Fernando GonzalezDesde aquella amenaza de paro nacional no concretada para alejar el fantasma de la Justicia suiza que investiga su abultado patrimonio personal, el camionero que se convirtió en jefe indiscutido de la CGT viene acelerando su decadencia. Las heridas abiertas son demasiadas. En los gremios grandes ya se habla abiertamente de su reemplazo y hasta tienen un candidato preparado: Gerardo Martínez, sindicalista de la construcción y al parecer hasta con el aval de la Presidenta.
El rechazo de la sociedad lo hizo desistir de ser candidato a gobernador primero y a vice de Cristina después. Tampoco tiene margen para ubicar gremialistas en las listas del PJ y su esfuerzo se concentra hoy en acomodar a su hijo Facundo. Es débil su situación en la causa por los remedios truchos y hasta debió soportar insultos de sus camioneros que lo acusaron por la muerte de un recolector de basura mal atendido por la obra social.
Por eso, Cristina busca enterrar la alianza de ocho años y mostrarse como la impulsora de la caída del camionero para no perder votos claves en octubre. ¿Será un final negociado, haciéndole el último favor de irse en silencio? Ese Moyano de anteojos caros, que ahora habla con calma en las universidades, es el que tiene la última palabra.

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