Descarte

Un primer paso contra la impunidad de los funcionarios de Estado que delinquen: sentenciaron a Nicolás Caffarello, que coimeaba a su gusto en la Dirección de Bromatología. Nadie se le animaba porque es una persona intimidante, y porque tiene un prontuario que incluye participación en grupos de tareas. Encima, fue voluntario.
“Con él tenías que arreglar”, dijo en el juicio un testigo que tiene años de trabajo en el rubro de la carne, y parece conocer a fondo el sistema de conexiones o poderes superpuestos que mantiene aceitados los caminos de las coimas, “si no, no podías trabajar tranquilo”.

Nicolás Miguel Caffarello es un personaje conocido dentro del ámbito municipal, específicamente en la Dirección de Bromatología, y de él habla el testigo. Todos lo conocían por Nico, y era con quien había que hablar cuando había un problema serio con los papeles de alguna entrada de material alimenticio que pudiera implicar riegos para la población. Según afirman muchos, el único con el poder instantáneo para que lo que era potencialmente peligroso dejara de serlo como por arte de magia, era él.

El mismo testigo cuenta que cierta vez, Caffarello le mandó a unos policías con una notita en mano: “Te mando a los amigos de la Cuarta. Antendelos como vos ya sabés”. Y al carnicero -que sí sabía cómo los tenía que atender- le temblaron el mostrador y el bolsillo. Los “amigos”, como él decía, no se iban a conformar con un kilito de milanesas. El asado sería multitudinario.

Los hechos que se narraron en el juicio acontecieron el 9 de noviembre de 2006, cuando -según parece- alguien se cansó del importante peaje que implicaban las operaciones comerciales de alimentos con Mar del Plata. Sucedió que el denunciante tenía que ingresar a Mar del Plata un camión con lechones que habían sido faenados en Miramar, y efectivamente necesitaba presentar un “número de tropa”, trámite que no poseía. Allí comenzó lo que terminó casi como una película de la mafia.

Toma uno

La situación se dio en el edificio de calle Bronzini que ocupa el Departamento de Reinspección Sanitaria de la Dirección de Bromatología municipal. Allí Caffarello le exigió al comerciante la suma de mil pesos como coima para resolver el problema de sus papeles. El dueño de los cincuenta lechones encontró que la cifra era excesiva, y según declaró en el juicio, estaba indignado como tantos, hartos de un proceder que se repetía de manera arbitraria. Decidió decirle al “jefe” que le daría los trescientos pesos que llevaba encima, y se comprometería a volver en un par de días con los setecientos restantes.

Obviamente que desde allí se fue a buscar entrevistarse con el entonces secretario de Gobierno municipal, Oscar Pagni, con el fin de advertirle acerca de lo que estaba sucediendo en aquella dependencia. Fue Pagni mismo quien inmediatamente se hizo eco de lo sucedido, y lo puso en contacto con la fiscalía correspondiente.

Llegado el momento, cuando las autoridades ya estaban suficientemente alertadas, el denunciante regresó a la Dirección de Bromatología, y allí encontró a Caffarello en la terraza haciendo un asado, como gran paradoja de los hechos que ya se volvían casi irónicos. En esa ocasión le hizo entrega de los setecientos pesos restantes. Pero cuando parecía que todo estaba resuelto, Caffarello vio que las fuerzas se seguridad ingresaban y lo encontraban infraganti con la coima que acababa de recibir. Así que hizo lo que se le ocurrió más oportuno: el delictivo procedimiento del descarte. Es decir, arrojó los billetes al fuego del asado. Realmente, no podía componer una escena más cinematográfica. Los funcionarios de la fiscalía rescataron el dinero antes de que se quemara en su totalidad, ya que ellos mismos habían marcado los billetes. Caffarello estaba sorprendido: él, en la municipalidad, siempre había hecho exactamente lo que había querido.

Lo siguiente fue una investigación judicial que vino a dar al Tribunal en lo Criminal Nº 3, a cargo de los jueces Juan Manuel Sueyro, Eduardo Alemano y Marcelo Fernández. Los tres magistrados dieron a conocer su sentencia el último 2 de mayo, donde consta que Caffarello efectivamente había cometido el delito de concusión e incumplimiento de los deberes de funcionario público en concurso ideal, por lo que merecía una condena de dos años de prisión, más cinco de inhabilitación para desempeñarse en cargos públicos. Un ejemplo inédito contra la impunidad de un famoso y oscuro jefe, que siempre estuvo rodeado del aura negra del intocable.

El juez Sueyro dijo: “… no considero que Nicolás Caffarello sea merecedor de buen concepto. Más allá de lo que pueda resultar de la indagación policial en el barrio del acusado, de si es o no un buen vecino, lo testimoniado por G. impide concluir del modo propuesto. Según ese declarante, el acusado es persona sin principios, que abusa de su cargo para la obtención de beneficios. La nota de fs. 48 le haría pensar al común de la gente que Caffarello es un "coimero", y a mí, ciertamente me causa el mismo efecto”. Y no hace falta nada más.

Toma dos

Ahora bien, ¿cuáles son las razones que hicieron casi una leyenda de este ilustre desconocido? Se cuenta en los documentos que emanan de la investigación judicial que Caffarello había comenzado su carrera en el GADA siendo un conscripto, para convertirse luego en el ejemplar dragoneante, y finalmente en una especie de alcahuete y fiel chofer, cargo que le mereció participación en acciones varias. Fue efectivamente identificado como partícipe en numerosos actos delictivos, entre los que se cuentan el secuestro del periodista Amílcar González, donde hoy se lo involucra.

Mar del Plata tiene casi 300 desaparecidos y apenas nueve represores procesados. El Ejército tiene dos presos en sus casas: el coronel Barda, jefe del GADA 601, y el general de brigada Arrillaga, ambos en Capital. Gracias a los testimonios se ha podido comprobar que Arrillaga interrogaba en las sesiones de tortura, y salía de cacería con peluca. El sargento ayudante José Almada declaró que por orden suya se torturó y ejecutó. Con esos antecedentes ilustres es ahora vicepresidente del Círculo Militar.

Su ex chofer no es otro que Nicolás Miguel Caffarello, alias "Tano" Nicola, un colimba que se integró por propia voluntad a los grupos de tareas. Se dice en los ámbitos judiciales que hoy en día es un protegido a ultranza de la policía de Playa Serena. Quién sabe por qué.

Lo cierto es que su prontuario histórico, obturado y súper secreto le valió un lugar de privilegio entre todos los coimeros. Especialistas en arrimarse al palenque donde rascarse, rememoraba los viejos tiempos haciendo que sus víctimas repartieran carne para asado y lechones por las comisarías.

Su actitud cuando se encontró rodeado hizo ver la madera de la que está hecho: quemar la plata y negarlo todo. Quién sabe si alcanzan dos años en suspenso para pagar el permanente descarte de pruebas que habrá instrumentado en treinta años. Pero el tribunal, hizo lo que correspondía, e informó al Tribunal Oral de lo acontecido para que fuera agregado a los Juicios por la Verdad. Mientras tanto, que le aproveche lo que le queda del asado.

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