Luego de varias crisis, en noviembre 2015 el Parlamento portugués fraguó una alianza de izquierda para empinar como primer ministro al socialista Antonio Costas y las presidenciales de este año ungieron presidente al conservador Marcelo Rebelo de Sousa.
Su primer y obvio desafío será que el Ejecutivo de izquierda y la Jefatura de Estado de derecha logren gobernabilidad, sobre todo porque el último tiene, aunque pocos, importantes poderes como por ejemplo vetar leyes, disolver el Parlamento y convocar a elecciones.
Rebelo de Sousa, un mediático profesor que también es comentarista televisivo, no llegó con un discurso duro de ajuste tradicional sino con el de acercar posiciones para el tema que desvela a los lusos y a la Unión Europea (UE): la renegociación de la deuda de uno de los países más complicados del bloque regional.
Vale recordar que en 2011 Portugal debió aceptar un préstamo de 78.000 millones de dólares de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI), a cambio de un brutal ajuste que impactó directamente en las clases más humildes y en los trabajadores que ganaron las calles en rechazo a esas políticas.
Esa herencia que dejó el presidente saliente, Aníbal Cavaco Silva, era la primera piedra de la discordia entre Rebelo de Sousa y Costa. Aunque esquivando la tormenta, derecha e izquierda lograron ponerse de acuerdo para presentarle a la UE una propuesta alternativa que menguara los efectos del ajuste tradicional al estilo español o griego.
Como no pocos analistas sostienen, Costa se encuentra entre el fuego de dos troikas: la europea que le presta dinero y su socia de izquierda (Partido Comunista de Portugal y los Verdes) que le presta los votos. Ese delicado equilibrio se vio reflejado en dos proyectos que apuntaron a conformar a ambos bandos.
A Bruselas con el primer borrador presupuestario presentado, con la promesa de rebajar el déficit al 2,6% y un crecimiento económico del 2,1%. Y a sus socios, con varias medidas que buscan reponer políticas del periodo del gobierno socialista 2005- 2011.
Sin embargo, ese primer proyecto no fue aceptado por Bruselas y el Foro de Davos señaló en su informe sobre riesgos para 2016 la "ingobernabilidad" de España y Portugal como segundo mayor riesgo, sólo superado por la altísima tasa de desocupación.
Por tal razón, Costa presentó un segundo proyecto que terminó -al menos por el momento- de satisfacer a las dos partes, pese a que debió modificar aspectos y promesas de campaña. En este marco, Rebelo de Sousa oficia de equilibrista y cumple con aquella premisa de no confrontar y acordar con los socialistas.
Costa rectificó en casi 900 millones de euros el crecimiento del PIB (del 2,1% al 1,8%), reducción del déficit del 2,6% al 2,2% y rebaja al 127% del PIB.
El grueso de los cambios recayó en los impuestos indirectos que suben un 6,6%, en tanto que los impuestos directos bajan 2,2 puntos.
Tampoco habrá reposición de empleados públicos y sólo se contratará uno por cada dos bajas definitivas. En tanto el gasto público va a bajar dos puntos en 2016, se aplazó la rebaja del IVA, algo que entre otras cosas perjudicará a productos esenciales como el pan y la leche.
No obstante, Costa puso de manifiesto que se pueden aplicar medidas adicionales, pero prometió que no se centrará en los salarios y las pensiones y aseguró no sentir que haya crecido la presión de Bruselas ni de los socios de izquierda.
"No tengo la sensación de que haya crecido la presión, ni de Bruselas ni de los socios del Gobierno. La vida es un juego de presiones", señaló el también líder socialista en una entrevista concedida al semanario luso Expresso.
Una vez presentado el nuevo proyecto ante la Asamblea de Portugal, el jefe de la bancada comunista Joao Oliveira, apoyó las mejoras sociales que incluyen el nuevo presupuesto como la deducción de 550 euros por hijo, el aumento del salario mínimo, la actualización de pensiones y el fin a los recortes en salarios de los empleados.
También la canciller alemana, Angela Merkel, le ofreció todo su apoyo a Costas, aunque no dejó de recordarle que "tendrá que seguir con las reformas".
La posición discordante llegó por el lado menos pensado: el ministro de Finanzas luso, Mario Centeno, afirmó que el escenario fiscal del Presupuesto no es el que él quería.
"Revertir la austeridad es un proceso gradual, que sólo se consigue hacer dentro de una restricción presupuestaria", aseguró Centeno, quien admitió que el escenario fiscal que se incluye en los Presupuestos "no es el que yo quería", en declaraciones ofrecidas al mismo semanario Expresso.
El funcionario señaló que su equipo "defiende que los impuestos son una cosa que se debe usar comedidamente, con un determinado objetivo", y que esa lógica estuvo presente junto a la necesidad de equilibrar el presupuesto.
Sobre medidas concretas, el titular de Finanzas reconoció que no puede asegurar que la reposición de las 35 horas semanales en el sector público se produzca este año, ya que se aplicará cuando se pueda garantizar que esa medida "puede empezar a aplicarse sin aumentos del gasto".
Pero uno de los aspectos tal vez más conflictivos lo señaló el ministro de Economía, Manuel Caldeira Cabral: "Si no actuamos, el éxodo masivo de jóvenes perjudicará el crecimiento potencial de la economía de manera permanente".
"Coincidimos en no coincidir en áreas como la reestructuración de la deuda pero estamos todos comprometidos a restaurar la justicia social", sostuvo sin medias tintas el funcionario.
¿Por qué? Porque el voto juvenil fue clave para la formación del gobierno de Costa, quien desde que era alcalde de Lisboa fue apoyado masivamente por los más jóvenes de su partido.
Y desde que Portugal se vio forzado a pedir el rescate condicionado a una serie de duros ajustes, medio millón de jóvenes se fueron del país y sólo en el último año lo hicieron 110.000, equivalente al 2% de la población activa, corridos por salarios que no superan los 600 euros mensuales.
Las cifras suelen aclarar las cosas por sí mismas: el desempleo alcanza al 14% de la población activa, pero se eleva hasta el 38% en los jóvenes, mientras que según los datos oficiales, el 18,7% de los portugueses viven por debajo de la línea de pobreza.
El desafío es grande y complicado, aunque un factor externo puede terminar dándole al gobierno luso una mano en las negociaciones con la troika: que al igual que sucedió en Grecia con el triunfo de Syriza, en España logre formar gobierno la izquierda de Podemos.
Tres gobiernos de izquierda contra Bruselas parece poco, pero siempre es mejor que estar peleando en soledad y haciendo equilibrio permanente con un presidente de derecha en su propio país.
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