Desgracia con suerte

Desgracia con suerte
Escribe OMAR BELLO

En pelotas

No tendrán el contenido épico de la frase del General San Martín que Cristina Kirchner resucitó durante el arribo de la Fragata Libertad a Mar del Plata (“Pelearemos en pelotas como los indios”), pero las pelotas también son significativas para la política juninense. Porque si hubo un “centro” muy intencionado de Sergio Massa hacia el intendente de Junín, ese fue el partido entre Del Potro y Roddick que se disputó en la ciudad hace pocos días.

Si faltaba alguna confirmación de la relación que mantienen ambos mandatarios, el peloteo que se vivió acá, hermano menor del que Federer protagonizó en Tigre, fue la prueba de amor que les faltaba. Pedirles mayores evidencias públicas resultaría guarango. A buen entendedor… Está claro que estos dos personajes harán algo juntos, y que además de la amistad están unidos por el pragmatismo.

Ya que, según todo indica, conviviremos con don Massa a nivel local y nacional por un largo rato, conviene familiarizarnos con la imagen de este político audaz que se las arregló para convertirse en imprescindible de la política criolla; movimiento que ejecutó en tiempo record. ¿Cuáles son sus debilidades y fortalezas? ¿Qué podría pasar a futuro con el nuevo aliado del oficialismo juninense?

Demasiado éxito

En términos de estrategia política, Sergio Massa tiene una sola debilidad: Demasiado éxito. Aunque suene a contrasentido, la supervivencia política depende de un equilibrio delicado entre suceso y drama. Todos los líderes “deben” pasar por un momento complicado que los humanice y les permita generar empatía con el pueblo que, en el largo plazo, no suele sostener a aquellos que desconocen el sabor de la derrota o, si quieren llevarlo a un plano más personal, la desgracia.

Perón estuvo preso en la isla Martín García, Scioli perdió un brazo y Cristina es viuda. Si miran hacia atrás, casi todos los líderes padecieron algún tipo de calvario que fue muy promocionado, y si no lo padecieron lo “inventaron”. De hecho, el mismo ascenso de Néstor estuvo ligado a su asociación con las desgracias de los setenta: Se encaramó como sobreviviente de una época signada por la muerte; suerte de último Mohicano argentino.

No son pocos quienes creen que, ni bien se largue con todo a la batalla “final”, Massa será bombardeado por los kirchneristas, incluso algunos sugieren que la traición podría venir de parte del mismísimo Gobernador de la provincia de Buenos Aires que, previo a cualquier acuerdo, le haría morder el polvo feo. Como sea, si lo maneja bien y contra lo que supone la mayoría, un buen choque frontal podría resultarle conveniente. Lo que se ve hoy es un señor que avanza cual tromba, muy alejado de los héroes que la gente admira: Personas de carne y hueso que arrastran algún dolor.

Desgracia con suerte

La “teoría de la desgracia” en el posicionamiento de los líderes políticos no es un capricho ni una opción, está instalada en el inconsciente colectivo de la humanidad. ¿Un dato curioso? Quienes hacen marketing político en serio suelen remitirse a un poema: “La epopeya de Gilgamesh”.

El poema de Gilgamesh es una narración de la Mesopotamia de origen sumerio que exhibe el honor de ser el primer texto escrito de la historia humana (tablillas de arcilla y escritura cuneiforme). Por años, científicos de distintas áreas estudiaron las tablas y hicieron un descubrimiento sorprendente: Se trata de la “madre” de todos los textos escritos que conocemos; es decir, tiene una estructura que luego, a lo largo de los años, se repetirá hasta en los folletines que vemos en la tele todas las tardes. Basado en las peripecias del mitológico héroe-rey Gilgamesh, el poema puede resumirse en distintos “pasos” más o menos fijos que tienen un segmento invariable: El héroe siempre tiene que sufrir, atravesar aguas turbulentas y salir indemne, caso contrario será un “suertudo” sin capacidad de calar en el corazón.

El por qué de semejante exigencia es muy sencillo: Antes que nada, los líderes deben mostrarse “en funciones” frente al dolor o la derrota. A veces, la desgracia no se relaciona con estrategia alguna y está condicionada por la naturaleza (accidente, muerte de un ser querido, etc.).

Si sus enemigos no le hacen el favor de golpearlo a tiempo, Sergio Massa deberá encontrar la manera de luchar contra la imagen de chico a la que todo le sale bien. Lejos de mi desearle algún tipo de desgracia personal, pero piensa en Gilgamesh y sus demandas de desgracias con suerte, o podría convertirse en un héroe vacío, incapaz de generar empatía con el pueblo.

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