Los desencantos legislativos con Scioli

Los desencantos legislativos con Scioli
Mientras Daniel Scioli corre detrás de las desventuras que arroja la inseguridad cotidiana. Mientras comenta las consecuencias del retorno del delito organizado al territorio bonaerense. Mientras se sufren las consecuencias del fatal asalto de camiones de caudales que deja víctimas, que no se van a volver a ver, por mejor investigación que haya.
Mientras esto ocurre, habrá algunos pasos traumáticos para antes de fin de año, en la relación del Ejecutivo con la Legislatura por la aprobación del Presupuesto 2011.

Un vocero bien informado del Frente para la Victoria decía -a modo de trascendido- que “Scioli no tiene aprobaciones de presupuesto en carpeta cerrada, menos aún si se trata de este tipo de leyes clave”.

Otros legisladores -más abiertamente- intentaban algún recurso de amortiguación, dejando trascender cierto beneplácito por el incremento de partidas, pero simultáneamente hacían saber su enojo e indignación por la sensible baja en partidas sociales y de ayuda a la niñez.

En la oposición, por lógica, el humor tampoco es de los mejores. Mientras esperan la reconciliación entre Scioli y sus legisladores oficialistas en este tema, bramaban por la gran baja o congelamiento de partidas coparticipables a los municipios.

El Ejecutivo acusó recibo de esas quejas –también deslizadas con mayor delicadeza por los intendentes oficialistas- y por eso el ministro de Economía, Alejandro Arlía, como si llevara un botiquín de urgencias, desembolsó poco más de 570 millones de pesos para los municipios.

En el Gobierno dijeron que se giraron en concepto de “adelanto” de la coparticipación del 2011. Pero, en la oposición mayoritaria, esperan que el gesto sea más generoso y presionarán hasta el último instante para que la palabra adelanto se transforme en “aumento”, incorporando mayor dinero fresco para los municipios, con un incremento del 1,2 por ciento de esa coparticipación.

El año va a cerrar, dentro de todo, con una buena noticia para la administración de Scioli. Era inevitable el comentario de altos funcionarios del gabinete sobre el regalito que dejó la excelente recaudación.

Habría un superávit operativo de 300 millones de pesos, dato que en el oficialismo tampoco pueden festejar a los cuatro vientos con el fin de no alertar determinadas variables políticas, como por ejemplo la buena relación con la Presidencia de la Nación.

Según los portavoces consultados, los excelentes niveles de recaudación de los últimos meses, sumando a esto la celosa marca a presión de ARBA, redundaron en importantes dividendos que, sin embargo, no serían aplicables más que para verterlos al acopio de las denominadas rentas generales.

Esa plata debe contarse para frenar eventuales tormentas en el horizonte, y una de ellas es la mayor demanda de asistencia a determinados sectores, como del empleo estatal o alcanzados por distintos planes sociales y subsidios.

En las últimas horas se calculaba que esos fondos podrían agilizar el trámite para el subsidio a los jubilados bonaerenses, pero, también al decir de voceros consultados, el IPS recurre a sus propias fuentes de financiamiento, porque, justamente, desde hace unos meses es financiador del Estado y no al revés.

Un hombre del frente sindical que contó con esta información señaló -aún antes de la suma fija hacia los jubilados- que ,si hoy Scioli quisiera, con ese dinero podría asignar a cada uno de los aproximadamente 450 mil empleados públicos estatales una suma fija cercana a los 500 pesos y le sobrarían fondos.

Pero, según trascendió de altas fuentes del gobierno bonaerense, tal cometido tendría firmes barreras políticas establecidas en la relación de respeto hacia la administración nacional, en función de pedirle, en los próximos días, el aporte crediticio suficiente para poder cerrar números relativos al Presupuesto 2011.

El análisis que hoy por hoy hacen en la administración Scioli es que se necesitan aproximadamente unos mil millones de financiamiento de parte del gobierno nacional, que seguramente vendrán por nuevos prorrateos de pasivos externos.

En ese contexto, mostrar una gigantesca generosidad sería contraproducente, aunque esto también explicaría por qué en enero los empleados podrían manejar cierta cuota de optimismo con las negociaciones salariales.

A partir de que Nación hizo el “súper aporte” hacia los jubilados, es posible que se esperen también noticias para los estatales y allí sí la administración bonaerense, en virtud de “replicar gestos”, podría avanzar con alguna solución, al menos temporaria, para las demandas salariales.

Esto confirma que Scioli no hará demostraciones de audacia ni de autonomía por un largo tiempo. Porque quiere todo previsible, calculado. Una salida de libreto sería fatal para sus aspiraciones.

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