Que se doble pero que no se rompa

Por: Susana Viau.

El peronista federal Felipe Solá y el radical Gerardo Morales acordaron bajarle el tono a la interna opositora para no abrirle caminos a la embestida oficial. Fue clave en el armisticio la intervención de Ricardo Alfonsín y Adolfo Rodríguez Saá. Los K celebraron la pelea de manera prematura: admiten que la batalla parlamentaria final la ganarán sus adversarios.

"Quiero contar una intimidad política –dijo Agustín Rossi–: la primera vez que entré a Olivos fue al día siguiente del voto no positivo (...). Cuando salí de la reunión con la señora Presidenta y los legisladores, me quedé charlando y vi que había una perra. La señora Presidenta me dijo: esta perra me la regaló Felipe. La verdad es que cuando uno tiene ese nivel de relación en política, tendría que dejar de lado las chicanas".

Felipe Solá, el aludido, pidió la palabra y explicó: "Es cierto que el regalé la perra a la señora Presidenta, si mal no recuerdo en el año 2005, pero el problema fue que la perra creció, se hizo peronista disidente y se comió a los flamencos rosados que la señora Presidenta tenía en Olivos". Por esas cosas de la vida, Rossi tenía sentado a su lado a José María Díaz Bancalari, quien por esos años trabajaba por la candidatura de Chiche Duhalde contra la de Cristina Fernández. Las bancas celebraron primero la chicana del santafesino y después la fulminante y alegórica respuesta del bonaerense. Era bien entrada la madrugada del jueves y el cruce de ironías entre los diputados que debatían el rechazo del DNU 2010 hacía sobrenadar en el recinto los ecos de la interna justicialista. Sin embargo, las refriegas intrapartidarias no lograban cuajar en una sesión que tenía como telón de fondo los crujidos del arco opositor. Las críticas públicas de Felipe Solá a Gerardo Morales por su modo de tramitar las negociaciones con el oficialismo habían hecho estallar la santabárbara. El cortocircuito entre los dos políticos venía a coronar una historia previa de desencuentros. A fines de 2009 ambos se reunieron en la sede del Comité Nacional del radicalismo para discutir qué actitud adoptar respecto de las presidencias de las cámaras. Solá y los diputados del Peronismo Federal sostenían la tesis de que la oposición debía ir por toda la cuenta. Sin las presidencias no habría real control del Parlamento, suponían. El misionero Ramón Puerta era un ferviente defensor de la idea de arrebatarle a Eduardo Fellner la titularidad del cuerpo y entregársela, si era necesario, a los radicales. No hubo coincidencias. La UCR rechazó la iniciativa, se abroqueló en cuestiones de principios y prefirió disputar la integración de las comisiones y sus presidencias. La inactividad de la Cámara baja –que tuvo el miércoles su primera sesión desde el 3 de diciembre– fue atribuida por los disidentes a aquel "error" inicial. La misma Elisa Carrió –enemiga acérrima de esa opción– estuvo apunto de admitirlo el jueves a la madrugada cuando amenazó a Fellner con llevarlo a la Justicia por la violación de los privilegios colectivos del cuerpo y su intención de convertirse en intérprete calificado del reglamento.

El entredicho entre los dos jefes de bancada fortaleció las corrientes del radicalismo que desde hacía semanas venían preguntándose cuál es el beneficio de una unidad que no genera triunfos sobre el kirchnerismo y los obliga a ellos, principal fuerza de oposición, firme aspirante a ganar las elecciones de 2011, a un desgaste mayúsculo por sobreexposición. Esos sectores insistían en la necesidad de preservar su individualidad y no volver a atarse las manos. Que cada palo aguante su vela, de lo contrario, afirman "ellos se dan vuelta y el costo lo pagamos nosotros". Desde otras vertientes, incluso desde las proximidades del mismo Morales, han llamado a la sensatez. "Tenemos que convivir porque solos no podemos" es el mensaje que envían hacia adentro; "si me atacás, nos debilitamos los dos", avisan a sus socios de la oposición. Tras el incidente, Solá y Morales no se han visto las caras. Por el momento han decidido utilizar representantes para arreglar las cuentas pendientes: Ricardo Alfonsín y Adolfo Rodríguez Saá. Uno y otro recomendaron quitarle volumen al conflicto y pacificar los ánimos. Solá mantuvo con puntano una larguísima charla telefónica en la que Rodríguez Saá habría aconsejado "bajar un cambio, discutir tema por tema y verificar voto por voto". Ahora, el Peronismo Federal buscará hacer pie en un puñado de proyectos unitarios y dejar en la periferia las cuestiones controvertidas. Como un amplio sector del radicalismo, los disidentes creen que es hora de desdramatizar el Parlamento: "La Cámara es heterogénea –analiza uno de sus cuadros–, la centroizquierda es árbitro, tiene reglamentos que el presidente interpreta como quiere y tiempos que administra a su gusto. Nosotros nos apuramos, nos equivocamos en la impaciencia. Eso es lo que Felipe dice. No le pidió disculpas a Morales, simplemente trató de quitarle intensidad a una disputa que nos perjudicaba a todos". Un disidente que observa desde fuera la rosca legislativa explica el volantazo en términos de estrategia: "El eje de la construcción de la alternativa nunca está en el plano de la batalla táctica. La verdadera construcción pasa por los liderazgos partidarios". Un importante legislador radical tararea la misma melodía: "Este nivel de confrontación entre los opositores es lo que le dio aire a Kirchner para avanzar". El cambio de atmósfera, sostiene, servirá también para preservar a Ricardo Alfonsín, un gran beneficiado por los resultados de casi todas las encuestas.

El kirchnerismo celebró de manera prematura el incidente que pareció dar por finalizado el romance opositor. "Al radicalismo le va a hacer bien recuperar su identidad. Nos va a hacer bien a todos –especuló un senador del FPV–. Con este esquema había perdido espacios. Tuvo que sacrificar su lugar en muchas comisiones. Menem recibió un montón y no aparece por el recinto. El otro día, el de la última sesión fallida, fue mortal para Cobos. Debería renunciar y cuidarse. No puede aceptar el manoseo de las discusiones con Pichetto".

Los malos pasos de la oposición apenas dan un respiro ocasional a los legisladores K –"Esto sigue mal", pronostica otra figura de primerísima línea del oficialismo–. La batalla legislativa definitiva la gana la oposición. "Si se produce una sangría no va a ser de allí. Va a ser el kirchnerismo el que la sufra". El vaticinio tiene fecha: el éxodo, dice, empezará a producirse a mediados de año, cuando se definan las candidaturas. Por lo pronto, este proceso ha dejado marcas. Miguel Pichetto y Rossi han quedado atrapados en la lógica del jefe. "Hasta no hace mucho defendían las políticas hacia afuera y hacia adentro admitían errores. Ahora han unificado el discurso. Ya no tienen fisuras. En nuestro partido se acepta el tipo de conducción militarizada que impuso Perón. Pero Kirchner no es Perón". Con un cierto dramatismo, el hombre hace un reconocimiento sorprendente: "Acá el rumbo, la existencia, la vida o la muerte son Kirchner".

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