Julio Chingoleo, Carlos Eliceche, Rubén Fernández y Carlos Maestro. Son los principales aspirantes a una banca como diputados nacionales.
Es allí cuando parecieran quedar afuera la militancia, las capacidades y los acuerdos. Todo queda afuera. Y ninguna de las decisiones que se tomen, seguramente, conformará. Con escasos lugares por llenar, indudablemente, no hay territorio para todos.
Llama la atención la manera en que se puja por esos destinos. ¿Qué tendrán de especial? ¿Alguien pensará que tenerlos significa trabajar por aquellos que no tienen lugar en ningún sitio?
Lo cierto es que, más allá de cualquier especulación, las decisiones se toman de manera vertical. Y está bien, corresponde a historias partidarias que poseen líderes en sus estructuras orgánicas.
Pero conocidas las decisiones, los sin lugares y los que sin identificación partidaria critican participando en nada; levantan el dedo acusador y expresan su repudio a las conductas supuestamente antidemocráticas. Denuncian traiciones, señalan violentamente a los unos. Los otros amenazan con formar sus propios bloques. Nada más cercano a típicas acciones políticas, que ya han superado también la línea del hartazgo.
La mayoría critica el modo de elegir los candidatos. Y algunos referentes salieron a explicar esa metodología, que responde únicamente a una línea dentro de un partido. Puntualmente, los casos más resonantes son el armado de las listas de candidatos a diputados del FPV y Unión Popular.
La explicación fue contundente, aunque no sirva para conformar a los desplazados.
En el caso del FPV, la decisión de los nombres en la lista fue exclusivamente de la Presidenta de la Nación Cristina Fernández, que además es la representación máxima del kirchnerismo, entonces no es ilógico pensar que ella tome las decisiones que le parezcan pertinentes para darle continuidad a un modelo, con los nombres y los hombres señalados.
Como están planteados los escenarios, la Presidenta ha demostrado tener la necesaria autoridad para tomar las decisiones que ha estimado convenientes. Y es difícil quitarle ese lugar que hoy ostenta. No está mal que esto suceda, ya que es una manera de mostrar firmeza y convicción. Y sin ir más lejos, idéntica modalidad mantuvo el gobernador Mario Das Neves, al decidir por cuenta propia sus candidatos a diputados: Rubén Fernández, Nélida Burgueño y Juan Domingo Perón. Y tampoco es cuestionable tal decisión, porque la manera de elegir habla de modelos de conducción. Puede gustar o no. Es la forma en que están organizados.
En las elecciones primarias, la única fuerza política que tendrá internas será la UCR, presentando dos boletas, con dos corrientes diferentes. Una lista encabezada por el ex gobernador Maestro y, por el otro lado, José Chingoleo, intendente de 28 de Julio. En el caso de los radicales, podría decirse que no han logrado aunar criterios para dar a luz una lista de consenso. Más allá de no tener un líder que pueda alinearlos. Tampoco esto puede discutirse, porque legítimamente expondrán sus opciones.
Todos estos nombres se verán en las boletas de las próximas elecciones primarias, y allí, más allá de cualquier decisión de los líderes partidarios, quien tendrá la elección final con su voto deberá ser la ciudadanía.
¿FEUDALISMO? ¿O SISTEMA PARTIDARIO?
Con la lista armada también aparecieron los que tildan tales decisiones de conductas feudales. El feudo era el “contrato por el cual los soberanos y los grandes señores concedían en la Edad Media tierras o rentas en usufructo, obligándose quien las recibía a guardar fidelidad de vasallo al donante, prestarle el servicio militar y acudir a las asambleas políticas y judiciales que el señor convocaba”.
Este sistema, que pertenece a tiempos medievales, se ha perpetuado en sus más diversas formas. Y así parece funcionar el sistema político de representaciones en nuestro país. Y en la actualidad, otorgar cargos implicará guardar fidelidad con el propietario del proyecto, o de la línea partidaria gobernante.
Entonces, no se trata de juzgar -o no- un comportamiento de tipo feudal, se trata de que los mismos representantes de la política han aceptado este sistema como el único que impera dentro de sus partidos. Ya no se trata de feudalismo, sino de una obediencia partidaria en favor de quien se ha hecho digno de merecerla. En el caso del FPV, la obediencia pasa por acatar las decisiones de la Presidenta. En el otro por tomar el camino que indica Mario Das Neves.
Estamos ante una conducta institucionalizada dentro de los partidos. ¿Cuál es la sorpresa? Cuando el Nuevo Espacio –allá cuando era nuevo- se separó del dasnevismo, uno de los argumentos fue el no estar a favor de las elecciones a dedo de funcionarios. Pero al parecer, así funciona el sistema partidario de la Argentina. El irse no implica el cambio de las reglas, y el dedo que digita, elige y manda, sigue moviéndose del mismo modo. Y en la mayoría de los casos, esa parece ser una de las demostraciones de organización y vigor a la que pueden aspirar los partidos políticos hoy en día.
Los que conservan la esperanza aguardan que el voto en las urnas pueda convertirse verdaderamente en ese dedo que elige y decide quién debe gobernar y representarnos.
Porque mientras se pelean por tener lugares de poder, en la sociedad hay quienes pelean para poder tener un lugar. Y los que están afuera levantando su dedo para criticar, deberían participar.



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