Una definición que proyecta sombra en lo que viene

Por: Hernán de Goñi

Modelo que funciona no se cambia. Parece un lugar común, pero en política es casi una ley. En general, el incentivo a modificar una política lo genera el fracaso. Fue lo que sucedió con la caída de la convertibilidad, con el agregado de que para ese entonces la crisis había agotado cualquier margen de maniobra. Lo que vino después fue un derrumbe, que no dejó tiempo para planificar nada.

Si Cristina Kirchner consiguió su reelección con una política económica que partía de la base de una fuerte regulación e intervención del Estado, no era lógico esperar un rumbo muy diferente. Algunos empresarios, sin embargo, mantenían una cierta expectativa sobre la posibilidad de que viniera un tiempo apto para introducir correcciones, impulsadas no por el temor a un cimbronazo sino por la conveniencia de estar preparado para una reversión del ciclo, cada vez más evidente.

Las restricciones aplicadas ayer en el mercado cambiario solo buscan resolver una coyuntura y no actúan sobre las causas. En otras palabras, el Gobierno no solo no reconoce la necesidad de conquistar la confianza de los inversores, sino que ratifica los motivos de su desconfianza.

Si Cristina tiene alguna carta para equilibrar el pesimismo que disparó el intervencionismo de ayer, será mejor que la muestre rápido. Si no lo hace, no harán falta más palabras.

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