Una diseñadora textil, un gestor de producciones discográficas y otro de una organización de arte compartieron sus experiencias en el 4º Congreso de Cultura. Lo hicieron junto a funcionarios y economistas que profundizaron sobre el valor de la cultura y su potencialidad a la hora de aportar a la economía general.
“Uno de los primeros obstáculos que enfrentamos es el divorcio entre la economía y la cultura”, reflejó Hernán Gullo, director provincial de Industrias Culturales e Innovación Creativa de la Provincia de Buenos Aires, para luego relatar de qué manera vienen trabajando en este sector desde el Estado.
Subrayó que el paso inicial debe ser contar con datos estadísticos que demuestren la verdadera incidencia de las industrias culturales en la generación de empleo. “A través de los observatorios, vemos que es uno de los sectores de la economía más dinámico y que crece cuatro veces más que el resto”, sostuvo.
Comentó que el 80% de los bienes culturales son generados por las Pymes creativas. “El Estado debe ser garante del equilibrio, de la identidad y la diversidad”, agregó, para además precisar que durante algún tiempo se pensó que las industrias culturales se limitaban a lo editorial, lo musical y audiovisual, y ahora ya se habla de otros sectores emergentes como el digital.
“Tenemos que instalar en la agenda pública el valor económico de la cultura. En nuestro caso lo hicimos trabajando en la generación de plataformas de negocios, asistencia financiera, apertura de nuevos mercados, generación de datos estadísticos y capacitación y asistencia técnica”, describió, para luego nombrar algunos proyectos concretos: la creación de la marca folklore, un circuito de festivales, la promoción de la provincia como set de filmación y el impulso de un centro de producción digital.
Desde el ámbito privado, el gestor cultural Fernando Pallas (Santa Fe) compartió con los presentes el camino transitado desde la organización Arteón Studio. Un aporte más empírico de cómo alcanzar metas concretas en su caso volver a tener una sala propia a través del diseño y la planificación, la optimización de recursos y la adecuada explotación de los productos culturales. En este caso particular, obras de teatro.
En el panel de oradores se destacó la diseñadora textil de Catamarca, Manuela Rasjido, que con simpleza y de manera colorida describió su experiencia de rescate de las técnicas de tejido y teñido ancestral de su Santa María natal. La mujer generó un estilo de prendas de vestir que denominó Arte para Usar, por lo que es conocida en el país y en el exterior. Dejó en claro que la investigación, el conocimiento de las tradiciones textiles de su pueblo y la identidad de su gente fueron determinantes para su trabajo.
El licenciado Osvaldo Labastié, titular del área de Industrias Culturales de Chubut, reveló por su parte los avances logrados en lo que refiere a la producción discográfica en su ciudad, “generalmente se habla del artista de manera poética y todavía cuesta pensar en un arte sustentable. El Estado termina siendo subsidiario. En nuestro caso, para revertir esto pusimos en marcha concursos y promovimos el acceso a la información de los músicos para que conozcan las características del sistema y propiciamos la creación de una oficina de Sadaic para contribuir al asesoramiento”, indicó.
Transformación
Uno de los últimos en exponer fue el economista Carlos Rama de Uruguay, que reflexionó sobre las divergencias y convergencias entre la cultura y la educación.
Apuntó que estos dos mundos están intrínsecamente vinculados y se encuentran en plena transformación. Llamó a limitar las diferencias que distancian al consumo de bienes culturales que puede ser infinito, porque depende de gustos y satisfacciones personales, mientras el consumo educativo se busca para obtener un beneficio en particular.
Por último, señaló que la era digital cambia ciertos rasgos que distanciaban a la cultura de la educación. “El producto cultural no requería interacción y lo educativo sí. Ahora con los bienes multimediales eso dejó de ser así”, concluyó.
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