Se inició la cumbre en la Unión Europea. Gran Bretaña y sus 27 pares del Consejo de Europa negocian para decidir si aceptan o no las reformas que el reino exige para continuar siendo parte de la Unión Europea.
Las puertas del salón con todos los líderes europeos reunidos se cerraron en Bruselas a las 5.45 de ayer. Así comenzó una de las más duras e históricas negociaciones entre Gran Bretaña y sus 27 pares del Consejo de Europa para decidir si aceptan o no las reformas que el reino exige para continuar siendo parte de la Unión Europea. Un debate que se inició con la cumbre misma, luego dio paso a encontrar una salida a la crisis de los inmigrantes, para probablemente llegar a una conclusión sobre el paquete británico hoy, viernes, a la hora del desayuno.
Si el acuerdo final se consigue hoy, la campaña por el referendum del 23 de junio sobre la salida o no de Gran Bretaña de la UE se lanzará inmediatamente. El premier británico verá a su gabinete y sus legisladores divididos haciendo campaña a favor o en contra de la permanencia del reino en Europa, con su país largamente dividido por el euroescepticismo y los inmigrantes, que no quieren aceptar.
Cameron ha prometido convocar a su gabinete en Downing St hoy mismo para lanzar el referendum si la UE acepta el paquete. Pero según filtraciones del “draft final”que ofrece la Unión Europea a Gran Bretaña para continuar su membresía no incluye una revisación del tratado de Lisboa, que Cameron exigía. Ninguna revisación de ese tratado figuraba entre corchetes, el signo que se utiliza en las negociaciones para demostrar que los “sherpas” que la llevaron adelante han llegado a un acuerdo sobre el caso.
El Parlamento Europeo debe aprobar la legislación consensuada en el Consejo de Europa, tal como le advirtió el alemán Martin Schulz a Cameron como presidente de esa institución. Más que achicarse, las diferencias en el draft del jueves parecían ampliarse con Francia, en amplia oposición a cualquier protección especial para la City financiera de Londres.
Los países del Este como Polonia, la República Checa, Hungría y Eslovaquia se oponían a recortar los beneficios a los hijos de trabajadores de sus países que trabajan en el reino. Hungría exigía que no fueron retroactivos esos recortes sino a partir de los europeos que llegaran desde ahora. Un tema que inquieta al electorado euroescéptico de Cameron, que se siente invadido “por los extranjeros” en el mercado laboral y sienten que explotan el estado de bienestar británico. Una indexación de los beneficios de los hijos de los inmigrantes que trabajan en Gran Bretaña pero sus familias están fuera del reino podría ser una salida elegante.
El polaco y presidente del Consejo de Europa, Donald Tusk, difundió el segundo draft de las negociaciones. Pero ha fallado en su intento de conseguir cambios en dos puntos que le interesan a los británicos: La opción de salirse del compromiso de “crear una unión aún más fuerte de la gente de Europa” y “las garantías de protección para estados no europeos”.
El cambio a full del tratado de Lisboa –que rige la Unión– y que debe ser aceptado legalmente y presentado ante las Naciones Unidas es una de las máximas aspiraciones de Cameron. Hasta ahora nada parece que podría conseguirlo.
Jean Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, dijo que estaba convencido de que Gran Bretaña continuaría como un miembro constructivo y activo del bloque de 28 países. Pero admitió que había “un número de cuestiones aún sin resolver”.
El debate continuará a lo largo de la noche, con abogados en un salón contiguo, listos para re redactar los artículos y variaciones que vayan surgiendo del encuentro entre los lideres.
El primer ministro David Cameron llegó a Bruselas sin certeza de que sus pares podrían aceptar su paquete y consciente que, hasta ahora, las diferencias entre unos y otros se amplían para conseguir una salida concensuada. Otra posibilidad es que si no hay acuerdo, se convoque a otra cumbre en la primera semana de marzo para conseguir una salida.

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