Se hicieron esperar, pero al final llegaron. Los fondos -54 millones de pesos- provenientes de la devolución del 2,5% de las retenciones a las exportaciones están desde los primeros días de febrero en las arcas de las provincias vitivinícolas. Y ya hubo desacuerdos porque sostienen que la distribución no ha sido proporcional.
Mosto amargo
La compleja situación arrastra a la industria del mosto. La semana pasada la actividad tuvo acabada prueba de estos procesos con el retiro de un jugador importante, Viñas de Argentina (Cartellone y japoneses). Las exportaciones del concentrado cerraron el año pasado con 103.000 toneladas (195.000 habían sido las del 2008), con precio promedio de 1.235 dólares la tonelada. Si el 20% de cupo obligatorio de mosto se cumpliera ("Difícil", dicen aquí, porque el incentivo productor está a favor de los vinos) se podrían producir alrededor de 110.000 toneladas ("Hay mercado para 150.000 por lo menos"). Cepas -es decir Gancia- está remiso en producir, pero el año pasado fue el primer exportador, con Fecovita, lejos, el segundo. Los mosteros vaticinan días magros: "Con el mercado mundial retraído y alta competencia, no podremos jamás pagar los precios que se insinúan por las uvas mosteras", aclaran y vaticinan puertas entornadas. Los viñateros, claro, amagan con revolver el avispero si no se pagan por lo menos 80 centavos por las uvas básicas. Piden que usen plata del 2,5% de las retenciones devueltas, para "sostener" los precios de las uvas para el mosto.
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