Desconcierto en las negociaciones de salarios

Por Julián A. de Diego

Asesor laboral de empresas. Profesor Derecho del Trabajo U.C.A

La CTA y otros grupos de izquierda se instalan en las comisiones internas de las empresas y complican las negociaciones salariales en un año de inflación alta

La inflación real proyectada ya supera el 25% para el año 2010 y en los pasillos oficiales se busca un parámetro de referencia en torno del 20% para evitar estampidas.

Enero con el 2% y febrero con el 3% de inflación real, y la canasta familiar ubicada en torno de los $2700, casi el doble que el Salario Mínimo Vital y Móvil que se encuentra en $1540 son evidencias del contraste entre las pautas del Indec y la realidad que impone soluciones o paliativos dinámicos y certeros. El 70% de la población activa gana menos de $3000, es decir, unos $100 por día, y cuando compra ya experimentó el aumento de los productos de primera necesidad, sobre todo los que forman la canasta básica.

Los dirigentes de los gremios tradicionales reconocen fricciones en el frente interno, con el crecimiento del protagonismo de los delegados y la presión de las bases de más y de mejores respuestas, frente a muchos de sus requerimientos, que van más allá de los aumentos salariales.

Las quejas y los agravios se inician con la falta de comunicación de los dirigentes con sus representados, la coronación de una burocracia cada vez más distante de lo que realmente ocurre en cada empresa. Y tal vez lo más desafiante: han aparecido otras alternativas de representación con lo que se ha dado en llamar los grupos disidentes, que a veces son de izquierda, y muchas, son sencillamente otra opción.

Ya quedó atrás el pedido de Hugo Moyano de un aumento del 25% y una cláusula de ajuste o cláusula gatillo, que se dispara si la inflación iguala o supera el aumento acordado, dentro del plazo de vigencia del acuerdo. Las cláusulas sujetas a condición son una fuente generadora de expectativas que potencian los procesos inflacionarios. Cada uno está recurriendo al método del "sálvese quién pueda", tratando de seducir con aumentos que compensen el impacto de la inflación.

El mercado laboral, la realidad de cada contrato no está sujeta a diagnósticos, encuestas o estadísticas, y se imponen los deseos y las necesidades cotidianas. Frente a esas necesidades, la dirigencia sindical no tiene respuestas satisfactorias, solo expresadas a través de una negociación anual de las remuneraciones, que en todos los planos no cubren las expectativas.

El frente empresario está dividido entre los oficialistas -que cada día que pasa son menos-que miran con preocupación al Gobierno Nacional y los independientes, que reafirman el peligro de la "hiper" y la conveniencia de adoptar una batería de medidas anti-inflacionarias urgentes. Entre ellos, se diferencian dos grupos. Los más fantasiosos que piden una Gran Paritaria Nacional o un Gran Acuerdo Nacional con aumentos uniformes basados en una banda de ajustes, y los pragmáticos, que piensan en un aumento indicativo, que cada grupo negociará conforme a sus posibilidades.

Obviamente nadie quiere ser el primero, y sobre todo, ningún dirigente quiere ceder ante la presencia de un nuevo oponente, que llamaremos el "sindicalismo disidente" liderada por la CTA, y apoyado en forma intencional por varios grupos de izquierda (CCC, PCR, PST, MST y otros), más por grupos piqueteros como Teresa Verón, el Polo Obrero, Barrios de Pié, etc., a lo que hay que sumar agrupaciones como las Madres de Plaza de Mayo y su Universidad, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que se integran a una suerte de protesta social que busca un proyecto de generalización en todos los estratos sociales.

En efecto, apareció un competidor externo, que emergió de la derrota de las últimas elecciones parlamentarias, donde la izquierda totalmente atomizada no pudo lograr ni el 1% de los votos, y perdió su representación en el Congreso Nacional. Si los grupos socialistas, comunistas, trotkistas y maoístas tenían alguna posibilidad dentro de la democracia, la perdieron en la última votación. Es por ello, que resolvieron aumentar su participación en las luchas sociales, junto a los piqueteros y barrios carenciados, junto a las medidas de fuerza en las empresas en crisis, y finalmente, en la puja por la distribución del poder en el ámbito gremial. Los expertos en autogestión de empresas recuperadas, como son los casos del Hotel Bauen, o de Cerámica Zanón o Brukman, junto a los grupos de extrema izquierda, que siguen afirmando que la propiedad privada es la base de todos los males, y propician la propiedad colectiva, tienen una oportunidad en los conflictos que sumen a la empresa en el caos y el desconcierto.

Si bien la CTA es la que asumió el liderazgo de la contradicción, sea por obra de sus convicciones no peronistas, ligadas a la izquierda en un abanico que va desde el socialismo moderado al trotkismo o al maoísmo más recalcitrante, los conflictos se apoyan sobre la militancia del representante gremial de la comisión interna. A su vez, distintos grupos han declarado la compatibilidad con el pensamiento de la CTA cuyo desarrollo fundamental se ha producido en un marco de sindicalismo plural dentro del ámbito de la representación de los empleados públicos.

Las negociaciones salariales no serán ajenas a la disgregación social que se experimenta en marco de incógnitas e incertidumbre. Es tal la contradicción que exhiben los actores sociales en la realidad cotidiana, que es muy poco probable que se puedan entablar negociaciones cuya gestión y resultados sean sustentables y generen un marco de satisfacción razonable. Es más, la negociación por actividad parte del principio de lograr un "mínimo común denominador" entre las partes en pugna, pero posicionadas sobre una media que está condicionada por la viabilidad de las empresas pequeñas y medianas, que en general, representan -salvo excepciones- el 90% del empleo, y en las que el costo laboral resulta vital para su subsistencia.

En definitiva, este año estará signado por dos o tres etapas, una inicial, otra que se desarrollará en el cuarto bimestre, y un último hacia fin del año, lo que prácticamente asegura, que la negociación salarial será un factor de aceleración del proceso inflacionario.

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