Dime lo que haces y te diré quién eres

Dime lo que haces y te diré quién eres
Es increíble que alguien que se dice candidato a presidente y que pretende ser una opción de cambio en el país profundice al extremo las formas más infames del clientelismo político.
Concretamente, la prioridad del gobierno provincial, que conduce Daniel Scioli, hoy está puesta en la organización del acto que se realizará el 15 de diciembre en el estadio Unico (más conocido en la ciudad como el monumento a la corrupción, por los cientos de millones que demandó su construcción) para el que serán llevados, como si fuesen ganado, miles de personas que subsisten con los subsidios de los planes sociales que discrecionalmente reparte la provincia de Buenos Aires.

Ni siquiera a los compadritos conservadores de la Década Infame se les hubiese ocurrido semejante despliegue clientelista, que está en las antípodas del peronismo. No por casualidad una de las 20 verdades del justicialismo afirma: “No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres, los que trabajan”.

Precisamente, la revolución que hicieron Perón y Evita en nuestro país se sustentó, fundamentalmente, en crear las condiciones para que haya empleo digno, posibilitándoles a los asalariados ascender socialmente en función de su esfuerzo, sin depender de las dádivas de “señoras gordas” que solía distribuir la élite gobernante.

Resulta muy llamativo que un gobernador que se dice peronista en la provincia más rica, que produce el 40% del PBI nacional y tiene un enorme potencial productivo (aún no explotado), con bolsones de indigencia extrema (similares a los que se pueden encontrar en cualquier país de Africa), recurra a estas prácticas semifeudales para intentar hacer creer que es un gobernante que tiene “apoyo popular”.

Esta movida es lo mas antipolítico que existe. Supera incluso a la manipulación que suele hacer la presidenta Cristina Kirchner cada vez que se rodea de militantes rentados y aplaudidores que le festejan cada uno de sus anuncios y declaraciones.

Es tan surrealista la movida sciolista que el gobernador anunció ayer que, durante el 15 D, se entregarán miles de créditos a emprendedores. Esto no resiste el menor análisis: sólo basta con ir a alguna de las sedes que tiene el Banco Provincia (o al Banco Nación) para darse cuenta que, tras tener que hacer largas horas de cola, los créditos para pymes prácticamente brillan por su ausencia y la gran mayoría de los ciudadanos se encuentran con que los requisitos que se exigen para sacar un simple crédito hipotecario son prácticamente imposibles de cumplir. El panorama en lo que se refiere a los préstamos personales es aún peor, ya que la banca pública actúa como si fuese el peor usurero, cobrando tasas que terminan esquilmando las economías familiares.

Mientras Scioli despilfarra recursos con este tipo de megaeventos, la Provincia se encuentra prácticamente paralizada. En los hospitales públicos, como el de Melchor Romero, se están postergando cirugías por falta de insumos y de personal; mientras los proveedores cobran con bonos, que más temprano que tarde terminarán por convertirse en títulos basura. Estamos en una provincia que se endeuda a tasas que rozan el 17% -cuatro veces más de lo que paga Bolivia- cada vez que recurre al mercado doméstico para obtener recursos que le permitan alimentar el enorme elefante blanco en que se ha convertido el Estado bonaerense, por la enorme cantidad de ñoquis que tiene (sólo en Educación se estima que hay 30 mil contratos irregulares).

En medio de los preparativos de la fiesta sciolista, estatales y docentes no tienen nada que celebrar. Por el contrario, están en pie de guerra como consecuencia de los reclamos de recomposición salarial que no están siendo escuchados. En definitiva, la fiesta la terminarán pagando los trabajadores y los más humildes.

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