La decisión de avanzar y arriesgar

La decisión de avanzar y arriesgar
Mientras coquetea con su habitual generación de incertidumbre, el gobernador Daniel Scioli salió de los subsuelos de cierto pesimismo en la relación con el matrimonio que hoy ocupa la Casa Rosada. A diferencia de otras épocas, la reconciliación absoluta pasó a ser algo más utópico.

Por primera vez, tras aquél encuentro en privado con Néstor -con ciertas dosis de coraje que, al menos, no demuestra habitualmente-, Scioli se dispuso a negociar una tolerancia pacífica o pacto mutuo de no agresión.

Ese pacto puede inferirse de ciertos gestos. Por un lado, Scioli concurre adonde no asisten los "K", como el coloquio de los empresarios de IDEA en Mar del Plata. Allí el discurso opositor suena como melodiosa música para ese sector dominante de la economía.

Pero, por otro lado, Scioli administra ciertos contrapesos.

En ese contexto, no fue sorpresivo que apoyara el veto de la ley del 82 por ciento móvil y que algunos de sus funcionarios de segunda categoría salieran a respaldar y ampliar esa postura en algún comunicado oficial.

Pero la diferenciación preocupa al kirchnerismo en sus bases. Es porque infieren los preparativos de un despegue más firme para los próximos meses.

No fue fortuita cierta frase con formas de confesión de un ex legislador provincial de la ortodoxia kirchnerista, quien señaló ante una concentración de militantes que "lo del despegue puede aparecer como una sorpresiva avivada que va a durar muy poco tiempo".

En buen romance, esto significa que al kirchnerismo le duele este renovado despegue con ciertos aires de grandeza del sciolismo del que, en algún momento, se observará si hay o no consecuencias.

Por lo pronto, las condiciones para un apriete desde Nación están intactas. Desde lo económico, más allá de prorrateos de deudas, emisión de letras y aumento de recaudación, el Estado provincial sólo tiene tranquilidad por un trimestre o dos a lo sumo.

A esto hay que agregarle que el conflicto social, con demandas salariales de distintos sectores, pide mayor visibilidad. Ante esto, Scioli esperara ver el recorrido de la mecha que se ha encendido para tomar una determinación antes de que todo estalle.

Respecto del nuevo Scioli, habrá también que observar si no estamos asistiendo a los efectos de ese pacto de no agresión al que se aludió con la reunión privada del ex presidente y el actual gobernador. Si éste último se comprometió a seguir en el proyecto, ¿tendría validez que Néstor, como lo hizo con tantos otros, proceda a pulverizar la imagen del único que puede mantener al matrimonio en el poder o cerca del mismo? Esto es en el caso de que las encuestas sentencien que Scioli puede volver a soñar con la Rosada.

Parece que los sondeos y otros estudios del humor social serían el escenario de disputa acordado.

Tal vez con menor efecto de mordaza sobre sus palabras, Scioli se animó a afirmar en público que no descartaría una candidatura presidencial porque "todo llega". En otro contexto, eso hubiera significado su destierro del oficialismo.

Scioli ya diluye parcialmente su imagen de candidato químicamente puro a gobernador y especula con su protagonismo nacional. Al parecer tiene con qué hacerlo.

A la supuesta intención de voto en ascenso, hay que sumarle cierta simpatía desde cuadros intermedios del Peronismo Federal que no dudarían en acercarse si se los convocara.

Pero un aviso de alerta podría incomodarlo, y tiene que ver con la incertidumbre acerca de una apetencia exclusiva sobre su futuro. A partir de declaraciones que dejan muchas dudas, ¿finalmente Scioli será candidato a gobernador o a presidente?

Si se instala esta duda, los riesgos pueden ser serios con respecto a los bonaerenses. Estos ya le dieron una lección a Francisco De Narváez y su arriesgada exposición cuando pedía certezas a la Justicia respecto de su habilitación para la carrera presidencial. Lo pagó y caro con alguna pendiente en las preferencias del electorado.

Scioli conoce también de esas experiencias cuando, en procura de demostrar lealtad, asumió su condición de candidato testimonial en el 2009. Si bien aparentemente se recuperó, el pasado no está tan enterrado como para no temer de sus fantasmas.

No obstante esta duda, que puede ser hasta una cuestión secundaria, da la impresión de conocerse públicamente a un nuevo Scioli. Alguien que juega con el misterio, que permanentemente especula con el contenido de sus pensamientos políticos, pero al que algunos silencios en actos kirchneristas lo convierten en cómplice por omisión.

Recién en los últimos días se atrevió con algunas definiciones. Pero nunca se podrá conocer a Scioli a través de otro abordaje que no sea su imagen y algunos discursos reiterativos. Con excesivo apuntalamiento de algunos funcionarios que desdibujan su imagen de gestión. Pero pese a todo, las encuestas le sonríen.

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