Debe operarse de vejiga para poder recibir un riñón y no tiene dinero

Debe operarse de vejiga para poder recibir un riñón y no tiene dinero
Por problemas renales, Cristian Leguizamón se dializa tres veces por semana. Necesita una ampliación vesical para entrar a la lista de Incucai. Pidió ayuda en la Nación y la Provincia pero no tuvo respuestas

Cristian Ramón Leguizamón tiene 32 años y desde hace unos 13 viene peregrinando por una ampliación vesical que le permita ingresar a la lista del Incucai (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) para que en el futuro pueda recibir un trasplante de riñón.

El joven, oriundo de la ciudad de Berrotarán, padece una insuficiencia renal que lo obliga a dializarse 3 veces por semana, 4 horas cada día. Por sufrir una discapacidad, está incluido en el Programa Federal de Salud (Profe) pero el sistema no le cubre los $80 mil que demanda la operación que necesita realizarse. Asimismo, dice sentirse discriminado y asegura que, pese a haber insistido con el reclamo, no recibió respuestas favorables de la Nación ni de la Provincia.

-¿Cuándo empezó tu problema?

-Mi insuficiencia renal es de nacimiento. Pero empecé con la diálisis en el año 2000, por eso me vine a vivir a Río Cuarto. Allí los médicos me dijeron que tenía que recurrir a una ampliación vesical para después poder recibir un riñón. Sin dicha intervención no puedo entrar en la lista de receptores que confecciona de manera permanente el Incucai. Yo tengo una microvejiga y necesito corregirla. Muchos especialistas me tuvieron a las vueltas, no supieron darme el diagnóstico adecuado. Por eso recurrí a otros doctores, me hice todos los estudios necesarios y no hay dudas de que debo apelar a la ampliación. Ocurre que cuesta unos $80 mil, no tengo obra social y yo puedo reunir ese dinero.

-¿Es una intervención riesgosa?

-Sí, es una cirugía complicada, pero la situación no da para más. Yo vengo acarreando esta enfermedad desde mi nacimiento. Es una vergüenza que las obras sociales no acepten a los pacientes con discapacidades por el solo hecho de que les generamos muchos costos. Con el correr del tiempo la diálisis te va consumiendo poco a poco, es algo provisorio, no es de por vida. Es todo un tema, ya en el año 2006 me hicieron un presupuesto. En aquel entonces la intervención costaba unos $5 mil, pero tampoco me la quisieron cubrir. Intenté afiliarme al Pami, pero no me lo permitieron. Estuve también en Buenos Aires, pero no hubo caso. Los médicos fueron muy claros: sin la ampliación vesical se corre el riesgo de perder el riñón y el paciente.

-¿Cómo venís con la diálisis?

-Generalmente me las hago tres veces a la semana, cuatro horas cada día. A veces falto porque estoy cansado o porque no tengo dinero. De todas maneras, el tratamiento me lo cubre el Ministerio de Salud. Es mucha la impotencia que se siente por lo que ocurre con las obras sociales. Todo se ha trasformado en una cuestión económica, donde vale más el dinero que la salud de los pacientes.

-¿De niño cómo te tratabas?

-En la obra social de mi padre nunca me quisieron afiliar. Mi papá tampoco hizo nada para que me tomaran, pese a que es una obligación hacerlo. Llegué a permanecer en un estado deplorable, no podía caminar por mí mismo. Luego me hicieron varias operaciones que salvaron mi vida. Después de eso la vejiga se fue contrayendo cada vez más, hasta lo que me pasa en la actualidad.

Sin respuestas

Cristian Leguizamón recurrió a varios organismos de la Nación y de la Provincia pero no obtuvo respuestas satisfactorias. Por eso, ante el inevitable paso del tiempo, pide la colaboración de aquellas personas que puedan hacer algo para recaudar el dinero que la operación requiere.

“Estuve en la Defensoría del Pueblo, en el Juzgado Federal. En el último tiempo pedí una audiencia con el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y me dijeron que tenía que enviar una nota al ministro de Salud. En ese mismo momento escribí la carta dirigida al doctor Carlos Simon pero no he recibido contestación alguna”, indicó Leguizamón.

-¿Qué te pasa por la cabeza cuando ves la falta de interés de las distintas autoridades?

-Creo que les importa muy poco la vida de una persona. La última novedad que tuve fue un pedido de estudios. Son los mismos que yo ya me hice, además no tengo recursos para practicármelos. Me parece que lo que buscan es hacerme perder el tiempo. Así va a llegar un momento en el que no voy a estar en condiciones de trasplantarme por mi edad.

-¿Cómo te mantenés económicamente?

-Tengo una pensión por discapacidad y además trabajo en la parte administrativa de la “Ciudad de los Niños” del padre Eusebio Barbero, por medio del Programa Primer Paso (PPP).

-¿Sentís que te discriminan?

-Muchas personas como yo nos sentimos discriminadas por la sociedad. Desde el área de Desarrollo Social de la Universidad Nacional de Río Cuarto estamos luchando para que se respete la ley de personas con discapacidad. Pero la verdad es que somos varios los que estamos estudiando y nos sentimos a la deriva.

-¿Creés que la gente que lea esta nota puede ayudarte?

-No lo sé. Yo no tengo inconvenientes para organizar un festival que permita reunir fondos, pero necesito contactos. Es complicado, es muy poca la gente que te extiende la mano para darte una ayuda. Muchas veces es la discriminación la que gana. Les pido a los que puedan que me acompañen, necesito esa operación para cambiar mi vida.

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