El desgaste (calculado) del MPN, y Quiroga

El desgaste (calculado) del MPN, y Quiroga

La pelea electoral en la capital neuquina ya deja indicios del desgaste que supone el inexorable enfrentamiento de viejos adversarios. Hace 16 años que esa pelea enfrenta variantes –deseadas y no tanto- del quiroguismo y el MPN. 

El 4 de octubre volverán a enfrentarse estas dos fuerzas, aunque con terceros en discordia que dividirán en más porciones la torta de preferencias del electorado. Los clásicos contendientes llegan con signos de deterioro. El quiroguismo, como consecuencia de su propia gestión ante situaciones difíciles. El MPN, obsesionado por no terminar de dar la talla en el objetivo de encontrar un perfil que convenza a la mayoría, con esa rara conjunción que cada tanto se da entre política firme y adecuada, en sintonía con candidatos carismáticos de buena imagen.

El MPN, dicen, no ha comenzado la campaña en serio todavía en el distrito más importante y que más le interesa. Se ha limitado a mover sus piezas más guerreras desde el Deliberante. Osvaldo Llancafilo y Juan Pablo Prezzoli se han ocupado de plantear batalla ante cada iniciativa pergeñada por el quiroguismo para atender cuestiones importantes. Esta estrategia del partido provincial otorga un rédito de doble filo, ciertamente peligroso. Por un lado, le permite poner en duda el juego de seguridades permanentes que pretende mostrar Quiroga desde la gestión. Pero por el otro, le supone ocupar el lugar del que dice no siempre, o casi siempre, desgastando su propia artillería en este uso de fuegos muchas veces fútiles.

Así, el MPN enfrentó con sarcasmo y sospechas el trámite para habilitar la boleta única electrónica en las elecciones; y enfrentó con el mismo método las variantes de ofertas de soluciones parciales para el controvertido sistema de transporte público. En estos dos temas hubo fuego cruzado, con la diferencia que siempre supone el hecho de ser gobierno y ser oposición, diferencia que el MPN conoce bien por haber sido gobierno de manera semi-permanente durante el último medio siglo y en casi toda la historia institucional de la provincia como tal.

De la cuestión boleta electrónica, ha surgido hasta ahora como virtual ganador el oficialismo quiroguista, por la sencilla razón de que el sistema se implementará, a no ser que se lo busque trabar directamente en la Justicia. Esto es raro que ocurra, porque supondría una victoria a lo Pirro para el MPN, con fuerte desgaste en el camino, y atrayendo hacia sí más sospechas que las que podría sembrar en el campo adversario.

En la cuestión del transporte, el MPN se opuso a la última propuesta (incorporar más empresas al servicio, relativizando así el monopolio que consagrara el contrato de concesión) con alusiones a la presunta complicidad del Intendente con la empresa Autobuses Santa Fe. Según el enfoque emepenista, Quiroga está más preocupado en solucionarle el problema de los hermanos Rossi, que en resolver las deficiencias del servicio. Pero aquí tampoco tendrá mayor éxito el MPN, pues de hecho si las empresas resuelven integrarse al servicio sin plantear objeciones legales, el gobierno de Quiroga podrá dar un golpe de efecto concreto con cambios en el sistema que, bien “vendidos” en la comunicación, le pueden producir efectos positivos en su imagen como administrador de conflictos ciudadanos. Habrá, concretamente, más colectivos, y de distintas empresas. Algún beneficio para los usuarios, universalizados por la tarjeta SUBE, inexorablemente habría.

De la encerrona en el rol opositor duro, el MPN tiene planeado salir, cuando comience a poner énfasis concreto en la imagen de campaña de sus candidatos. Se anticipa que se enfatizará mucho en la imagen de Pablo Bongiovani y Laura Plaza. “Pablo y Laura”, una linda pareja de políticos que han abordado la política desde un ángulo distinto, presentarían un rol muy diferente al de la crítica dura, para esbozar más bien la posibilidad de buscar por un camino distinto al que plantea el quiroguismo, un bien común que no pasaría por hacer todo al revés, sino por reforzar el compromiso y la cercanía con los ciudadanos.

Esta campaña aun soterrada, se ha comenzado a hacer desde la aplicación de los planteos estratégicos tejidos por Jorge Sapag, con una notable aunque previsible y por eso notoria planificación, desde el mismo corazón del aparato estatal formidable que maneja el MPN. Ese tramo inicial previsto para insertar al candidato Bongiovani en el centro de atención de los barrios capitalinos se diseñó para instrumentar a través de las iniciativas gubernamentales concretadas desde las carteras administradas por Mariano Gaido. Capacitaciones, reparto de herramientas, talleres en los barrios, empresas surgidas desde la asociación cooperativa, todos instrumentos al servicio de la reafirmación de una idea que el MPN pretende instalar mientras lima la gestión de Quiroga: la del beneficio que podrá acarrear tener una sintonía fina entre el gobierno capitalino y el provincial. Más concretamente, entre Pablo Bongiovani y el gobernador que asumirá el 10 de diciembre, Omar Gutiérrez.

Según este enfoque analítico, a la etapa de la confrontación dura, que podrá o no mantenerse con las espadas afiladas de Llancafilo y Prezzoli, le sucederá la campaña de “Pablo y Laura”, distinguida por lo positivo, por el optimismo, por la posibilidad de un cambio en el distrito, en la manera de gobernar y de relacionarse con los vecinos. Esta imagen de la nueva política, que es la misma de siempre pero que cultiva otro estilo, otra forma, es la que el MPN comenzó el año pasado con el propio Gutiérrez asociado a Rolando Figueroa; y está en el eje de la estrategia que el partido provincial elabora para acentuar su hegemonía en un momento clave y difícil, de transición, entre una Neuquén que languidecía por la caída de la producción de hidrocarburos, y otra Neuquén que resurgirá con el renacimiento de la misma actividad, en la trabajosa construcción de Vaca Muerta, aunque deba encenderle velas al altar de las políticas internacionales, y rezar para que haya un precio del crudo que sea competitivo para las inversiones que se necesitan concretar.

En este preciso momento, el MPN enfrenta la realidad de un prematuro desgaste, que necesita revertir en plena campaña. El otro desgastado, el propio Quiroga, ha gambeteado hasta ahora, con habilidad notable, el efecto perjudicial, manteniendo en suspenso el lanzamiento de su propia candidatura. Tiene tiempo hasta el 14 de agosto, y jugará su propio partido en ese cometido, porque sabe de la importancia del tiempo en la coyuntura. En este juego de espejos, los rivales clásicos se miran con caras cruzadas, y en esa rara dimensión de la política argentina, a veces se confunden en una sola cara, en un mismo rostro fusionado, atrapado por la convicción de los intereses supremos del establishment, de ese territorio de seguridad, del que nadie quiere ser expulsado.

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