Por una obra paralizada, las clases se dictan en un salón prestado que no reúne las condiciones mínimas de comodidad.
A 8 kilómetros de la localidad de Purmamarca, siguiendo por la ruta nacional 9, cruzando el río Grande, se encuentra Tunalito, donde hace ya más de dos años los niños del lugar y otros parajes asistían a la escuela primaria y rural en su primer y antiguo edificio.
Aquella vieja construcción ya no se usa más, ya que fue demolida en gran parte el año pasado por las condiciones de sumo deterioro en la que se encontraba. Frente a ello alumnos y personal de la institución debieron salir inmediatamente para no correr peligros.
Con la promesa de que en tres meses la refacción del edificio estaría completa, la escuela se trasladó al salón comunitario de la comunidad aborigen de Tunalito, que generosamente y en preocupación de que los niños debían seguir tomando clases, prestó sus instalaciones.
Fue así como las sillas, las mesitas y los pizarrones tuvieron que ser ubicados en el salón comunitario en forma totalmente improvisadas para tratar de imitar las buenas condiciones de cualquier establecimiento educativo.
La imaginación de quienes están a cargo de la enseñanza de los niños supera la mala situación y montaron bibliotecas y estantes de cajones de madera en las aulas de los ciclos y en el jardín. Los mismos fueron cedidos por las familias del lugar que se dedican a la agricultura, con ellos realizan la cosecha de las frutas y verduras.
Por otro lado, al ser un edificio prestado, no se pueden hacer modificaciones y por ese motivo los pizarrones no pudieron ser colgados en las paredes y desde hace dos años hasta el día de hoy están puestos también sobre cajones de madera, que no ofrecen seguridad alguna ni para los maestros ni para los alumnos.
Sin embargo, los buenos ánimos de la directora, de los maestros y de los niños hacen que la escuela siga funcionando a pesar de no contar con una buena infraestructura y a pesar de que el aprendizaje diario se dificulte, ya que no existen paredes divisorias, las aulas están separadas por tela ecológica.
"A veces pregunto las vocales y me responden los alumnos de al lado, porque se escucha todo, lo que enseño yo y lo que enseñan los otros maestros y a veces los chicos se confunden", explicó con gran preocupación, Elma Cruz, directora y maestra de la escuela.
La directiva también sintetizó cómo sucedieron los hechos. "Desde el año 2011 comencé con los trámites ante el Ministerio de Educación debido a la mala situación en la que estaba el edificio anterior, las paredes a punto de caerse, pérdidas de agua, humedad, entre otros problemas. En el año 2012 se logró que se hagan planos y se destine un presupuesto, nos trasladamos urgentemente al salón comunitario y recién en el año 2013 se designa a una cooperativa de Tilcara para que se haga cargo de la obra, vinieron y demolieron gran parte del edificio y no volvieron más".
Finalmente agregó que el encargado de la cooperativa alegó que no iban a continuar porque no habían recibido el pago por parte del Ministerio y la obra quedó paralizada durante todo 2013. Con nuevas gestiones de la directora ante Infraestructura Educativa se designó a una empresa jujeña para la culminación de la obra, la cual llegó hasta Tunalito hace un mes, vio el estado de la misma y se retiró prometiendo volver al día siguiente con trabajadores, maquinarias y herramientas para terminar la escuela, lo que no sucedió.
En julio vence el plazo del acuerdo entre la comunidad aborigen de Tunalito para que la escuela ocupe sus instalaciones y hasta ahora no tienen soluciones concretas por parte de ninguna autoridad del Gobierno de la Provincia.
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