El hombre acusado de abusar sexualmente a dos de sus tres hijas menores y a una tía de ellas, desde que tenían ocho años y durante casi una década, seguirá detenido a la espera de que esta semana se defina su situación procesal.
De acuerdo a las fuentes judiciales, es inminente que el Juez de Instrucción de Puerto Rico, Osvaldo Rubén Lunge (actualmente subroga en el Tres de Puerto Iguazú) le dicte la prisión preventiva por el delito de abuso sexual con acceso carnal, en reiteradas oportunidades y agravado por el vínculo, debido a que, en sus declaraciones, las presuntas víctimas habrían ratificado todo lo contado por su madre al momento de radicar la denuncia policial en la Comisaría de la Mujer.
La semana pasada, una de ellas, de quince años, ofreció su testimonio en Cámara Gesell ante los peritos psicólogos del Poder Judicial y, si bien no trascendió el tenor de su declaración, habría contado lo mismo que narró su hermana más grande, de 17, ante el juez interviniente algunos días antes, lo que complicó aún más la situación de su progenitor.
De fuentes cercanas a la investigación, se supo que el testimonio de ambas chicas fue consecuente, pese a ser indagadas en tiempos distintos y el paso siguiente en la pesquisa -que está en pleno desarrollo- es el estudio socio ambiental de la familia y del entorno del sospechoso.
Una vez que el informe de los asistentes sociales llegue a manos del magistrado, lo que sería en el transcurso de esta semana, todo indica que estará en condiciones de dictaminar la continuidad del sospechoso en prisión hasta que la causa se eleve a juicio oral.
Denuncia en El Verde
La causa se investiga desde mediados del mes pasado e involucra directamente a Héctor R. (41), quien está acusado de haber abusado sexualmente, de manera sistemática y cuantas veces pudo, a sus hijas, dos de ellas ahora adolescentes.
Los ataques habrían ocurrido en el paraje El Verde de esta localidad y todo indica que el sujeto sospechado comenzó con las violaciones hace aproximadamente una década, cuando la mayor de sus hijas era tan sólo una niña de siete años. Desde entonces, y a medida que su otra hija crecía, también la iba sometiendo.
La denuncia fue radicada por la madre de las adolescentes, ante quien una de ellas rompió el silencio y, entre lágrimas, contó el calvario que vivió durante todo ese tiempo bajo las constantes amenazas y hostigamientos del hombre que le dio la vida, al igual que su hermana, pero decidió cruzar la barrera del miedo al descubrir al sospechoso intentando hacer lo mismo con una nena de ocho años, o sea, la más chica.
Fue presuntamente a partir de esa imagen que revivió los momentos que aguantó bajo la supuesta protección del sujeto, que pasó a verlo como un abusador y ese momento de crisis la obligó a buscar contención en su madre, que logró llevarla al relato completo de su pesadilla.
Así, por primera vez, la chica tuvo el coraje de contar los ataques sexuales que padeció durante más de una década y no sólo eso, sino que ante las autoridades relató que los abusos ocurrían en la habitación contigua, en donde dormía su madre los profundos sueños provocados por los potentes somníferos que le suministraba el hombre, con la finalidad de cometer los actos sin ser advertido.
Causa paralela
Una vez que el acusado estuvo tras las rejas, una cuñada del imputado (tía de las menores), que tiene 26, denunció que cuando tenía ocho también fue víctima de ataques similares de parte del mismo sujeto.
La joven detalló los reiterados abusos a los que fue sometida y dejó al descubierto la conducta pervertida del imputado. En su testimonio, la mujer dijo que el hombre le daba dinero al final de cada abuso y durante años guardó el secreto por temor, pero al descubrir la angustia de sus sobrinas y saber que el sujeto no estaba en libertad, decidió ponerle fin al infierno que dañó para siempre su infancia.
Esa denuncia se investiga de forma paralela a la que involucra a las adolescentes.
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