Inmoral, promiscuo, perverso crónico. Son calificativos bien llevados por el propietario del diario El Libertador José Rodlfo Martinez Llano que utiliza -como siempre- su propio diario para intentar "atajarse" de los "vínculos carnales" con el suicidado y la orgía publicitaria. Sabe que ese hecho lo vincula también como miembro de la banda de Arturo Colombi en la emblemática causa y que tras el receso judicial podría haber más novedades que lo imputen.
El socio de Hernán González Moreno y propietario de varias empresas que se beneficiaron de la "gran orgíapublicitarioa de Arturo", justifica que tanto el Tribunal de Cuentas, como la Legislatura provincial no pusieron reparos en los tremendos desembolsos destinados a solventar la propaganda oficial del frente de pocos.
Por un lado, el organismo de fiscalización contable de la provincia, terminó avalando las Cuentas de Inversión 2007 y 2008, periodos donde figuraban irregularidades en la contratación de los servicios publicitarios según un dictamen de la justicia. Ambos balances de gastos, tampoco fueron refutados por el parlamento correntino, simplemente porque omitió revisarlos y tratarlos al dejar que opere su aprobación automática como lo determina la Ley 5571 (art. 90º) cuando no son considerados en el tiempo establecido. La contradicción no es menor. Por un lado un juez de instrucción y un fiscal hallaron severas anomalías para resolver el procesamiento de los involucrados. Y por el otro, increíblemente el Tribunal de Cuentas no los advirtió.
A Martínez Llano le picaban las balas cerca en el controvertido caso. En una segunda etapa de la instrucción, su nombre podría verse complicado.
En torno a esa conjetura con desarrollo judicial inminnete el propietario del diario El Libertador -como de costumbre cuando se ve en figurillas a los largo de la hiostoria- ya salió entrelíneas el sábado en la edición de su diario a intentar “mojarle la oreja” al propio ministerio público.
Sin tupe, el ex legislador acusado de coimero "encontró" respaldo en las omisiones del trsite rol del Tribunal de Cuentas de la Provincia, y en la decadente legislatuira como organos de contralor.
Lo real es que amañando viejas costumbres golpistas y desestabilizantes, Martínez Llano saca en pluma sus máximas retorcidas opiniones para "llamar la atención" y en tono de advertencia legitimar una amenaza hacia un poder del Estado, que de continuar su rol implacable podría ponerlo a Martínez Llano de una vez por todas en un lugar donde debería haber estado hace mucho tiempo. La cárcel.

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