Por: Ricardo Kirschbaum.Dos gestos públicos intentan mostrar un cambio de conducta desde el poder.
Con los productores del campo hay abierto un abismo que se busca disminuir. Las decisiones parciales, sin embargo, no alcanzan. Quisiera el Gobierno recuperar a los pequeños y medianos productores que fueron empujados a la protesta por el sectarismo político. Y con los empresarios, el aislamiento de los Kirchner era más que evidente. La misma convocatoria a Olivos, que tiene la misma intención divisoria que la política hacia el campo, revela lo que está faltando: que el Gobierno escuche otra versión de la historia mucho más verídica de la que le pintan sus exégetas. La operación lanzada está acorde con un plan que incluye, además, la victimización, la seducción por las vías más diversas y directas, y la agitación burda y maniquea. El principal problema que tiene el Gobierno para esto es la desconfianza que despiertan sus actos.

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