Desafiante, Al-Assad niega concesiones

A pesar de la presión de los manifestantes, no anunció reformas ni levantó el estado de emergencia; convocan a nuevas protestas
DAMASCO.- A pesar de la creciente ola de protestas que estalló en Siria, y que deja entrever un destino similar al de Túnez y Egipto, donde longevas dictaduras se vieron forzadas a ceder ante la presión de la calle, el presidente Bashar al-Assad se negó ayer a hacer concesiones a los manifestantes y, en su primer discurso desde el inicio de la crisis, afirmó que su país enfrenta una "conspiración".

En una muy esperada intervención de casi una hora ante el Parlamento, transmitida por televisión, Al-Assad no anunció el levantamiento del estado de emergencia -medida sumamente simbólica que sólo él puede decidir- y rechazó hacer las reformas que reclaman los opositores al régimen.

Las palabras del mandatario decepcionaron a los sirios que esperaban cambios, que, de forma casi inmediata, convocaron a nuevas manifestaciones de protesta. Estados Unidos, por su parte, expresó su disconformidad y afirmó que Al-Assad "no estuvo a la altura" de las circunstancias.

"Nuestros enemigos trabajan sin descanso para golpear a Siria [...]. Hoy, Siria es objeto de una gran conspiración, cuyos rastros se extienden a países cercanos y lejanos", declaró Al-Assad, estimando que los enemigos del país aprovecharon la situación para sembrar el caos.

"Siria no está aislada de la región [...] pero no somos una copia de los otros países", agregó el presidente, en alusión a las protestas que sacuden al mundo árabe.

A pesar de las expectativas, Al-Assad no anunció el levantamiento del estado de emergencia, que rige en el país desde 1963 y que reduce las libertades públicas, permite la detención de toda persona "sospechosa o que amenace la seguridad" y autoriza la vigilancia de las comunicaciones y la censura de la prensa. El mandatario tampoco anunció nuevas leyes sobre el pluralismo político y los medios de información.

Se consideraba que el discurso era una prueba crucial del liderazgo de Al-Assad y que bien puede determinar el futuro del país. Anteayer, el gabinete entero había renunciado, lo que se interpretó como una concesión a los manifestantes que reclaman desde hace casi dos semanas mayores libertades cívicas.

Pero Al-Assad, que gobierna Siria desde hace 11 años, se limitó a decir que está "a favor de las reformas", sin dar mayores detalles. El mandatario declaró que las "prioridades" del próximo gobierno serán la lucha contra la corrupción y contra el desempleo.

A los pocos minutos del fin del discurso, las redes sociales se llenaron de activistas que pedían a los sirios que tomaran las calles.

Como viene sucediendo en los últimos meses en varios países del mundo árabe, el movimiento de protestas en Siria es motorizado principalmente por los jóvenes, que a través de Internet realizan convocatorias para reclamar reformas democráticas en el país.

En Deraa, epicentro de las protestas en el sur de Siria, miles de manifestantes participaron ayer de los funerales de Jalil Zatima, de 17 años, que murió tras haber sido herido hace una semana en los enfrentamientos con la policía.

Al-Assad, cuya familia gobierna Siria desde hace casi 40 años recurriendo a los temidos servicios de seguridad para monitorear y controlar hasta el más mínimo rumor de oposición, ha reprimido de forma sistemática las manifestaciones. La semana pasada, los choques con las fuerzas de seguridad causaron entre 55 y 100 muertos.

Tras el discurso de Al-Assad, el vocero del Departamento de Estado norteamericano, Mark Toner, afirmó que el mandatario no cumplió con las expectativas de los sirios. El discurso de Al-Assad "no estuvo a la altura de las reformas" que "exigen" los manifestantes, dijo.

Una creciente inestabilidad en Siria es un factor de inquietud para la Casa Blanca, debido a los fuertes lazos de Damasco con la milicia libanesa Hezbollah y con las facciones extremistas palestinas, que han encontrado protección en el régimen sirio.

Nadim Hury, miembro de la ONG Human Rights Watch, calificó la intervención de "terriblemente decepcionante", mientras Amnesty International lamentó que Al-Assad hubiese "desperdiciado una oportunidad real de levantar el estado de emergencia".

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