La mosca me tiene harta, me da asco y me molesta. Mide como una moneda de un peso. Si me quedo quieta, insiste en pararse sobre mi hombro. Y si camino, sobrevuela alrededor de mi cara.
LOS VECINOS
Gabriel camina junto a mí. Parece que no siente aversión. Quizá es porque la mosca no lo fastidia a él, o porque estuvo aquí en otras ocasiones. El basurero en el que nos encontramos está localizado en San José, al norte de Yerba Buena, ciudad de la provincia de Tucumán que el año pasado fue elegida por el Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) como una de las 10 mejores de la Argentina para vivir, por su calidad ambiental. Para llegar, hemos tenido que atravesar una callejuela de ripio, que trepa al cerro y se llama Franzolato.
A ambos lados de esa trocha los barrios privados se siguen el uno al otro. A través de sus cercos se notan las casas apeñuscadas en las laderas, reproduciéndose al ritmo de los créditos para la construcción, principalmente los Procrear que otorga el Gobierno nacional. Al final de la subida se encuentra El Bernel.
Es un loteo ladeado por cañaverales, donde se oye a los pájaros. Una casa de 100 metros cuadrados edificados, en un terreno que mide 10 metros de ancho y 30 metros de largo, cuesta $ 770.000 (unos 100.000 dólares).
Si hasta entonces pensabas que estabas trepando al cielo, te bastará con mirar hacia la izquierda para cambiar de opinión. Ahí está el vaciadero: has llegado, más bien, al abismo.
Gabriel tiene el pelo largo, sujeto con una cola de caballo. Se ha puesto una camisa, unos jeans y unas zapatillas. Cuenta que la basura que otros quieren sacarse de la vista viene a parar aquí. Como eso -dice-, y señala los desperdicios de una comida mal medida. Me dan arcadas.
La mosca sigue volando.
Las porquerías de las casas no deberían estar tiradas a nuestros pies. Se supone que este descampado es utilizado para arrojar residuos verdes -es decir, ramas, pastos y hojas- que los camiones recogen de los domicilios y de las calles.
- El problema es que depositan cualquier cosa. Al atardecer, prenden fuego y se vuelve insoportable -dice Gabriel. Visto desde lejos, un sitio en el que se vacía yuyo es mero paisaje. Visto desde cerca, es una inmundicia. Cuando el vaciadero se escapa de los mapas y aparece a metros de la casa de uno, se vuelve una pesadilla. Hay que vivir por estos rumbos para sentir el rigor de la realidad. Para oler la putrefacción.
En la gran urbe en la que se ha convertido Yerba Buena, mencionar a los residentes de barrios cerrados que viven a metros de un basural es referirse a los protagonistas de un relato extravagante. ¡Qué cosas raras!
En las ediciones de LA GACETA se han publicado, en varias oportunidades, las quejas de los vecinos. Hubo uno que escribió, en una carta al director, que El Bernel funciona como el estercolero de un distrito entero. Otro puso que no se puede ni abrir las ventanas. Y el mismo Gabriel contó que cuando su casa esté construida, lo que ocurrirá en unos meses, se mudará “a morir intoxicado”.
Las personas también les llevaron sus reclamos a los políticos. El 27 de enero, por ejemplo, dejaron una carta en el Concejo Deliberante, en la que solicitaron que se busque otro lugar. Escribieron: “al oeste de nuestro barrio funciona un basural a cielo abierto, donde la Municipalidad, los carreros, los ciudadanos particulares y los habitantes de los countries largan basura”.
Luego fueron a ver al fiscal general de Tucumán, Antonio Gustavo Gómez, cuyo cargo es uno de los más importantes en la Justicia Federal del norte, y que se especializa en derecho penal ambiental. De ese encuentro salieron convencidos de que los hechos denunciados constituyen un delito, y de que pueden presentarse como querellantes ante la Justicia Federal. Se lo hicieron saber a los gobernantes.
LA QUEJA Y RESPUESTA
Joaquín llega tarde a la entrevista. Durante la mañana ha estado ocupado, golpeando a las puertas de los funcionarios para hacerles oír su drama. “Estoy podrido”, me cuenta que les ha dicho.
Joaquín es contador y vive en una casa de dos plantas. En el jardín ha puesto un tobogán. Cuando sus hijos suben al último peldaño ven el basural. Un día fue con una cámara fotográfica y halló desechos hospitalarios. Los fotografió y les mostró la imagen a los demás habitantes. Entonces, todos marcharon hacia a la intendencia con bolsas de polietileno, que envolvían los despojos de sus casas, y las tiraron ahí.
Al cabo, fueron citados por el intendente, Daniel Toledo, a una reunión de la que salieron conformes, porque él se comprometió a frenar el ingreso de basura domiciliaria y a prohibir la quema.
Esa escena transcurrió hace unas semanas. La caminata por el vaciadero con Gabriel y con Joaquín fue un lunes. La reunión con el intendente sucedió un miércoles. Y hoy, domingo, los residentes de El Bernel han vuelto a abrir las ventanas.
La Municipalidad ha cumplido con lo pactado. Hasta se ocupó de arrojarle ripio a la calle Franzolato y de mejorar el alumbrado público.
Pero el problema no ha acabado aún. ¿Podrán mantener limpio un basural? (suena raro). ¿Cuál es el tratamiento adecuado para la basura verde? ¿Qué pasa con el resto de los desperdicios?
LA MUNICIPALIDAD
La Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad es conducida por un arquitecto. Se llama Julio Herrera Piedrabuena, y ha estado en la reunión que contentó a la gente de El Bernel. Les ha dicho que “ajustará” los controles.
- No tenemos otro terreno. Ese lugar está habilitado para el depósito de basura verde. Pero es cierto que han tirado domiciliaria. Asumimos la responsabilidad y nos comprometemos a que no pase de nuevo.
En Yerba Buena, lo verde es recogido en camiones especiales. Lo levantan de los frentes de las casas, de las platabandas y de las calles. Según el último censo del arbolado público, efectuado en 2013, en el área central hay exactamente 17.024 árboles. ¿Qué son 17.000 plantas? Si apeláramos a las comparaciones, los números nos servirían para establecer la magnitud: en promedio, cada 7,3 metros hay un árbol.
- De aquí en adelante vamos a poner policías y personal de la Dirección de Tránsito en el ingreso al vaciadero. Ellos van a verificar que sólo entren vehículos autorizados -dice Herrera Piedrabuena.
- ¿Qué cantidad de residuos verdes se generan por día?
- En verano, ingresan al vaciadero entre 20 y 30 camiones.
- ¿Cuántos predios funcionan con esta finalidad?
- Ese es el único. Mide unas cinco hectáreas y está ahí desde hace 30 años.
- ¿Qué se hace con el material que se deposita ahí?
- Se firmó un acuerdo con el propietario para rellenar el terreno. Por eso se envían niveladoras y topadoras.
- ¿Hay otras altenativas?
- Por ahora, no. Estamos buscando algún espacio alejado de las urbanizaciones. La otra posibilidad es comprar una máquina chipeadora, que recicla los residuos de poda o de limpieza de terrenos.
Hace poco, la Municipalidad hizo circular un boletín con instrucciones a la población sobre la prohibición de entregarles basura a los carreros. Además, advirtió que multará a quienes dejen desperdicios en los espacios públicos.
En Yerba Buena, los carros están anotados en un registro municipal de la actividad de la tracción a sangre. En esa matrícula hay unos 70 vehículos inscriptos. Según los cálculos de Herrera Piedrabuena, otros 35 estarían sin registro.
A diferencia de lo que ocurre en el centro de la capital provincial, por ejemplo, donde los carreros se desempeñan como recicladores, puesto que separan los desechos orgánicos de los inorgánicos, aquí se dedican, simplemente, a trasladar los desperdicios de una parte a otra.
El Gobierno municipal ha detectado al menos tres vaciaderos clandestinos, localizados en las calles Las Higueritas y Santo Domingo; Salas y Valdés y Chile; y Pringles y Belgrano.
LOS RECOLECTORES
Son las 8.30 de la mañana de un sábado. Dominga Ríos -una mujer de unos 70 años y pelo tinturado- se ha parado en la avenida Solano Vera, en la zona conocida como La Rinconada. Trabaja en la casa de Dora y tiene una bolsa negra atrapada entre los brazos. Resulta que se olvidó de sacar la basura, y entonces debió acarrearla hasta la esquina.
- Aquí el basurero pasa caminando. Junta las bolsas y las deja en la avenida, hasta que viene el camión. Antes era que hacían así (sic) porque la calle era de tierra. Pero la pavimentaron y siguen haciendo lo mismo -cuenta.
En un rato, esa bolsa viajará en un camión, en el que caben hasta siete toneladas de basura, hacia una instalación de transferencia que funciona en la comuna de San Felipe, en la capital. Allí hará un trasbordo a un vehículo con más capacidad, que la conducirá a la planta de disposición final de residuos de Overa Pozo, al costado de la ruta provincial 327. En ese lugar, los principales distritos tucumanos sepultan sus miserias.
La empresa Servicios y Construcciones La Banda brinda el servicio de recolección domiciliaria a Yerba Buena y a otros municipios y comunas. También se encarga de transportar los desperdicios del conurbano Gran Miguel de Tucumán, desde San Felipe hacia Overa Pozo.
Dice Mario Criado, el gerente de la compañía, que Yerba Buena genera unas 120 toneladas de basura diarias. Casi el mismo peso de una ballena azul adulta, el animal más grande del mundo. Cada yerbabuenense produce unos 850 gramos de basura cada 24 horas.
Luego revela que lo que se tira en este municipio es diferente a lo que se arroja en otros, porque en comparación contiene mucho más vidrio, plástico y electrodomésticos en desuso. Criado aparta de la mesa de su oficina dos vehículos de juguete Caterpillar y despliega un mapa. Pintados con color naranja y amarillo, a lo largo y a lo ancho del plano, se observan 48 countries y barrios cerrados.
- Esta es una de las razones por las que la basura no es la misma -dice. Después me pregunta si tengo idea de cuántos habitantes tiene la ciudad. Le contesto que en el último censo, realizado en 2010, se contabilizaron más de 75.000, y que la Municipalidad estima que esa cifra ha crecido a 120.000, aproximadamente.
- Nosotros calculamos que debe haber unos 140.000. Esa es otra de las razones -retruca.
La ruta de los vehículos de Criado contempla, además de las viviendas, los centros comerciales. Tres de los cuatro shoppings de Tucumán se han instalado en la ciudad pedemontana. Y eso se nota en los tachos. Los fines de semana, en el Portal Tucumán Shopping se llenan hasta 12 contenedores, en los que caben 3.500 kilos en cada uno; es decir, 42.000 kilos. Del Shopping Solar del Cerro se sacan entre seis y siete containers, y de Yerba Buena Shopping se recogen cuatro.
En el centro comercial y gastronómico Open Plaza, situado a la derecha de la avenida Perón, por ejemplo, se tiran unos 14.000 kilos de residuos gastronómicos por mes. En este país, cada año se desperdician aproximadamente 500 toneladas de alimentos aptos para el consumo.
La conversación con Criado se interrumpe cuando una unidad reporta a través del walkie-talkie que ha terminado su recorrido. En las horas siguientes, 34 camiones más repetirán esa comunicación, tras haber despachado paquetes como el de Dominga.
LOS AMBIENTALISTAS
De todos los residuos que genera Yerba Buena, la mitad es materia orgánica. Si fuera tratada podría convertirse en abono, entre otras cosas. Alejandro Brown -ecólogo, voz gruesa, manos grandes- dice que las casas deberían tener envases para reciclar. Tachos para vidrios, tachos para plásticos y tachos para las sobras alimenticias.
Al contrario, explica; en general la basura de las casas suele irse afuera en la primera bolsa que encontramos. Metemos en un solo costal el almuerzo que alguien no comió, las cáscaras de una naranja, los bordes de una empanada, un televisor de veintiún pulgadas y las botellas de las gaseosas que se han tomado ese día.
- Se necesita un trabajo de separación. La basura es de cada uno. Y cada uno debería ser parte de la solución -opina Brown, quien desde 1999 preside ProYungas, una fundación que lleva adelante actividades de gestión para la conservación de las selvas subtropicales de montañas.
En el caso de los vaciaderos verdes, Rodrigo Ordóñez, coordinador de áreas protegidas de esa organización, opina que lo ideal es que todo se vaya a una trituradora, para que lo que allí se deposita sea reutilizado.
El año pasado, ProYungas organizó -junto a la Municipalidad, a la organización Bosque Modelo Tucumán y al Colegio San Patricio- unas jornadas de canje ecológico. Los vecinos les llevaron residuos reciclables. A cambio, recibieron flores para plantar.
Durante una de esas actividades se juntó casi una tonelada de basura. Reciclar un kilo de cartón vale unos 0,60 centavos de peso, y por el kilo de botellas plásticas se paga unos 0,25 centavos de peso. Se necesitan 20 kilos de tapitas para comprar un kilo de pan para una familia.
LA MOSCA
Lástima que el reciclaje no sea un asunto cotidiano. El mediodía en que caminé con Gabriel por el vaciadero, nos topamos con una camioneta Duster modelo 2013, cuyo conductor había ido a arrojar las cosas que quería sacarse de encima. El olor a podrido era inocultable. Y la mosca seguía haciendo dibujos en el aire.
* Gabriel y Joaquín son nombres ficticios. Ambos vecinos solicitaron que se preserve su identidad.

Comentá la nota