Lo afirmó el juez federal Daniel Rafecas, de visita en Mendoza, donde presentó su libro Historia de la solución final, una investigación del genocidio judío y su similitud con la represión de los ’70
Es una de las conclusiones centrales del libro que acaba de escribir, Historia de la solución final, en el que hace una investigación histórica de cómo se llegó a la cifra de seis millones de judíos asesinados, partiendo de la asunción de Adolf Hitler hasta la apertura de los seis campos de exterminio en Polonia.
Rafecas presentó su libro anoche en nuestra provincia, invitado por el Centro Cultural Israelita de Mendoza, en medio de la conmemoración del 70º aniversario de la rebelión del gueto de Varsovia, capital de Polonia, en abril de 1943.
Nazis y represores
El juez federal Rafecas detalló las grandes similitudes entre el Proceso de Reorganización Nacional y el nazismo.
Indicó que “ambos coinciden en la violencia desde el Estado y en que fueron regímenes autoritarios”
Luego, en la faz represiva detalló: “Los centros clandestinos de detención y torturas de la dictadura (argentina) están inspirados en los campos de concentración nazis, especialmente en su más perverso producto, que fue la deshumanización y despersonalización sistemática de todos y cada uno de los cautivos”.
Con la autoridad que le otorga su conocimiento por haber investigado cientos de causas por los crímenes de lesa humanidad de la década del ’70, profundizó la comparación.
“En la última dictadura, la víctima perdía todo vestigio de la persona humana y jurídica –detalló–. No tenía nombre, perdía el sentido de la vista (estaba vendada todo el tiempo), no podía hablar y estaba esposada de pies y manos. Era colocada en lugares espantosos, bajo tortura y subalimentados. Estaban suspendidos entre la vida y la muerte, lo que es un denominador común con los campos de concentración nazis”.
–¿Y hubo desaparecidos?
–Sí, los hubo. Porque, si bien en los campos de concentración se sabía que estaban las víctimas, no se sabía nada de los campos de exterminio.
“Éstos eran secretos –continuó–, y los cientos de miles de personas que enviaron a Auschwitz, Treblinka y otros campos fueron asesinadas en el más estricto secreto. Pasaron a ser personas desaparecidas y, así, el Estado genocida no respondía por ellas”.
Como ocurrió con los famosos “vuelos de la muerte”, en los que las víctimas desconocían su destino, el magistrado explicó que “ellos (por los judíos) ni sabían que los iban a matar. Hay un historiador que lo dice claramente: ‘Las víctimas se percataban de su destino una vez que estaban adentro de las cámaras de gas’”.
Sin embargo, un acontecimiento histórico, que es el que se recuerda este mes, dejó al descubierto la maquinaria de la solución final.
“Una excepción a este destino fatal –recordó Rafecas– fue el levantamiento del gueto de Varsovia, en el que varios centenares de jóvenes judíos ya sabían perfectamente qué estaba sucediendo con los que estaban siendo deportados a los campos de exterminio y, bueno, decidieron resistir, luchar y morir peleando antes que morir en las cámaras de gas”.

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