Se derrumba en Mendoza la capacidad de compra en los súper

Se derrumba en Mendoza la capacidad de compra en los súper
Según un estudio de la consultora Abeceb, los mendocinos deben gastar 28% más para comprar lo mismo que en 2008.
Que el sueldo rinde cada vez menos frente a las góndolas es una verdad de Perogrullo. A criterio del Indec, el gasto en los supermercados se disparó en diciembre de 2010 por encima de los $ 100 por ticket, pero según un estudio privado, en Mendoza hay dos indicadores que miden cómo la huella inflacionaria se siente más que en otras provincias: encabeza el incremento del gasto promedio, con 37,2% (la media nacional roza el 29%), y al mismo tiempo los mendocinos pueden comprar menos, o, en otras palabras, deben destinar un 28% más de sueldo para llevarse a casa lo mismo que a fines de 2008.

Esa progresión, confirma el informe comparativo de la consultora Abeceb, "se debió no sólo al auge del consumo sino a mayores precios en el mostrador". El ticket promedio avanzó casi un 29% en 2010 tras haber registrado un alza de 26,1% en 2009, cuando la capacidad de compra en Mendoza promediaba los 36 tickets mensuales. En cambio, el bolsillo de quien está acostumbrado a proveerse en súper o hipermercados locales actualmente sólo le permite hacer 26 visitas al mes.

A nivel país, si se toma el salario promedio y se lo compara con el ticket promedio por distrito, se observa que en diciembre de 2008 se podía ir hasta 40 veces al supermercado mientras que, en diciembre del 2010 esa frecuencia se había reducido a 31 visitas, o tickets. Esto quiere decir que la capacidad de compra se llegó a reducir en esos años un 22,5%.

Los gastos mayores hacia diciembre de 2010 se ven en los 24 partidos de Buenos Aires y Santa Fe. Aquí los consumidores, de acuerdo al estudio, gastaron entre $ 124,7 y $ 126,7 respectivamente en el último mes de 2010, "condicionados por los altos ingresos y el comportamiento de los precios. En contraposición, los menores montos se dan en Entre Ríos y provincias del Norte, por menor nivel de salario y costos de los productos de primera necesidad".

Ramiro Lucas, economista autor del análisis, explica que "los montos varían según la provincia no sólo por el diferencial en poder adquisitivo, la inflación y los precios de los productos sino por la proximidad al centro de compra". Y lo ejemplifica con Capital Federal, donde el gasto promedio por ticket es inferior al resto del país ($ 94 hasta fin del año pasado), pero "la extrema cercanía al centro de compra determina mayor frecuencia de visitas y menor monto de compra".

Más por menos

Mientras el estudio le asigna a la plaza mendocina un ticket cercano a los $ 84 (en general las cadenas reconocen que lo supera ampliamente), la contracara de la relación salarios- capacidad de compra es Chubut. Los sueldos patagónicos amortiguan el impacto de la inflación, habida cuenta de que la cantidad de visitas, para una compra de $ 92,5, se redujo de 59 a 51.

Sin dudas, un modo incuestionable de cuantificar el efecto inflacionario es el deterioro paulatino del dinero al llegar a la línea de cajas de cualquier local. Algo que confirman los supermercadistas de Mendoza.

"Actualmente, medir el consumo pasa más por las unidades vendidas que el ticket promedio, con la cifra ajustada por inflación. En comparación con el primer bimestre de 2010, la cantidad de artículos y transacciones se mantiene, con lo que está más que claro que la gente gasta más para llevarse lo mismo", analiza un directivo de Wal-Mart .

Al respecto, al cabo de los dos primeros meses de 2011 desde la cadena confirman un ajuste cercano al 20% en relación a igual período del año pasado. Al margen del factor precios, ¿cuánto influye la proximidad de una sucursal en las decisiones y frecuencia de compra? Para el híper que maneja dos formatos como Supercenter (gran superficie) y Changomás (menor), la incidencia es importante.

"En 2010 crecieron las ventas de las superficies menores a costa de las grandes. En Guaymallén, de acuerdo a la cercanía los clientes hacen entre 2 y 4 visitas semanales. La experiencia indica que cuando hay sensación inflacionaria la gente hace compras diarias y más pequeñas, y evita la tentación de ir a un híper".

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