Así se puede ver a la mayoría de las viviendas del complejo Santa Rita II, mientras transcurre el proceso de recuperación del barrio, que está llevando adelante la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo.
El panorama general del barrio resulta desolador. Se ven hileras de “esqueletos”, sólo ladrillos apilados que alguna vez conformaron una modesta casa. Ahora, son cuatro paredes maltrechas sin aberturas, sin tirantes, ni techo. El resultado de lo que se definiría como “un trabajo de hormiga”. De tanto en tanto, alguna casita conserva una antena de televisión y un tanque de agua. Los espacios comunes desaparecieron entre las malezas y la basura.
En cambio, las que están intactas son las casas ubicadas sobre calle Chaco que todavía no fueron desalojadas. Y aparentemente los ocupantes no están dispuestos a irse. “Lo que nos ofrecieron no nos sirve. Los que se fueron están en las mismas condiciones en las que estaban cuando vinieron acá, se fueron a usurpar un terreno a cualquier lado, armaron un rancho con las chapas que se llevaron y con la plata se compraron una moto”, señaló una mujer que dijo llamarse Ivón. Según manifestó son 16 las familias que no accederían a entregar las casas de Santa Rita.
El proceso de desalojo voluntario del barrio comenzó un año y medio después de la usurpación con la intervención de la Justicia. El gobierno provincial ofrece a los ocupantes la suma de 12 mil pesos, a cambio de la entrega de la vivienda.
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