La familia de “Conty” González sintió que se hizo justicia con la condena a prisión perpetua de “Yacalo”, el único imputado Los jueces resolvieron por unanimidad la sentencia. Llantos y abrazos en tribunales tras el veredicto. Testimonios claves
El silencio de la sala se quebró con el llanto de las pocas personas que escucharon el fallo: tres familiares de “Yacalo” y seis de “Conty”. Algunos de alegría, otros de tristeza; pero lloraron todos. La primera en abandonar la sala fue la madre del condenado, que salió con los ojos enrojecidos y desapareció al final de un pasillo. Adentro, el papá de la víctima temblaba. Sólo atinaba a secarse las lágrimas con un pañuelo, rodeado por los brazos de su suegro y algunos tíos de “Conty”, la adolescente que tenía 14 años cuando la mataron.
Al salir, a José lo esperaban muchos micrófonos. Pero no pudo hablar. Pidió disculpas con la voz entrecortada y explicó que quería “llegar ya” a su casa para darle la noticia a su esposa, abrazarla y correr al cementerio para contarle a su pequeña hija que todo había terminado, que podía descansar en paz.
Roberto Millares, el abuelo de “Conty”, tampoco estaba entero. No obstante, contuvo las lágrimas y expresó su satisfacción por la condena. “La justicia de los hombres ya se dio, ahora nos queda seguir luchando por la familia para ver si podemos llevar una vida más tranquila. Esperamos una ayuda de Dios y de la Virgen. En un momento ellos nos soltaron la mano, pero parece que se volvieron a acordar de nosotros”, afirmó emocionado.
En la puerta del Palacio de Tribunales, la familia despidió con un aplauso a Teresita Mendilaharzu, la abogada que los representó durante el juicio. Después siguieron los abrazos, las lágrimas y el volver a casa sin “Conty”, pero con la satisfacción de haber tenido “un juicio justo”, como ellos lo calificaron.
“Un hecho acreditado”
Si bien la sentencia se conoció a la tarde, los alegatos fueron expuestos por la mañana. Las palabras del fiscal de Cámara Daniel Marranzino habían permitido prever, de alguna manera, que la condena no sería menor. El fiscal comenzó su alegato señalando que coincidía con la requisitoria de elevación a juicio que había hecho la fiscala de Instrucción Adriana Giannoni y que imputaba a “Yacalo” de homicidio doblemente agravado.
“Hay tres declaraciones que se escucharon en este juicio y que nos dan la pauta de que el acusado sí estuvo en el lugar del hecho”, afirmó Marranzino. Una de ellas pertenecía al amigo de “Conty” que la acompañó hasta la puerta de su casa de Alderetes la mañana del 15 de enero de 2012. “Como a 15 metros me crucé con este joven, el imputado. Él iba por la misma vereda de ‘Conty’ y yo por la calle. Después escuché un disparo, me di vuelta y él estaba ahí, al lado del cuerpo”, había declarado el menor ante el tribunal.
Otro de los testimonios a los que se refería Marranzino era el del taxista que trajo a la víctima y a sus amigos de la fiesta. “Los dos testigos describen al imputado con la misma ropa, los dos dicen que llevaba un buzo o pulóver en el brazo y esta fiscalía entiende que en medio de esa prenda llevaba el arma que usó para matar a Constanza”, sostuvo.
El tercer testimonio que citó el fiscal fue el del bioquímico Christian David Jaroszewski, quien ratificó que en el dermotest del imputado aparecía “mucha cantidad de pólvora”. En ese sentido, Marranzino recordó que la autopsia indica que el disparo no ocurrió a más de 50 centímetros y en el costado izquierdo de la víctima.
También defendió la veracidad del relato que aportó la menor Cynthia González, quien contó que “Yacalo” las había intentado asaltar unos meses antes del crimen y que había amenazado de muerte a Constanza. “Es un hecho acreditado que el único autor del hecho fue Franco Villagra y que no puede haber otra persona”, concluyó el fiscal y pidió que se condene al imputado con la pena máxima.
“A sangre fría”
En su alegato, la abogada querellante coincidió con Marranzino y solicitó la misma pena. “Si bien no podemos valorar sus antecedentes penales, sí permiten elaborar un perfil del imputado respecto a todos los integrantes de la sociedad, no sólo a ‘Conty’”, agregó Mendilaharzu, tras destacar que “Yacalo” tiene 22 denuncias en su contra, cinco de ellas realizadas por su concubina.
La letrada también hizo hincapié en la alevosía como agravante del hecho. “Actuó sin margen de error, sin riesgo para sí, aprovechando la indefensión de la víctima que estaba sola, le disparó a sangre fría, a caño tocante, dejándola sin posibilidad de supervivencia alguna”, remarcó Mendilaharzu. Y agregó: “nunca su intencionalidad fue robarle, su objetivo fue la muerte de Constanza movilizado por la actitud de venganza”.
Para concluir su exposición, la abogada hizo mención a la muerte de la hija de tres meses de “Yacalo”. “Su hija falleció porque él la tenía entre brazos cuando la Policía fue a aprehenderlo. Pero no hay escrúpulos para nada, ni con la vida de su propia hija”, sintetizó.
Tanto Marranzino como Mendilaharzu alegaron mirando al imputado a los ojos. Pero él no se inmutó. Ni siquiera cuando escuchó que lo condenaban a la máxima pena. “Yacalo” se paró, levantó la mano para saludar a su familia y se retiró con la misma expresión con la que había llegado, vacía de sorpresa.
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