Denuncian que quemaron y torturaron a un preso en libertad condicional

Denuncian que quemaron y torturaron a un preso en libertad condicional
Se trata de Mauro Rodríguez, de 26 años, que sufrió graves lesiones en la cara, manos, brazos y orejas. Alguien incendió el calabozo donde se encontraba alojado solo. Según el informe del Servicio Penitenciario, se autolesionó. El joven fue trasladado al penal nuevamente por un error administrativo. Se habla de una supuesta venganza.

Un joven de 26 años sufrió graves lesiones en el rostro y el cuerpo al ser quemado y golpeado en un calabozo de la Unidad Penal Nº 1.

Se trata de Mauro Alejandro Rodríguez, quien se encuentra con el beneficio de libertad condicional y en febrero del año que viene cumple la totalidad de la pena por el delito de robo calificado.

Su madre, Zulma Beatriz Correa, realizó varias presentaciones en el juzgado de feria, vinculadas a malos tratos, agravamiento de las condiciones de detención y lesiones graves (quemaduras en la cara, manos, brazos y orejas) producidas en el calabozo de la Unidad Penal 1 donde estaba alojado su hijo.

La mujer también reclamó adecuada atención médica para su hijo, resguardo físico y garantías para su vida.

En tanto ante el juez de feria, el doctor Leandro Maciel, presentó un habeas corpus correctivo por agravamiento de sus condiciones de detención, y ante el fiscal de Instrucción Gustavo Roubineau una denuncia por las lesiones y los malos tratos.

“Yo luché cuatro años y nueve meses para lograr la libertad condicional de mi hijo. Por un error administrativo lo volvieron a encerrar y ahora el Estado me devuelve a un hijo discapacitado”, manifestó Correa en diálogo con El Litoral.

De su relato se desprende que Mauro Rodríguez desde noviembre de 2011 estaba gozando del beneficio de la libertad condicional, firmando mensualmente la planilla que requiere tanto el Juzgado de Ejecución de Condena como el Patronato de Liberados. Terminó sus estudios secundarios y estaba trabajando por cuenta propia en un pequeño emprendimiento de venta de productos de limpieza.

El pasado mes de junio se enfermó y estuvo con problemas renales que deterioraron su salud y motivaron visitas y estudios médicos varios en el Hospital Escuela, por lo que no pudo cumplir con el compromiso de ir dos veces por mes al juzgado a firmar su planilla. Cuando se presenta a firmar al Juzgado en Feria el día miércoles 10 de julio, le comunicaron que estaba revocada su libertad condicional y lo alojan otra vez en la Unidad Penal Nº 1.

Todo ese día permaneció en la celaduría porque insistentemente le manifestaba al oficial de servicio Leiva, que no quería ser alojado en los calabozos, que él sólo estaba por un problema administrativo, que no había podido resolverlo por la feria judicial pero que esperaba solucionarlo lo antes posible. El jueves 11, el jefe de seguridad interna Diego Fernández dispone de todos modos alojarlo en una celda de aislamiento. Ese mismo día jueves identifica entre el personal penitenciario a Carlos Fernández, a quien conoce por razones de vecindad y con quien tuvo un incidente tras una gresca callejera, por ruidos molestos en un baile familiar en el barrio Mil Viviendas, hecho ocurrido en el verano.

Según manifestó Correa, este penitenciario ya le había advertido que iba a hacer lo posible para que regresara a la unidad y que allí lo iba a pasar mal. La noche del jueves 11 ese penitenciario estaba de guardia y todo el tiempo hubo hostigamiento y maltrato verbal mientras estuvo de “recreo” fuera de la celda. Pasadas las 22 hs., encerrado solo en aislamiento, ve que por el hueco del pasaplatos le tiran pedacitos de gomaespuma encendidos, que terminan tomando contacto con su colchón. Entre el humo y el fuego se trepó a la ventanita de su celda y pidió auxilio a gritos. Sintió que se asfixiaba, le ardían las orejas, la cara y las manos. Finalmente ese mismo guardia lo sacó del calabozo y a los golpes y a las patadas lo llevan al sector de sanidad. Recién a media mañana del viernes 12 de julio es trasladado al hospital, donde recibe curaciones. Al enterarse de lo ocurrido, su madre se dirigió al Penal y allí el informe que el Servicio Penitenciario eleva al Juzgado de Condena es que Mauro Rodríguez debió ser atendido en el Hospital Escuela por haberse infligido “autolesiones”.

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