A la Gobernadora de Tierra del Fuego, María Fabiana Ríos, le gusta llevar las cosas a los extremos. Administra la provincia con la temeridad de un equilibrista, se desentiende de las críticas y camina sobre el delgado hilo que separa la paz social de la revuelta.
Dos tomas de la Casa de Gobierno, los innumerables paros docentes; huelga de hambre con huelguistas que se descompensan; la marchas en defensa de la Salud Pública; la desesperante falta de insumos; laboratorios médicos de los hospitales sin reactivos; equipamiento médico sin funcionar y ahora la dudosa muerte de una paciente que, aún con bajo índice de sobrevivencia, “también tenía derecho a una oportunidad” como dijo el Dr. Julio Torres, son todos antecedentes del perverso juego que la Gobernadora juega para estirar la toma de una decisión.
La Gobernadora, sin embargo, no es ingenua y sabe, mejor que nadie, que la temperatura sube, llega a su pico más alto y luego comienza a descender, vuelve la paz; se silencian las críticas y se logra la apariencia de que hay normalidad y se logró la cura, hasta que vuelve una recaída, la temperatura vuelve a subir y así se reanuda el recurrente ciclo social.
Hasta que o se enferma el Ministro y hay que designar a otro; o se destraba algún expediente y se soluciona la coyuntura; o se le saca fondos a los Municipios y se consiguen recursos, o Nación tiene la bondad de enviar dos ambulancias; o se da el aumento; y listo, ya se puede respirar aire puro por un par de meses porque se renovó la expectativa, se descomprimió el reclamo y el departamento de optimismo que funciona en la Secretaría de Medios reflejará los elogios deAraque y Del Corro.
Así, han transcurrido los más de siete años de gestión, sin políticas públicas que resuelvan los problemas de fondo y con una administración que ha funcionado como una gomería, un agujero: un parche.
Afortunada en todos los aspectos, Ríos cuenta con la docilidad de los gremios estatales, salvo AFEP SIPROSA y SUTEF, y siempre tiene a mano alguien a quien echarle las culpas. A la legislatura; a la Justicia; a los sindicatos; la economía; la Derecha; el Centro o los opositores e incluso el Tribunal de Cuentas, ese molesto organismo de control que demora toda las compras.
También cuenta con la bondad del kirchnerismo que arroja algunas monedas y un par de obras cada vez que Ríos se debe hincar para tapar algún agujero.
También cuenta con la fortuna de Gobernar una sociedad indiferente y apática que mastica la realidad como venga con tal que el salario esté en los cajeros cada mes y se acuerda de quien dirige sus destinos cuando le roban; intentan atenderse en el hospital o sus hijos no tienen clase y deben contratar una nana.
Ruleta Rusa
Las decisiones que el Gobierno ha tomado en torno a la Salud Pública, en los últimos años, ha puesto a los hospitales, en especial al de Río Grande, en una compleja situación y en una notoria caída de sus prestaciones. La dudosa muerte de una paciente, la semana pasada, terminó por desnudar la crisis.
Ríos sin embargo ha defendido su política y sus decisiones, incluso luego de designar a su tercer Ministro de la gestión, ratificó que era ella, la Gobernadora, la que definía las políticas públicas de Salud por lo que es ella a quien la sociedad le recrimina el deterioro y la profunda crisis en la que no se advierten medidas tendientes a modificar el triste derrotero que tiene el servicio de salud en Tierra del Fuego.
Ahora resta saber cuál será el límite para Fabiana Ríos en materia de Salud pública. Los profesionales del hospital Río Grande revelaron que la paciente que falleció, el pasado miércoles en el nosocomio, necesitaba de un aparato que estaba roto desde hacía tiempo y que se había solicitado su reparación o recambio.
Los tres Ministro de Salud designados por Ríos, y la propia Gobernadora, tuvieron más de siete años, como mínimo (si es que el aparato dejó de funcionar en la gestión que precedió a Ríos) para resolver el problema. Ni hablar de la necesidad de contar con mecanismos ágiles y recursos logísticos y económicos para la evacuación de pacientes en estado crítico teniendo en cuenta que un dicho popular recuerda que “el mejor médico que tienen los fueguinos es Aerolíneas Argentinas”. Ese paradigma nunca fue modificado por la Gobernadora que se aferra a un discurso que en los hechos la desmiente.
Que otro drama deberá ocurrir, entonces, para que, mejor antes que después de que termine su gestión, la Gobernadora María Fabiana Ríos se decida a saldar la deuda que tiene pendiente con la Salud Pública? Hasta cuando estirará el deterioro de los hospitales? o ¿Dejará la indeseable herencia de haber arruinado la Salud Pública?
Pues sea como sea, Que Dios se lo demande.

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