La juventud K y sus aliados en Unidos y Organizados miden el 10% de los votos, cifra insuficiente para ganar en Mendoza pero vital para el peronismo cuando compita en la general
Fue una relación que nunca cuajó, que tarde o temprano se iba a quebrar y así sucedió.
El vínculo entre La Cámpora mendocina y el PJ local fue, desde el inicio una relación forzada, impuesta desde la Casa Rosada, detalle que los camporistas siempre hicieron notar y que el justicialismo provincial, aceptó a regañadientes, bajo el férreo y viejo axioma de que el líder manda y el resto se cuadra.
Comenzó formalmente en 2011 y terminó esta semana cuando el puñado de funcionarios de la agrupación que encarna el kirchnerismo puro y duro, dejó el gobierno de Francisco Paco Pérez en menos de 48 horas, con renuncias y durísimas críticas al mandatario, al que acusan de haber “abandonado el proyecto nacional y popular”.
Este reproche es lo que más indigna al Gobierno y al partido: “Nos tratan de traición a la Patria porque no hacemos lo que ellos quieren, no lo podemos tolerar ”, replicaron.
En realidad, la causa principal de la ruptura es la insanable fractura de fines de febrero cuando el peronismo dejó fuera de las listas electorales a los referentes camporistas y sus aliados internos, desoyendo esta vez las exigencias presidenciales.
El futuro inmediato es incierto. Unos creen que el camino emprendido no tiene retorno y otros confían en que definidas las PASO, La Cámpora y sus aliados cierren filas tras el candidato ganador del PJ local si ellos no salen victoriosos.
Un intendente peronista alertó: “Tienen que estar porque ellos con Guillermo Carmona de precandidato a gobernador están midiendo unos 10 puntos en el electorado. Si no acompañan vamos a estar muy complicados para la general”.
Nunca hubo química
Pero fuera de este reciente conflicto, el mar de fondo existió siempre. “Nunca se integraron al PJ”, “ellos dicen quienes son peronistas y quienes no”, “no debaten, imponen”, “son muy prepotentes para no tener ni méritos ni trayectoria” fueron algunas de las frases que distintos referentes del justicialismo soltaron a UNO, en estricto off the record.
Un gremialista de largo recorrido fue implacable al pintar el paso de La Cámpora por el Gobierno: “Se fueron como llegaron, entrando por la ventana y saliendo por la ventana”.
Un ex ministro de la actual gestión también ratificó estas actitudes: “Han sido unos irrespetuosos con el Paco que los trató muy bien, los atendió y les dio espacio en el gobierno”.
Algunos dirigentes, los menos, tienen una mirada más comprensiva. Fue el caso de un ex legislador que explicó: “Los chicos de La Cámpora son parte de una organización nacional que tiene una lógica en ese sentido y distintos intereses”.
Pero admitió que entraron al Gobierno provincial y al PJ “presumiendo con esto de que, ‘¡Mirá que venimos de parte de la Señora!” y eso no estuvo bien, generó malestar”.
En 2011, cuando Pérez fue elegido gobernador, fue el año que La Cámpora desembarcó en el Gobierno mendocino con chapa propia.
El puño de Cristina Fernández de Kirchner les había conseguido un segundo lugar en la lista de candidatos a diputados nacionales por Mendoza, que entronizaría a la ignota Anabel Fernández Sagasti al Congreso nacional, acompañando a Guillermo Carmona, kirchernista de la primera hora (pero no de La Cámpora) y relegando al resto de los sectores internos, lo que dejó al PJ provincial hecho un caldero hirviente.
También les habilitaron dos puestos en las listas para legisladores provinciales, escaños que ocuparían Lucas Ilardo, marido de Fernández Sagasti, y Marina Femenía.
En este nuevo escenario, los jóvenes de La Cámpora se hicieron acreedores a ganar espacios en el Gobierno y Pérez no dudó en hacerles lugar.
Apenas asumió, el mandatario les dio la Escuela de Gobierno y la Dirección de Deportes Social. Más tarde se expandirían a la DINAF, el hospital Lencinas, la Subsecretaría de Derechos Humanos y sus direcciones. Sin embargo, los espacios ganados no disiparon nunca el frío trato con que había nacido la relación.
Enfrentados
El PJ, partido donde el respeto se gana con poder, militancia, trayectoria, billetera o historia, siempre vio a los jóvenes camporistas como unos advenedizos que no reunían estos requisitos, sumada “la altanería que mostraron” (como dijo un dirigente), lo que empeoró más la situación.
La Cámpora hizo valer su fidelidad total a su mentora y le remarcó al PJ que Cristina era la jefa y su palabra, la ley, haciendo portación de madrinazgo y alzando la bandera –recalcan con escándalo en el PJ– de que el Frente para la Victoria estaba por encima del peronismo.
El 28 de febrero, día que se oficializó la lista de las PASO, los altos mandos del peronismo dicen que “la Señora envió el mensaje y exigió que Carmona (el diputado nacional aliado con La Cámpora y Kolina en Unidos y Organizados) debía ser el único precandidato a gobernador y que las listas para legisladores nacionales tenía que quedar en blanco porque las llenarían en la Rosada”.
Revelado y renegado, el PJ rechazó la exigida nominación de Carmona, anunciando en su lugar a Adolfo Bermejo y a Francisco Pérez y Rubén Miranda para el Congreso. Habían cruzado la línea. Y Mazzón lo pagaría, después, con su cargo.
Más tarde, tras un planificado sopapeo presidencial al gobernador (ver aparte) La Cámpora dejó el gobierno de Paco, retirando a su media docena de funcionarios.







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