El intendente busca un futuro político, pero no pudo resolver el dilema de las pérgolas. Difícilmente pueda sostener alguna decisión en los seis meses que le quedan. Virginia Guervara.
Lo más probable es que casi todo siga su curso en la peatonal. Que cuatro centenares de vendedores ambulantes continúen adueñándose del espacio, los carteles publicitarios mantengan su anárquico despliegue, el olor a cloacas permanezca en el ambiente y las enredaderas sigan floreciendo.
El viernes, el intendente sorprendió con otra embestida, ahora política, que logró que la desventura de las pérgolas pasara a segundo plano. Confirmó que quiere competir a través de su partido Forja con un candidato propio en las elecciones municipales del 18 de septiembre próximo, y le cargó al hombro a su todavía indefinido delfín la ímproba tarea de defender su gestión de gobierno.
En paralelo, siguió pidiendo renuncias en su inestable gabinete –esta vez, la rotación sería en el área de Desarrollo Social–, de donde ya entraron y salieron cerca de 700 funcionarios. En la inmensa mayoría de los casos, nunca se supo por qué se fueron, ni qué hicieron mientras ocupaban esos cargos públicos y, mucho menos, por qué habían asumido.
Así como apuesta a un candidato propio, Giacomino sigue planeando cambios en su gabinete, traza planes para dañar a su archienemigo Luis Juez durante la campaña, intenta algún cobijo delasotista –fantasea con el Ministerio de Salud de la Provincia– y tampoco descarta alguna embajada, por su fiel desempeño como soldado de Cristina.
Al mismo tiempo, y exactamente del mismo modo, gobierna la segunda ciudad del país.
En la fugaz gestión de Hugo Taboada –que gobernó apenas tres trimestres, entre 1969 y 1970–, esos meses representaron muchísimo para la ciudad de Córdoba. En los erráticos cuatro años de Giacomino, el último semestre apenas será un epílogo sin grandes definiciones: después de las pérgolas, es impensable que la actual gestión –que en el zamarreo de la campaña hasta podría quedarse sin concejales propios y sin aliados– pueda sostener una decisión de peso.
Como en la peatonal, todo seguirá su curso. Córdoba tiene casi 438 años de historia y podrá resistir seis meses más de desmanejos.


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