En medio de un contexto de sufrimiento por la situación vivida por miles de formoseños afectados por las adversas condiciones climáticas y la crecida del río, que puso de relieve la solidaridad de los formoseños sin distinción de banderías políticas, algunos aprovechan para alzar la voz y opinar, desmereciendo lo que se está haciendo .
Son los mismos de siempre, a los que todos conocemos y que basan su discurso en la demagogia y en la crítica despiadada, pero lamentablemente sin hacer nada al respecto.
Si bien opinar está bueno. Opinar y argumentar, estaría mejor, pero opinar, proponer y actuar en consecuencia sería lo óptimo en circunstancias como la que se están viviendo.
La situación es alarmante y muchas acciones se están llevando a cabo para paliarlas. Hay mucha gente sufriendo, pero también miles de personas trabajando incansablemente en búsqueda de soluciones que beneficien a los afectados.
Mirar objetivamente y sin aprovechar la desgracia del otro para resurgir mediáticamente sería lo correcto. Pero no es así, porque opinar detrás de un escritorio y desde la comodidad del hogar es más fácil que hacer algo para tratar de paliar las circunstancias.
Denunciar y disparar desinformando a la comunidad para propiciar confusión y desaliento es una estrategia archiconocida de la oposición, pero que en este escenario se convierte es una traición al pueblo a quien dicen representar.
Es más de lo mismo y exageradamente predecible. Porque esta contingencia se convirtió en un disparador más para que empiecen con sus bombardeos al gobierno.
Les vino como anillo al dedo para tener un poco de prensa y resurgir en sus “buenas intenciones de aportar algo”, aunque más no sean críticas, como ya es su costumbre. Nada más que la gente ya está cansada del eterno discurso vacío y exige soluciones viables y coherentes.
Hay un momento en la vida de una comunidad que una acción por mínima que sea, vale más de mil palabras. En estas circunstancias -por nadie deseada – que por desgracia nos tocó vivir a los formoseños, los ataques mediáticos con segundas intenciones están fuera de lugar y es hora que los opositores la entiendan. Es fácil la ecuación: para cada problema, una solución y no para solución un problema.
Anteriormente el argumento de la tosca y malintencionada oposición para el ataque al gobierno legitimado ampliamente por la voluntad popular fue una de las sequías más severas que sufrió gran parte de la provincia. Ahora son las inundaciones.
¿Qué será mañana? ¿El cambio climático global? Toda situación eventual es válida para que la oposición derrame críticas furibundas.
Pero debe entenderse que esa actitud no es casual. Es parte de una estrategia que sigue al pie de la letra el compendio de Gene Sharp en su técnica del “golpe suave”.
Estas minorías electorales se han aliado a los grupos económicos dominantes para revertir el proceso de inclusión social de los sectores sociales que fueron expulsados del sistema con el estallido de 2001.
En esta coyuntura que debe encontrarnos unidos a quienes tenemos responsabilidades por la militancia en el campo nacional y popular la oposición mezquina y miope cree que con sembrando la división logrará un voto más en la próxima elección.
Una foto con entregando una bolsita con un par de mercaderías denigra. Lo que se necesita es solidaridad, ideas y obrar sin dobles intenciones. Hay una gran diferencia entre la beneficencia, la dádiva o la limosna de la oligarquía y la justicia social. Esto lo deben tener bien en claro quienes desde hace tiempo se acostumbraron a generar problemas en vez de aportar soluciones.
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