La letal Task Force 373, en la mira tras las filtraciones
Entre los miles de documentos, se cuentan 200 incidentes que involucran a la Task Force 373, una unidad de elite dedicada a las operaciones especiales y encargada de perseguir y matar a enemigos en Afganistán.
Ante la denuncia de que las tropas estadounidenses están cometiendo crímenes de guerra, oficiales militares e incluso expertos en este asunto dijeron que las listas de enemigos a aniquilar, pese a ser desagradables y embarazosas, son una característica inevitable de cualquier guerra.
Algunos de ellos, sin embargo, advirtieron que sin un control adecuado que asegure la protección de los civiles inocentes, esas eliminaciones planificadas pueden considerarse actividades criminales.
En los documentos figuran detalles de las misiones de la Task Force 373 que revelan tanto la violencia como los errores, las decisiones cuestionables y sus letales consecuencias? a veces bajo fuego, y otras no.
La guerra de Afganistán, con sus listas de terroristas a eliminar, su combate contra la insurgencia y sus armas de alta tecnología, plantea preguntas difíciles. "Es realmente difícil saber en qué punto termina el asesinato y en qué punto empieza la guerra", dijo Tom Parker, director de la división estadounidense de Amnistía Internacional.
En junio de 2008, la Task Force 373 se lanzó a la búsqueda del líder talibán Qaru Ur-Rahman. Según los archivos, fuerzas estadounidenses, amparadas por la oscuridad, abrieron fuego contra algunos presuntos insurgentes y llamaron a un helicóptero de combate para cargar contra los enemigos.
Sólo más tarde advirtieron que siete de los que resultaron muertos y cuatro de los heridos eran agentes de la policía afgana. El incidente fue rotulado como un "malentendido".
En otra misión, los miembros del comando llevaron a cabo una incursión secreta, con la esperanza de atrapar al comandante de Al-Qaeda Abu Laith al-Libbi. Se lanzaron cinco cohetes contra un grupo de edificios, y cuando los soldados entraron en la zona descubrieron seis insurgentes y siete niños muertos. Al-Libbi no estaba entre ellos.
El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, dijo que cree que estos ataques son sólo algunos de los "miles" que podrían investigarse en busca de pruebas de crímenes de guerra.
Pero los expertos no se atreven a ir tan lejos. "No creo que este incidente alcance el nivel de crimen de guerra, pero me perturba enormemente que siete niños hayan muerto", dijo Parker.
Los ataques con blancos predeterminados, agregó, están en la frontera de lo aceptado en un conflicto armado. "Estamos ante una nueva forma de guerra ?dijo?. La tecnología nos lleva a un lugar nuevo y plantea preguntas que no existían hace 20 años. Muchas de esas preguntas no tienen respuesta? habrá que ver si resultan aceptables."
Parker expresó las mismas preocupaciones que han acosado a los militares, al gobierno y a los miembros del Congreso durante los dos últimos años: ¿cómo puede evitar Estados Unidos las bajas civiles que provocan el rechazo de la misma población civil que se intenta conquistar?
"Esto es una guerra. El enemigo dispara contra nosotros, y nosotros disparamos contra ellos", dijo el representante demócrata Adam Smith. "¿De verdad estamos insinuando que mientras los talibanes siembran bombas suicidas nosotros deberíamos tratar de no matar a nadie?"
Según Parker, los norteamericanos pueden aceptar la idea de un equipo abocado a la eliminación de un enemigo general, pero cuando esa eliminación se reduce a una lista de nombres, se torna menos digerible. "La personalización causa inquietud", dijo. Sin embargo, el intento de matar o de capturar a los líderes enemigos "es precisamente lo que hacen los países cuando están en guerra", alegó Juan Zárate, ex funcionario contraterrorista del gobierno de Bush.
Es justamente la contrainsurgencia ?que enfrenta a los militares con una banda de militantes en vez de un ejército tradicional? la que desdibuja los contornos clásicos del combate.

Comentá la nota