Los precios suben, el dinero alcanza cada vez menos, los comercios reducen la cantidad de cuotas para la compra de electrodomésticos, los bancos retacean los préstamos, las tasas de interés se disparan y financiar con las tarjetas de crédito se torna demasiado caro para quienes viven de un salario y de ingresos fijos.
Con la mirada puesta de manera permanente en la divisa norteamericana, utilizada como refugio de valor y resguardo de los ahorros, la población que no decide el valor del dólar, contribuye con su demanda a inflar un mercado como el “blue”, que erosiona la confianza y alimenta expectativas devaluatorias.
De esa manera, la mayoría de la sociedad queda sujeta a los vaivenes que a través de distintas maniobras imponen los mercados especulativos y con su involuntaria complicidad boicotea la estabilidad, alimenta la inflación y afecta los intereses de las capas sociales media y baja en beneficio de un sector, generalmente vinculado al comercio exterior y a los bienes dolarizados, como los commodities agrícolas.
La devaluación, en definitiva es eso: una brutal transferencia de recursos de los sectores asalariados y de ingresos fijos a favor de los grandes grupos económicos y financieros, quienes en la puja distributiva de la riqueza saben presionar y crear las condiciones favorables para cosechar lo que otros sembraron.
Todo cambia
La inflación y la reciente devaluación del peso generan consecuencias graves para los sectores bajos y medios de la población, desenlaces que ya comienzan a sentirse con intensidad en las ciudades del interior, como en el caso de Junín y la zona.
La previsibilidad imperante a lo largo de más de una década en materia financiera y económica, más allá de los discutibles índices inflacionarios, permitió que la población accediera a bienes y servicios con facilidades, a través de financiación en cuotas, con plazos de varios años y tasas de interés relativamente bajas.
De esa forma los bancos abrieron su abanico de préstamos, tanto personales como hipotecarios; impulsaron el consumo con descuentos y plazos de hasta 30 cuotas sin interés para electrodomésticos y materiales de construcción; las agencias de viajes vendieron paquetes turísticos para el país y el exterior en forma masiva, mientras que las terminales de vehículos alcanzaron récord de ventas que se superaron año tras año.
Sin embargo, con la devaluación, ese panorama cambió abruptamente y hoy ya nada es igual: los precios suben, el dinero alcanza cada vez menos, los comercios reducen la cantidad de cuotas para la compra de electrodomésticos, los bancos retacean los préstamos, las tasas de interés se disparan y financiar con las tarjetas de crédito se torna demasiado caro.
Nafta al fuego…
La devaluación le dio un feroz impulso a la memoria inflacionaria de los argentinos, y en los comercios juninenses y de la zona se advierte una constante remarcación de los precios, con aumentos que en algunos casos superan el cincuenta por ciento.
La ortodoxia económica señala que deberían incrementarse de manera proporcional los precios de aquellos productos que tengan componentes importados, pero la realidad demuestra que “por las dudas”, las subas se aplican de manera masiva a la totalidad de la mercadería, e incluso de los servicios.
Fue como pretender apagar el fuego con nafta. “Tengo miedo de no poder reponer la mercadería”, se excusó un conocido ferretero juninense, quien admitió que “para no perder, remarqué todo, después veo si tengo que bajar algo”.
En el mismo sentido, se pronunció un comerciante de materiales para la construcción, aunque en su rubro aclaró que “los aumentos no fueron más allá del treinta por ciento” y advirtió que, a su juicio, “si todo se calma algunas cosas van a bajar porque ya había un colchón que se fue armando en los últimos meses”.
Menos cuotas y con interés
En las casas de electrodomésticos juninenses, pese a que existe una gran disparidad de criterios, desaparecieron los carteles publicitarios promocionando “hasta 36 cuotas sin interés”, y sólo quedaron las financiaciones otorgadas por el propio comercio y las tarjetas de crédito, cuyos plazos más largos y con interés más bajo corresponden a Nativa, del Banco Nación, y Cabal, del Credicoop.
En Naldo Lombardi se mantienen los créditos personales, que pueden tomarse hasta en 15 cuotas mensuales, mientras que con tarjeta de crédito aún otorgan hasta 24 meses, con cuotas fijas que tienen incluida una tasa de interés.
Como ejemplo, un televisor Sanyo de 46 pulgadas led se puede adquirir en 12 cuotas de 990 pesos o en 24 de 599, en ambos casos con tarjetas Nativa, Visa y Mastercard, mientras que se promociona un led de 32 pulgadas con un precio contado de 4.399 pesos o en 12 cuotas de 549,90 pesos.
Por su parte, Bringeri –en su promoción camino al 50 aniversario- ofrece el precio más bajo de contado y descuentos de 20% en aires y calefacción, 15% en muebles y colchones por pago inmediato, mientras que si se paga con tarjeta Nativa, ofrece 20% de descuento y 15 cuotas sin interés en muebles, colchones y cámping.
Préstamos más caros
Los bancos, después de la devaluación y con el fin de mantener sus ahorristas e inversores, subieron las tasas de plazo fijo, corrección que se trasladó de manera inmediata a los préstamos, encareciendo el interés de quienes buscan asistencia financiera.
En ese sentido, el banco Credicoop es entre las entidades privadas el que mostró más moderación a la hora de elevar la tasa. Renzo Della Valle, activador comercial de la institución cooperativa, señaló que “la tasa de interés de los préstamos personales está en el 31% y es variable”.
En tanto, en el Banco de la Nación Argentina, entidad que de alguna manera regula el mercado de créditos, los préstamos personales de la cartera general tienen un interés anual del 31% en 18 cuotas mensuales, pero en este caso la tasa es fija, circunstancia que le evita a los tomadores sorpresas desagradables de nuevos aumentos.
Además, el Nación tiene tasas más bajas en los préstamos personales para quienes cobran sus sueldos en el banco, con tasa de 27%, mientras que los empleados de la administración pública pueden tomar crédito a una tasa anual del 25%.
Asimismo, en el Nación los créditos que se toman de 24 cuotas en adelante tienen una tasa variable del 32,50%.
Las tarjetas, “un ojo de la cara”
La financiación con las tarjetas de crédito también se transforma en una alternativa complicada para los usuarios, porque las tasas de interés se fueron por las nubes y pagar los consumos en cuotas puede terminar costando “un ojo de la cara”.
En este segmento sigue siendo el banco Nación el más barato, con una tasa anual del 28% para sus tarjetas Nativa, Visa y Mastercard, el banco de la Provincia se ubica en 33% para la Visa y el Credicoop cobra el 35% de interés en la financiación con Cabal.
A partir de allí, las tasas de los demás bancos se dispararon y van desde el 42% anual que cobra el Francés, pasando por el 45,90% del macro y el 47,40 del Galicia, hasta llegar al 48% del Santander Río, lo que implica una tasa del 4% mensual.
A ese interés altísimo, hay que agregar el IVA, gastos de administración, costo del resumen, seguros y otras erogaciones que incluyen las entidades, factores que transforman el costo de financiamiento total en un salvavidas de plomo.
Menor consumo
Las consecuencias provocadas por la devaluación del peso pegan fuerte en el bolsillo de los jubilados, los empleados y quienes tienen pequeños emprendimientos e ingresos fijos, porque sufren el brutal impacto de los aumentos de precios sin posibilidad de trasladarlos para recuperarse y resarcirse.
Los pasivos acaban de recibir un incremento salarial del 11,9% para el semestre que va de marzo a septiembre, a todas luces insuficiente para afrontar los incrementos de la canasta de alimentos y, sobre todo, el precio de los medicamentos que subió por encima de la media, que se estima en el 30%.
Por su parte, los empleados de los distintos gremios comienzan a negociar para discutir los incrementos en las paritarias y todos los dirigentes anticipan que no están dispuestos a aceptar subas salariales inferiores al 30%.
Sin embargo, hasta que llegue el acuerdo y el dinero a los bolsillos, la inflación seguirá devorando el valor de los pesos y contribuyendo a disminuir el consumo, porque el dinero alcanza cada vez para comprar menos mercadería.
Caen las ventas, ¿habrá recesión?
El perjuicio de la devaluación y la consiguiente licuación de los salarios e ingresos de la gente común, tiene un impacto en el volumen de ventas de los comerciantes, sobre todo en los pequeños y medianos, que viven de sus negocios.
El menor poder de compra de quienes tienen pesos en sus bolsillos frente al aumento de los precios, provoca una caída del consumo, que si no se equilibran rápidamente las variables de la economía, puede derivar en una nueva recesión.
El país, y sobre todo las economías regionales, los pueblos y las ciudades del interior, vivieron hace quince años un proceso recesivo que no sólo eliminó millones de empleos, sino que arrasó con pequeñas y medianas empresas del campo, la ciudad y los prestadores de servicios.
Las condiciones macroeconómicas no son las mismas, pero en la lucha contra la inflación –devaluación de la moneda incluida- no alcanza con las medidas que puedan aplicarse desde la conducción política, aunque son necesarias, sino que se torna indispensable el compromiso de todos los actores sociales para no arriesgarse a sufrir los mismos padecimientos.
El “sálvese quien pueda” no es atribuible a una sociedad organizada. Nadie se salva solo. Y en todo caso, habría que interrogarse para qué.
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