Lo que no se dice

La Argentina carece de planes estratégicos de obras públicas que apunten a solucionar los graves problemas de infraestructura. Los K sólo optan por favorecer a empresarios amigos y la oposición manifiesta una abierta incapacidad para plantear alternativas superadoras
Causó estupor en algunos ámbitos opositores al Gobierno kirchnerista las noticias referidas a una megaobra por más de $ 15 mil millones mediante la cual se busca construir una represa en el Sur argentino. La movida, claro está, beneficiaría a empresas amigas del kirchnerismo que "compiten" por quedarse con el negocio, como Electroingeniería y el Grupo Eurnekián (hay otras firmas que también están anotadas), que a lo largo de los siete años de hegemonía K fueron favorecidas con millonarias concesiones y/o con licitaciones digitadas a dedo.

Pero el problema es mucho más profundo y pone de manifiesto la incapacidad y la mezquindad política que existen tanto en el oficialismo como en gran parte de la oposición. La cuestión no pasa por el monto del dinero que puede gastarse en obras públicas: en un país subdesarrollado como la Argentina, donde queda todo por hacer y donde ni siquiera está garantizado el suministro energético al sector productivo, es indispensable que exista y crezca exponencialmente la inversión pública.

La cuestión es que ni el kirchnerismo ni la oposición tienen un plan acerca de lo que se debería hacer para empezar a mejorar la infraestructura de un país que cada vez está mas atrasado en relación a la naciones del primer mundo y, en varios aspectos, también en comparación con países de la región, como Brasil, Chile y Uruguay, que están logrando progresos muy importantes.

Así es como desde hace siete años usuarios residenciales y las industrias nacionales vienen penando por la falta de abastecimiento energético que provoca, por ejemplo, que aquel que produce -y por ende necesita energía para expandirse y sumar valor agregado- termina siendo castigado por el Estado.

Un rasgo característico de la administración kirchnerista fue que el plan de inversión pública, comandado siempre por el arquitecto Julio de Vido, fue más bien pensado como una forma de favorecer a empresarios amigos -Eurnekián (es el principal candidato gubernamental a quedarse con las acciones de Telecom Italia en Telecom Argentina), Cristóbal López (el hombre de las máquinas tragamonedas, conocido como el zar del juego kirchnerista), Lázaro Baez (el empresario constructor preferido de los K), entre otros- y así recaudar para la corona K.

Nunca se pensó en solucionar los grandes déficit estructurales que atraviesa el sector productivo. Incluso De Vido y varios de sus funcionarios aún tienen varias cuentas pendientes con la Justicia, como el escándalo por el caso Skanska, donde se investiga el pago de sobreprecios por parte de la empresa sueca en la construcción de un gasoducto.

Ayer, De Vido salió a defenderse diciendo que "mi persona no ha sido mencionada ni por testigos ni por ningún imputado" del caso Skanska, en momentos en que se está realizando un entrecruzamiento de llamados telefónicos. La aclaración no hizo más que oscurecer el panorama.

Utilizar la obra pública como negocio, cuando debería ser política de Estado, hace que el país atraviese por esté panorama crítico. ¿Qué tiene la oposición con representación parlamentaria para decir? Meros formalismos, denuncias judiciales por hechos puntuales, pero las que brillan por la ausencia son las propuestas. ¿Acaso existe una ley que impida a diputados y senadores, que fueron electos por los pueblos de sus provincias, juntarse con expertos y especialistas para trazar planes estratégicos y diseñar políticas de Estado alternativas?.

Existen problemas que requieren soluciones urgentes. De los 103 pozos exploratorios que se perforaban en 1988 para obtener recursos del subsuelo; actualmente se perforaron 54 y los especialistas afirman que, de seguir a este ritmo, en pocos años nuestro país se convertirá en un importador neto de combustible. El kirchnerismo poco y nada hizo por encontrarle una solución a este déficit. Es más: hasta profundizó el modelo privatizador de la década pasada y la empresa Enarsa, que fue presentada como la nueva YPF del Estado, terminó siendo una cáscara vacía.

Tampoco se realizó, en los últimos siete años, ningún tipo de obra hidráulica de envergadura, cuando los especialistas, tal como se reflejó varias veces en las páginas de este diario, vienen alertando de que nuestro país será castigado cada vez más por fenómenos climatológicos como "El Niño" y "La Niña", que causan importantes inundaciones y sequías.

Los grandes estadistas de la historia, como Perón, Yrigoyen y Frondizi, demostraron que un lustro o una década es tiempo suficiente para introducir cambios estructurales cuando existe decisión política y un plan a seguir. Será cuestión entonces de intentar volver un poco a las raíces.

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