Detrás del crimen, un drama social y una historia de dolores y abandonos

Detrás del crimen, un drama social y una historia de dolores y abandonos

Detrás del crimen de María Guadalupe Puebla hay un drama social: una historia repleta de dolores, abandonos y muerte. Antes de ser una víctima de asesinato, María Guadalupe fue víctima de -entre otras cosas- las injusticias, las enfermedades y la ausencia del Estado.

 

Los integrantes de la familia sufrieron este lunes otro durísimo golpe, uno más de los sacudones a los que la vida los tiene acostumbrados: con frialdad les avisaron que habían hallado el cadáver. Lo esperaban desde unas horas antes, porque les advirtieron que sospechaban que habría malas noticias cuando encontraron ropa con tanta sangre.

Hace apenas tres meses, otro hermano de María Guadalupe, Alejandro -al que todos conocían como Nano- también fue víctima de un homicidio por un enfrentamiento familiar en Toay.

Discapacitada, 3 hijos y

un noviazgo de 7 años

María Guadalupe Puebla tenía 27 años y era discapacitada: tenía muy serios problemas para comprender y para hacerse entender. Era la sexta de nueve hermanos, hijos de Alejandra Alicia Juárez. Su melliza, Diana, también es discapacitada. María, como la llamaban sus seres queridos, tuvo tres hijos (Casandra, Gonzalo y Javier): dos de ellos fueron dados en adopción y el restante vive con el padre en Villa Parque.

El supuesto asesino, Walter David Baigorria -sordomudo, 40 años de edad-, era su novio. Hacía al menos siete años que se veían, según relatan sus familiares. “Parecía una buena persona, no esperábamos esto”, cuenta a El Diario Tamara Puebla, hermana de María. Los otros hermanos son Lucas, Diego, Alberto, Rocío y Marcela. “Lo que pedimos es justicia. Que paguen”, dice Tamara, en referencia a Baigorria y al otro detenido, Roberto Lezcano (38 años, también sordomudo).

La familia ni se atreve a sospechar una historia distinta a la que les contó la Policía, aunque el contacto con los funcionarios policiales y judiciales fue muy limitado: les avisaron que habían encontrado el cadáver y les transmitieron la hipótesis del crimen. “Simplemente, avisaron que la encontraron y no nos dijeron más nada”, agrega Tamara.

Ayer vieron el cuerpo: “Es impresionante lo que le han hecho. ¡Cómo tenía la cara!”. En la sala velatoria de Toay había gestos de tristeza y de conmoción. Entre los presentes estaba José Puebla, el padre de la víctima, quien vive en Eduardo Castex.

“A sangre fría”

Hermana y madre de la víctima dicen que Baigorria “nos parecía una buena persona, pero resultó al revés. Pelear, habrán peleado... Pero en casa siempre la trataba bien”. A la madre no le llamó la atención la ausencia de María Guadalupe desde el viernes. Cuenta que a veces se iba con su novio y no regresaban hasta pasada una semana.

La familia se crió en Toay. Fue la madre la que se mudó a Santa Rosa hace algo más de un mes. Alejandra Alicia Juárez (46 años) cuenta a El Diario que lo hizo a instancias de un funcionario del Poder Judicial: tras el asesinato de “Nano” (ver aparte), interpretaron que lo mejor era alejarse del territorio, buscar un poco de “refugio” en la capital provincial. Ella, su pareja y algunos de sus hijos fueron a parar a una vivienda muy precaria, en el Relleno Sanitario, donde se amontonan las necesidades (ver aparte).

En otra casa con evidentes carencias, en el barrio Chaparral, de Toay, la madre y la hermana de la víctima del homicidio insisten en pedir justicia. Con pocas palabras, cuentan sus sensaciones: “Ya hace tres meses que perdimos a uno. Los mataron como si fueran perros, a sangre fría. Pedimos justicia. Ya con lo de Nano no nos dieron bolilla. Pedimos justicia por los dos”, repite la madre.

No admiten que en ninguno de los casos haya impunidad o algo parecido: “A Nano lo mató un pibe de 16 años y ya están diciendo que puede quedar libre porque es menor. No tiene que ser así. Lo mismo con un discapacitado, que encima ya tiene un antecedente y lo dejaron libre por eso; ser discapacitado no justifica matar a alguien”.

Después del suspiro, Tamara igual tendrá lugar para una sonrisa cuando uno de sus pequeños hijos le pida un pedazo más de sánguche de milanesa. En medio de los dolores de la vida, no quiere perderse ese momento de ternura.

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