Los 10 desafíos ineludibles de la agenda del próximo pontífice

Los 10 desafíos ineludibles de la agenda del próximo pontífice
La reforma de la curia, la unidad de la Iglesia, los problemas del banco del Vaticano, una reflexión sobre el ministerio y un mayor entendimiento con China y con el islam son sólo algunos de los temas que enfrentará el papa

Por Alberto Melloni |

ROMA.- La elección del nuevo papa ya comenzó . Los acuerdos conocidos y los desconocidos ya están cerrados. No falta mucho para saber quién será el sucesor de Benedicto XVI , aunque ya conocemos que quien sea elegido llevará consigo al trono de Pedro el estilo en el que se formó: una congregación, un movimiento, una orden, un colegio. Sabemos que frente a sí tendrá la agenda que se delineó en estas últimas semanas, que puede ordenarse partiendo de los problemas más fáciles para terminar en los más complicados.

1. La reforma de la curia

Todos han dicho obviedades sobre la curia romana. Que si no tienen estatura moral o intelectual deberían cambiar de profesión es una cosa obvia. Que debe terminarse con el afán de hacer carrera es otra obviedad. Que el secretario de Estado necesita un organismo de coordinación es obvio también. El papa sabe que esa reforma recae en él: sólo puede decidir si la realiza tomando en cuenta el informe con los pormenores del VatiLeaks o no.

2. El Instituto para las Obras de Religión (IOR)

El IOR (el banco del Vaticano) sólo causó problemas, y no sólo con los presidentes elegidos después del controvertido Paul Marcinkus. Hay otros inconvenientes, según dicen. Por lo tanto, el IOR debería reducirse. Durante siglos se pensó que el poder temporal era indispensable, pero cuando se terminó nos dimos cuenta de que era una liberación "providencial", como decía Pablo VI. Con el IOR ocurrirá lo mismo.

3. Los tradicionalistas

La renuncia de Ratzinger se precipitó tras el fracaso de las negociaciones con los tradicionalistas. Los lefevristas lograron hacer creer que son la mitad de la Iglesia: impusieron una agenda, generaron confusión, desorden, y no concedieron nada. Todos los negociadores -Ratzinger, Levada, Müller- fracasaron, porque el autismo teológico de quienes llaman tradición a su propia nostalgia no se cura con tratativas. O el papa emite un "perdón" que reconozca la debilidad de esa comunión o terminará estrangulando el poder de los obispos y apuñalando la fraternidad con el judaísmo.

4. El senado de comunión

Siempre se temió que un órgano de comunión del colegio episcopal amenazara la autoridad del papa. La renuncia de Ratzinger dice todo lo contrario: la soledad misma de Pedro lo dejó expuesto a las trampas de los ladronzuelos e indeseables y debilitó su figura. Tarde o temprano llegará un papa que, a diferencia de sus predecesores, creará un senado de la comunión. El próximo pontífice sólo debe decidir si se convertirá en el último de una lista o en el primero de otra.

5. La unidad de la Iglesia

Todas las iglesias viven una crisis de comunión, similar a la crisis de las democracias. Anthony Rowan, arzobispo de Canterbury, renunció en diciembre, y Antioquía, Sofía, Alejandría y Addis Abeba tienen nuevos patriarcas que buscan el diálogo. Entre Moscú y Constantinopla subsisten las rispideces. El sucesor de Pedro puede colaborar realmente con la comunión de las iglesias. En enero se cumplen 50 años del abrazo de Jerusalén entre Pablo VI y Atenágoras, señal de que no hay división incurable frente al amor. El nuevo papa no debe elegir si volver a Jerusalén, sino más bien cómo, por qué y con quién.

6. Obediencia al evangelio

En los pontificados recientes, la Iglesia se propuso que su fuerza sea mensurable en el espacio público, condenando leyes y costumbres en nombre de la ley natural. Muchos cardenales pidieron no apartarse de este horizonte en nombre de una "nueva evangelización" destinada a un Occidente poscristiano. Otros piensan que llegó el momento de poner el evangelio en primer lugar, incluso por encima de toda condena. Sobre este tema, el papa no decidirá imprimiendo una línea, sino, como decía Gregorio Magno, con una "palabra confirmada por la vida".

7. El ministerio

Urge una reflexión sobre los ministerios. Sobre los sacerdotes, muchas veces utilizados por las diócesis y los movimientos para pavonearse o sacar alguna ventaja. Sobre el florecimiento de los ministerios de esposos y mujeres.

Y fundamentalmente sobre los obispos, cuya elección es un asunto espinoso. Un sínodo extraordinario con todos los nuncios serviría para discutir con la misma libertad y seriedad con la que discuten los cardenales en estos días.

8. Oriente

El mundo del que el próximo papa será una antena desplazó el centro hacia Oriente, más allá de la tierra del islam y las guerras, donde se juega el destino del planeta: en la India, en Vietnam, en Corea. Y sobre todo en China, donde la Iglesia Católica enfrenta dos problemas. Uno es el referido a la elección de los obispos.

El otro problema es más profundo y se refiere al desafío que enfrenta un cristianismo que así como aprendió a hacerse pobre para anunciar el evangelio en el mundo bárbaro, celta, eslavo, árabe o africano, ahora debe hacer de nuevo ese camino de pobreza de Cristo, para aprender el idioma y la cultura de hombres y mundos que no pueden seguir lejos de Dios.

9. Islam

En este esfuerzo de humildad y pobreza, el catolicismo tal vez encuentre también el modo de entender la gran fractura del islam y alcanzar una "tregua", que no se obtiene buscando musulmanes "moderados" en el océano del rampante insurreccionismo salafista, sino hablando con la humildad y la firmeza de quien sabe que Dios mira al islam con otros ojos que no son los de los grandes imperios.

10. El concilio

El cónclave se abre en la festividad de Gregorio Magno, uno de los dos papas que, junto con Juan XXIII, puede decirse que marcaron un milenio. El primero, cantor de la contemplación y de la "regla pastoral"; el otro, iniciador de un concilio "pastoral", capaz de expresar la verdad en modo coherente con esa verdad crucificada que es Jesús. Para quien salga elegido papa del cónclave, ¿podría haber un auspicio mejor para mirar a lo lejos y saber llevar la barca de Pedro?

Traducción de Jaime Arrambide.

Comentá la nota