los padres de la joven, se hicieron presentes para acompañarlos.
Diego Chomnalez y Adriana Belmonte, los padres de Lola, recibían las muestras de pésame y dedicaban pocas palabras a cada uno de quienes se acercaban. Diego lucía un crespón negro sobre el lado izquierdo de su camisa blanca y agradeció la presencia de cada uno de sus amigos. Adriana se destacaba del resto por su vestido floreado, mientras sostenía en sus manos algunas de las rosas blancas que había depositado sobre el féretro.
Se pudo distinguir entre los que acudieron al sepelio al CEO de YPF, Sebastián Eskenazy, y a su mujer, la conductora Analía Franchín, que se acercaron a saludar a la abuela de la víctima, Beatriz Chomnalez, la reconocida chef, que se retiró poco antes de las 15 en un taxi, acompañada de algunos familiares.
Al término de la ceremonia, amigos de la familia esperaban en las puertas de la Recoleta la salida de los deudos. Algunos comentaban el pedido que les había efectuado la familia Chomnalez de no publicar en las redes sociales ninguna mención sobre la organización de la misa ni el sepelio, a fin de proteger ese momento de tanta intimidad y dolor.
La noticia se filtró a los medios, pero luego no se permitió el ingreso de la prensa en el cementerio, que esperó en la puerta de entrada. Los distintos grupos y contingentes de turistas tomaban imágenes del inusual despliegue periodístico, aunque no se atrevían a indagar sobre el motivo de éste. Cerca de las 15.30, también en silencio, se habían retirado quienes habían acudido a dar el último adiós a Lola Luna Chomnalez.
"MI HIJO ES INOCENTE Y SE VA A DEMOSTRAR"
"Mi hijo es inocente. Fue el perejil de este caso. No esperaba que fueran a detenerlo. Hernán me decía que no hiciera caso a lo que se hablaba. Hablamos pocos minutos cuando salió de la comisaría. Mucho no me pudo contar", expresó Jorge Tuzinkevich, abogado y padre de Hernán Tuzinkevich, pareja de la madrina de Lola Chomnalez. "Es lamentable lo que le pasó a Lola, ya que para mí era como una hija. A mi hijo lo respetan y lo quieren todos en la familia de ella. Por donde anda con su profesión lo quieren y respetan. Mi hijo es inocente y se va a demostrar", agregó Tuzinkevich. "No voy a emitir opinión alguna sobre la actuación de la justicia o la policía uruguayas. Hicieron lo que debían y comprobaron que mi hijo es inocente", concluyó el padre del hombre que fue liberado anteayer en Uruguay..

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