El ejecutivo del grupo Techint Luis Betnaza dejará la vicepresidencia primera de la Unión Industrial Argentina y pasará a ser vice segundo luego del reclamo de una de las líneas internas para que se respete un viejo acuerdo. En su lugar, iría un directivo del grupo azucarero Ledesma, mientras se espera la asunción del nuevo titular, José Ignacio de Mendiguren.
Además, según el diario Clarín, la secretaría de la central fabril, a su vez, recaería en un directivo de la Aceitera General Deheza (AGD), en tanto que Arcor se quedaría con la vicepresidencia tercera.
De confirmarse estos movimientos en el directorio de la UIA, la entidad quedaría con los siguientes nombres: De Mendiguren presidente, Miguel Acevedo, de AGD, secretario, que en la UIA opera como el número dos ; Federico Nicholson, de Ledesma, vicepresidente primero; Luis Betnaza, de Techint, vicepresidente segundo, y Adrián Kaufmann Brea, de Arcor, vicepresidente tercero.
Salvo De Mendiguren, el resto son figuras del establishment empresario, representantes de grandes holdings. Algunos de ellos tienen un pie en la Unión Industrial y otro en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), una entidad muy enfrentada al gobierno kirchnerista.
Una vez designado y antes de asumir, el dirigente comenzó a marcar algunos de los que serán los lineamientos de su gestión. A grandes rasgos anticipó que va a conservar un tono crítico con el oficialismo pero que tratará de tener una relación de diálogo abierto con el Gobierno actual y con el que venga después de octubre.
Según este nuevo esquema, la UIA tendrá un presidente que cuenta con el apoyo de la industria liviana, las pymes y los sectores “sensibles” vinculados al mercado interno. En tanto, el resto de los puestos clave del Comité Ejecutivo habrá quedado en manos de viejos y nuevos empresarios industriales.
En la definición de los distintos puestos de la central industrial influyó el “lobby” del Gobierno a favor del “vasco” De Mendiguren un hombre más ligado a los intereses de la industria local, capaz de encontrar un punto de equilibrio en las negociaciones con los funcionarios, especialmente en un año electoral

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