El monitoreo de ratas y ratones que se lleva adelante en el distrito sudoeste ya logró identificar al menos dos especies de la oscura y escurridiza legión de roedores que asola la zona. Convencidos de que el primer paso de una batalla es conocer al enemigo, un equipo sanitario trabajó en terreno durante tres días para capturar las muestras, estudiarlas y preparar un plan de erradicación.
Con esta información ahora se pone en marcha la segunda fase del operativo, tomar muestras de los animales capturados para determinar si son portadores de algunas de las enfermedades que tienen estrecho vínculo con el medio ambiente. Los análisis se realizarán en los institutos Maiztegui (Pergamino) y Coni (Santa Fe), cuyos técnicos participaron del operativo y ahora indagarán sobre hanta virus y leptospirosis, respectivamente, con vistas a obtener resultados entre una semana y dos meses
El monitoreo comenzó el jueves cuando se colocaron 120 trampas en distintos puntos del distrito que para la ocasión se dividió en seis ámbitos de acuerdo a las características medioambientales. Vías férreas, basurales, asentamientos precarios y zanjas fueron los focos elegidos por ser hábitats de los roedores. La semana que viene pondrán en conocimiento los avances de las acciones realizadas.
Para directora del Servicio de Información de Salud, Analía Chumpitaz, el operativo para monitorear cuáles son las especies de roedores que hay en la zona sudoeste a fin de diseñar acciones de control, fue un éxito. “Impecable”, definió la profesional y destacó la tarea de las áreas de Salud, Promoción Social, Parques y Paseos, y Gobierno de la Municipalidad, que hasta requirió capacitación. También participaron alumnos de la cátedra de epidemiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario UNR) y Salud de la provincia de Santa Fe.
Extraterrestres. “Cuando hay mayor información hay conciencia, los cuidados son mayores y se notan los beneficios del estudio”, dijo Analía Vargas, referente del barrio Alvear, mientras los técnicos enfundados en trajes protectores, con guantes y máscaras, manipulaban los hábitats de las ratas y daban por finalizado el operativo.
“Con ese equipamiento parecían de otro lugar, pensar que nosotros estamos sumergidos en esos sitios y por necesidad terminamos cayendo en la inconciencia de que esa convivencia nos parezca natural”, reflexionó la mujer con una lucidez inapelable.
Vargas calificó al operativo como muy bien organizado y dijo que los vecinos estuvieron “repredispuestos” para colaborar.
El problema de los roedores tiene una importancia tal para el barrio que integró el último Presupuesto Participativo (PP) del distrito corriendo más suerte que otras cuestiones aún pendientes, como la carpeta asfáltica pedida para seis cuadras de la calle Cangacha, a cuya vera se levanta un asentamiento
irregular.
“Los vecinos votamos este proyecto porque reconocemos que en estos barrios hay plagas, como las ratas y el dengue, que transmiten enfermedades”, explicó Vargas y dijo que en los centros de salud del barrio las consultas por fiebre, vómitos y diarrea son más que frecuentes. “Ahí es donde pensamos que se puede relacionar con el medio ambiente en el que vivimos”, aseguró la mujer. l
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