Con una realidad económica diametralmente opuesta a la que asumió, la gobernadora tiene como principal reto en su segundo mandato dar un salto cualitativo en su gestión. Cuenta a favor con una serie de factores invalorables para lograrlo. Dependerá en parte de su capacidad para leer las demandas de un electorado que en las urnas la avaló, pero que también le hizo un severo llamado de atención.
En una inequívoca muestra de que hizo una lectura acertada del mensaje que la sociedad dejó en las urnas tanto en el revés de la primera vuelta como en el triunfo del balotaje que le permitió ser reelecta, la gobernadora Fabiana Ríos habló durante la semana que pasó por cadena provincial, y en tono auto crítico reconoció que durante su primera gestión a su gobierno le faltó contacto con la sociedad. Que le faltó caminar las calles, inmiscuirse en la realidad tanto de los sectores más postergados, como de la clase media y los sectores de mayores ingresos. Realidades distintas con demandas propias a cada una, y otras que cruzan a todo el entramado social, como la falta de infraestructura de servicios, o la necesidad de mejorar los niveles de seguridad, por citar solo a dos.
No por nada, apenas ganó por menos de 1.000 votos.
Por eso, mirar para otro lado y desconocer las demandas del electorado -como intentaron hacer algunos de sus funcionarios apenas se conformó el triunfo del oficialismo en el balotaje- hubiera sido un grueso error que ya cometió esta gestión en otras oportunidades.
A partir de esa lectura acertada que no se centró exclusivamente en el triunfalismo que suele obnubilar y confundir, Ríos dejó en claro cuáles serán los lineamientos generales de su gestión, que son ni más ni menos que los que se le vienen reclamando desde hace tiempo.
Lo llamativo , eso sí, es que ese reconocimiento de errores se haya dado tras las elecciones y no antes, como para intentar un cambio de rumbo en las áreas que muestran mayores carencias.
Otro panorama
No obstante, Ríos iniciará su segundo mandato con un panorama diametralmente opuesto al del primero, ya que desde el 17 de diciembre de 2007 hasta hoy fueron muchos los logros de la gestión.
Antes del balotaje, la gobernadora afirmó que si perdía iba a entregar a una provincia con sus finanzas equilibradas y con los recursos necesarios para hacer frente a todas sus obligaciones, entre ellas el pago de salarios.
La recuperación económica de la provincia, en la que a los méritos propios de la gestión hay que sumar el invalorable aporte de la Nación, es justamente el principal acierto de Ríos, que opaca incluso al resto.
Entre estos, por mencionar solo algunos, está la firma del Fideicomiso Austral que permitirá la concreción de obras de infraestructura de vital importancia para la provincia; el florecimiento de la industria electrónica a partir de la sanción en el Congreso Nacional de la ley de beneficios impositivos para ese sector; la definición de los límites provinciales; la incorporación de profesionales y técnicos en el sector salud; la incorporación de hombres y equipamiento para la Policía; la construcción de una importante cantidad de viviendas; el tendido del gasoducto transmagallánico y la decisión de avanzar en la construcción del puerto de Río Grande.
En el debe hay puntos notables, como las dudas nunca disipadas que enmarcaron al acuerdo con los chinos; la negativa a convocar a una consulta popular para que el pueblo se exprese al respecto; la polémica remoción de un integrante del Tribunal de Cuentas que objetó ese acuerdo; la decisión de no habilitar los mecanismos de participación popular en relación a la renegociación de los contratos petroleros; la falta de resolución de casos policiales resonantes como la desaparición de Sofía Herrera y varios crímenes; los continuos problemas de infraestructura en las escuelas; y la incapacidad para establecer espacios de diálogo y negociaciones con los sindicatos estatales que permitan la rápida resolución de conflictos a fin de que los reclamos sectoriales no perjudiquen a toda la sociedad.
A lo que hay que sumar esa reconocida falta de contacto con la sociedad de parte de la mandataria y sus funcionarios, y la soberbia y altanería de muchos de ellos que atentan contra el normal desarrollo de la gestión.
En todos los casos, Ríos no debe dejar de tener en cuenta que los logros, en su mayoría, fueron compartidos. Y que los errores, exclusivamente, fueron responsabilidad propia.
A favor
Hoy Ríos se encuentra ante una oportunidad inmejorable. Tiene el aval de las urnas para profundizar las políticas de Estado que fueron eficaces y para cumplir con los prometido y no cumplido. La relación institucional que mantiene con la Nación es más que buena, al punto que su triunfo en el balotaje no cayó mal en la Casa Rosada, panorama que es probable que no se modifique en función del posible triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en las presidenciales de octubre. Cuenta con una economía equilibrada que le permite hacer frente al pago de salarios e ir honrando compromisos con municipios. Tiene las manos libres para realizar el necesario recambio de funcionarios para oxigenar la gestión de cara a los próximos cuatro años. Emergió de las elecciones como la máxima referente política de la provincia. Recibió la promesa de colaboración de la futura oposición legislativa.
No es poco.
El gran desafío para Ríos en su segundo mandato es dar un salto cualitativo que le permita dar respuesta a las demandas insatisfechas.
Para lograrlo el Gobierno dependerá más que nunca de sí mismo y de la capacidad que tenga la mandataria de seguir leyendo el mensaje de la sociedad como lo hizo en estas elecciones, y de acertar con los cambios de funcionarios eyectando a aquéllos que no cumplieron con las expectativas y a quienes pecaron de soberbios, que es más lo que restan que lo que suman.


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