El mundo conmemora este martes el 25 aniversario del accidente de Chernóbil, el peor de la historia del sector nuclear civil, en Ucrania soviética, en momentos en que se reactivan los temores sobre la energía atómica a causa de las fugas radiactivas de la central de Fukushima (Japón).
Los presidentes ucraniano Viktor Yanukovich y ruso Dimitri Medvedev rememorarán juntos la tragedia, en el lugar del drama, y discutirán sobre las medidas para mejorar la seguridad nuclear y ayudar a quienes limpiaron el sitio después de la explosión exponiéndose a altas dosis de radiación.
Medvedev ya indicó que Rusia propondrá ante la cumbre del G8 en mayo "iniciativas concretas para fortalecer las medidas de seguridad en las centrales nucleares".
Dichas medidas buscarán "aumentar la responsabilidad de los países que utilizan la energía atómica", añadió el presidente ruso.
El 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la central de Chernóbil estalló durante una prueba de seguridad a causa de errores de manipulación, provocando escapes de elementos radiactivos de una intensidad equivalente a la de 200 bombas de Hiroshima y contaminando a una buena parte de Europa.
El patriarca ruso Kiril, acompañado de sacerdotes y del primer ministro ucraniano Mykola Azarov, celebró en la noche del lunes en Kiev un oficio de difuntos.
Las campanas de una iglesia ucraniana sonaron 25 veces para marcar el número de años transcurridos desde la catástrofe.
"El mundo no ha conocido en tiempos de paz una catástrofe que pueda ser comparada a la de Chernóbil", declaró Kiril, recalcando que las consecuencias del drama eran comparables a las de la bomba atómica lanzada en 1945 por Estados Unidos sobre Hiroshima (Japón), pero multiplicada por 500.
Tras la explosión de Chernóbil, la URSS envió en cuatro años a 600.000 "liquidadores" expuestos a fuertes dosis de radiación con una protección mínima para apagar el incendio y limpiar la zona en torno a la central.
La cantidad exacta de víctimas sigue siendo tema de debate y millones de personas, según los médicos, sufren aún los problemas de salud derivados de la catástrofe.
Las autoridades ucranianas estiman que unos 5 millones de personas -ucranianos, bielorrusos y rusos- "sufrieron" por esta catástrofe. Buena parte de ellos vive aún en los territorios contaminados.
Para la organización ecologista Greenpeace, los efectos de la contaminación radiactiva (cáncer, daños al sistema inmunitario, enfermedades cardíacas...) podrían causar de 100.000 a 400.000 muertos en esos tres países.
Cifras que contrastan con el balance de la ONU, que estimó en 2005 en 4.000 la cantidad de personas muertas por las radiaciones.
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