La disolución del capital político

El golpazo que recibió el Gobierno nacional con la ley que restituye el 82% móvil abre una nueva etapa en el declive en que se encuentra inmersa la administración K.
Desde hace años, los Kirchner se vienen llenando la boca diciendo que son el gobierno que más hizo por los jubilados, cuando la realidad muestra claramente que la gran mayoría de la clase pasiva, ante una inflación real del 25%, tienen ingresos de $ 1.050 mensuales, cifra que los ubica en una situación muy cercana a la indigencia.

La situación planteada, además, pone de manifiesto que el matrimonio presidencial no tiene ninguna intención de implementar cambios estratégicos, a un año de las elecciones. Y por eso la Presidenta no dudó, en tiempo récord, en vetar la iniciativa aprobada en el Congreso: restituir el 82% hubiese significado rediseñar el esquema de poder kirchnerista, que se sustenta en el reparto discrecional de los multimillonarios recursos de la Anses, como así también de los subsidios destinados a empresas monopólicas y amigos del poder.

Cuando un gobierno prioriza el mantenimiento de esta estructura clientelar por encima del diseño de una política de Estado que cumpla con lo que por derecho les corresponde a los jubilados, está cavando su propia tumba política.

En ese contexto, que de hecho es por demás complicado para el oficialismo, el gobernador Daniel Scioli salió a ratificar, nuevamente, que por ahora ni siquiera analiza sacar los pies del plato. Por eso aceptó ser uno de los invitados principales del acto del último viernes, organizado por Hugo Moyano en el estadio de River, compartiendo escenario con el matrimonio presidencial. De paso, Scioli también puso de manifiesto que no quiere tener ningún tipo de problemas con el titular de la CGT y vicepresidente del PJ bonaerense (a cargo de la presidencia, por la enfermedad de Alberto Balestrini), Hugo Moyano. El dirigente camionero se encamina a ser un dirigente de peso en el armado de las listas que competirán en las elecciones del año que viene.

La estrategia de Scioli, a esta altura de las circunstancias, es clara: mandar pequeños gestos de independencia, como fue su presencia en el coloquio de IDEA, junto a empresarios que lanzaron duras críticas a la administración K, para intentar lograr -al menos- una leve diferenciación. El problema es que, con esto solo, el gobernador difícilmente pueda constituirse en una alternativa superadora a los Kirchner, ante una eventual candidatura presidencial del mandatario provincial. Los K tienen prácticamente la suerte echada, porque no logran captar el voto de la clase media que le permitiría imponerse en un eventual balotaje.

En la alianza Scioli-Kirchner también influye la ajustada situación económico-financiera que atraviesa la provincia de Buenos Aires, que cada vez se vuelve más dependiente del Gobierno nacional.

El sciolismo está obligado a negociar, con los bloques de la oposición en la Legislatura, el presupuesto del año que viene, una de las leyes estratégicas para el funcionamiento del Estado provincial. Es más, los legisladores oficialistas ya reconocen que no tendrán otra alternativa que ceder ante algunos reclamos: uno de los más importantes es la autonomía del Instituto de Previsión Social (IPS), lo que implicaría que el Ejecutivo provincial no pueda utilizar, para gastos corrientes, el superávit del sistema previsional.

En la oposición hay matices, que muchas veces están determinados por las necesidades económicas de los municipios que comandan intendentes no peronistas, que lleva a que varios legisladores terminen cediendo ante el envío de recursos a sus comunas. Pero con el tema del IPS podría haber una excepción. “Hay un consenso total en casi todos los bloques para poner un freno”, confió a Hoy uno de los legisladores que tiene un rol principal en las negociaciones. Todo indica que se viene un fin de año agitado.

Juan Gossen

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